sábado, 25 de diciembre de 2010

Agurra auzoa egin dituen auzokide eredugarri horiei

Bai, 2010 badoa, eta honekin batera Arrotxapean oso lagun bereziak ere joan egin zaizkigu: Justo Argandoña, Enar Urdirotz, Txus Pérez... Horiei guztiei esker dugu oraindik auzoa bizirik, eta horiek bezalako lagun askok ereindakoaren fruitua ari gara etengabe biltzen. Baratza mendekaitzak, Patxi Larraintzar ikastetxea, LAB sindikatua, Mendialdea Auzo Elkartea... izan dira haientzat topagune eta borrokagune.
Hona hemen Ezkaba aldizkariko 178. zenbakian, 2010eko urrian, nik idatzitako artikulua:

La última Crispilla:
Justo Argandoña Ziordia.

El 20 de septiembre el barrio se quedó un poco más huérfano, como tantas y tantas otras veces, y como volverá a suceder cuando alguien que nos deja, más allá de la pena que pueda dejarnos a quienes lo conocíamos y queríamos, es el propio barrio quien se entristece.
Esta vez hemos tenido que despedir, además, al aitatxo de Gorka, dibujante irreverente, amigo y compañero de la Ezkaba. El propio Justo ha sido protagonista de estas páginas en defensa de nuestras huertas y, con ellas, de la crispilla, la lechuga de la Rotxa. En defensa de una Rotxapea verde y alegre, demasiadas veces sepultada bajo el cemento gris y oscuro de “la de Burgos”, como Justo llamaba a la actual alcaldesa.
De la mano de Justo podemos hacer un buen recorrido por la historia de la Rotxa. De ese barrio orgulloso de su condición obrera, como lo estuvo aquél joven de 22 años que dejó Lizarra, tierra Estella, para acudir al reclamo de aquella Iruñea que empezaba a conocer un proceso urbanizador e industrializador que acabaría por transformarla profundamente. Justo invirtió el sudor de su trabajo en Torfinasa en unos años donde una nueva clase trabajadora navarra, independientemente de su lugar de origen, empezó a tomar conciencia de sí misma y terminó por lanzar orgullosa el grito rebelde de la dignidad. Las motivaciones puramente económicas, por la mejora de sus condiciones de vida y trabajo, pasaron, en los años setenta, a creer que el sueño de una sociedad libre de toda opresión nacional y social podía hacerse realidad. La Rotxapea, al igual que el resto de Euskal Herria, era un hervidero de proyectos, ideas y luchas muy diversas. Es cierto que no todas/os participaron en las mismas. Pero Justo ahí estaba, y sus setenta y tres años no han llegado a conocer transición alguna, convencido de que todo aquello que fue hermoso y tenía sentido, seguía siéndolo ya en los albores del siglo XXI.
Justo ha sido uno de esos ladrillos sin los cuales el barrio no sería lo que es. Justo, currela y hortelano, defensor hasta el final de nuestra huertas, del pulmón de la Rotxapea. Pero Justo sabía que la única lucha que se pierde es la que se abandona. Y vivió esa máxima hasta el último momento, junto a la juventud del barrio, y al pie de todas esas peleas protagonizadas por jóvenes y no tan jóvenes.
Con Justo se va una parte de esa generación del sacrificio, esa generación que desde lo más oscuro de la dictadura franquista creyó que otro mundo era posible, partiendo siempre de construir un barrio mejor, más justo y solidario. Y así nos ha dicho agur. Arropado con la ikurriña, con la pegatina roja de su sindicato de siempre y aquella otra azul por la que ya nadie podrá condenar por lucirla. Así lo despedimos, abrazado a la foto en blanco y negro de su Ana Galiano. Así dijimos adiós a Justo Argandoña, como la crispilla, de la Rotxa cien por cien. Musuak eta besarkada bana Gorkari, Patxiri eta Aingeruri.

No hay comentarios: