lunes, 27 de diciembre de 2010

Fuentes y abrevaderos de la Rotxa

El derribo de las murallas a principios del siglo XX extenderá lenta pero inexorablemente el paisaje urbano a través de los campos, transformando el paisaje rural de La Rochapea. La introducción del agua corriente y la reducción de las explotaciones ganaderas hicieron prescindibles las fuentes y abrevaderos, hasta entonces fundamentales para la vida en el barrio.

Hemos de esperar a los años 50 y 60 del siglo pasado para poder hablar de una verdadera transformación de nuestra ciudad y, con ella, de nuestros barrios, años en que la ciudad daría pasos, ya sin retorno, en su intenso proceso industrializador. Mientras tanto, nuestro barrio, su ciudad, y toda la provincia seguirán siendo una sociedad básicamente rural, muy alejada de aquel incipiente y doble proceso urbano e industrial que conoció la margen izquierda del Nervión vizcaíno durante el último tercio del siglo XIX.
Su condición de plaza fuerte ahogaba a Iruñea-Pamplona y a sus habitantes en el reducido espacio urbano cercado por las murallas levantadas por el emperador germano-español Carlos V tras la conquista del viejo reino vascón en el primer tercio del siglo XVI. Al anochecer todo se hacía más oscuro aún si cabe cuando los puentes levadizos eran alzados para dejar a la ciudad y sus habitantes aislados del exterior. Los soldados vigilaban las seis puertas, única forma de acceder a la ciudad.
Tras largas negociaciones, el Ayuntamiento consiguió aprobar la ley de 7 de enero de 1915, y con ella la autorización para el derribo de las murallas desde la calle Yanguas y Miranda hasta la Ripa de Beloso. La alegría con que pamplonesas y pamploneses salieron a la calle aquel 25 de julio para celebrar el derribo simbólico de las murallas mediante la voladura de una garita del baluarte de la Reina, es buena prueba de las duras condiciones de vida que tuvieron que sufrir durante siglos en un espacio oscuro, húmedo y sin las mínimas condiciones de higiene, elementos todos ellos que hacían de la ciudad un foco de plagas que periódicamente asolaban a sus habitantes.
El derribo de las murallas extenderá lenta pero inexorablemente el paisaje urbano a través de los campos, transformando el paisaje rural de los barrios extramuros. En esta ocasión vamos a recuperar las fuentes y abrevaderos que aún en 1900 se encontraban en pleno uso en La Rochapea, la mayoría de las cuáles no sobrevivirán a los años 50 con que hemos empezado el relato de este artículo. La introducción del agua corriente y la reducción de las explotaciones ganaderas harían prescindibles las que hasta entonces habían sido fundamentales para la vida en el barrio.

Fuente de Santa Engracia.

S. Engracia: Situado en la confluencia de J. Beunza y Pº Ena-
morados. Año 1895-98.
Estaba situada frente al puente de Santa Engracia, en la calle de Joaquín Beunza. Disponía de tres caños, de los cuales brotaba abundante agua en todas las épocas del año. Constaba también de un abrevadero, al que acudían a beber las incontables caballerías y vacas que entonces existían en la Rochapea. La calidad de sus aguas gozaba de tal fama, que las personas adineradas de Iruñea se hacían traer éstas por medio de aguadores.

La fuente de Santa Engracia
alivia a los labradores
en el tiempo de la siega
sus fatigas y sudores.*

Fuente de San Pedro.

S. Pedro: Al fondo el viejo convento. Hoy se encuentran las
casas municipales de S. Pedro. Año 1934-37.
Sobrevivió hasta la construcción de las actuales casas rojas por parte del Ayuntamiento. Su caudal era tan abundante que con él se surtía de agua el viejo lavadero que desapareció al mismo tiempo.

Cerca San Pedro de Ribas
encontrarás una fuente;
surte de agua a un lavadero
y no la niega a la gente.*

Fuente de la Rochapea.

Estaba situada en la antiguamente llamada plazuela del Arrasco, junto al puente de la Rochapea, y constaba de un caño y un abrevadero.

Fuente de los capuchinos.

Situada en la huerta del convento. Perico Alejandría dijo de ella:

También en los Capuchinos
hay una agua bendecida;
como te den un traguito,
no te mueres en tu vida.*

Un día desaparecieron las fuentes. Luego les tocaría su turno a las tierras de cultivo. Pero la ciudad y sus gobernantes no verán saciada su obsesión por esconder todo aquello que brote al margen del sacrosanto criterio del beneficio y la rentabilidad (para unas pocas personas, por supuesto). Ya en 1982, en su Diario suburbano de Pamplona, Patxi Larrainzar definió la Rotxa como “un barrio sin rostro propio ni personalidad urbanística. Cayó en manos de los piratas de la especulación, y convirtieron el antiguo vergel (huertas, labrantíos y viñedos, manadas de ovejas, gallineros y vaquerías, fuentes y abrevaderos, olores de establo aldeano, paseo de la ciudad que baja a ver las chicas guapas, beber las aguas terapéuticas de sus manantiales y cenar en la tabernita…) en un incómodo barriodormitorio industrial; y han machihembrado viviendas en serie, con talleres y fábricas que vomitan ruidos y sulfuros con allanamiento alevoso de moradas y ecosistema”.[1]
Y así ha seguido sucediendo durante todas las décadas siguiente. Como consecuencia de todo ese proceso, la rivera del Arga no podrá seguir el curso de las estaciones naturales. De nuevo máquinas gigantes contra arbustos y árboles que han dado cobijo a generaciones de rochapeanas y rochapeanos,  pero también a su flora y a su fauna. Más tarde sufrieron la misma suerte las últimas huertas, perdiendo los pulmones del barrio cada vez más su capacidad de regeneración inundados de cemento y alquitrán. Toda una tragedia para quienes piensan que el barrio es mucho más que un techo donde dormir. El barrio son sus gentes, sus árboles, su río…, también sus abrevaderos y sus fuentes.

* ARAZURI, José Joaquín, Pamplona Antaño: Curiosidades e historia de la ciudad, Iruñea, 1979, 23-46.

Testua: Patxi Abasolo Lopez
Argazkiak: A. Goñi, J. Cía (AMP)


[Ezkaba aldizkaria, 179. zka., 2010eko azaroa]


[1] Larraintzar, Patxi, Diario Suburbano de Pamplona, Tafalla, Txalaparta,1998, 82-83 orr.

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