martes, 8 de marzo de 2011

Historia de la Insumisión desde Arrotxapea (2ª parte)

Otsailaren 15ean argitaratu genuen blog honetan Intsumisioaren inguruko lehenengo artikulua, "La insumisión en Navarra, una constante histórica". Bigarren emanaldi honetan,  Arrotxapeako hiru intsumituen bizipenak bildu ditugu. Hurrengo batean, Bruselaserako bidaia kontatuko dugu, non auzoko bi intsumitu polizia-etxera atxilo eraman eta asilo politikoa eskatuko duten. Artikulu hauek guztiak auzoko Ezkaba aldizkarian argitaratu/ko dira.


La INSUMISIÓN en LA ROTXA:
“No al Servicio Militar Español”


Intsumituen argitalpenak

  He aquí la experiencia de tres vecinos del barrio, representativas de otras tantas situaciones por las que los jóvenes vascos insumisos tuvieron que pasar tras aquel rotundo “¡NO a la Mili!” en los años 80 y 90.

Patxi Villares Loigorri, “joven” de 40 años y de la Rotxa de toda la vida, es actualmente repartidor. En un principio se hizo objetor de conciencia y, posteriormente, insumiso a la Prestación Social Sustitutoria. “Cuando yo cumplí los 18 años no había insumisos y la única opción era ser objetor de conciencia”. Lo tenía claro: “no quería colaborar con el ejército español”. Cuando fue llamado a realizar la PSS, 18 meses en la Cruz Roja, “tampoco quería cumplir con la obligatoriedad” que ello implicaba, sin olvidar que, además, “fue una apuesta colectiva, un paso más de la lucha en contra de la mili”.
Xanti Kiroga Astiz, de 41 años, se crió en la Rotxa, donde vivió hasta los 25 años, barrio en el que sigue habitando su familia. Hoy vive en Uharte, tiene dos hijos y es concejal de la Izquierda Abertzale.
“Por aquel entonces yo era militante de Jarrai y como tal, participé en aquellos intensos debates que se daban en el barrio. Me tocó ser de los últimos militantes que fuera a la mili y al mismo tiempo, de los primeros que se sumase a la estrategia de la insumisión aunque en mi caso, fuera una deserción. La cuestión es que yo fui a Melilla en mayo del 90 como consecuencia de una mezcla de presión familiar, curiosidad y rebeldía política”.
Tras unos meses codeándose “con regulares y cabras de la Legión”, Xanti dejó Melilla y junto con varios compañeros catalanes, respondió activamente a la llamada de la Comisión contra la Guerra del Golfo. En una carta manifestó su negativa a colaborar con un ejército “que tenía por misión impedir la independencia de mi país y al mismo tiempo mantener un orden mundial que expoliaba las riquezas de otros muchos pueblos del planeta”.
Yo, Patxi Abasolo Lopez, tengo 43 años, y vine a la Rotxa en 1999. Navarro de Lumo, estos últimos años tengo como profesión contador de historias, tanto en las aulas como fuera de ellas. Y dos hijas que no se cansan de repetir: “Aita, ipuin bat!”. Los primeros años como insumiso los pasé fuera de Euskal Herria y, si me he animado a incluirme en estas páginas, es porque opté por lo que entonces llamábamos insumisión total, es decir, vivir bajo esa situación de “búsqueda y captura”. No tenía ninguna intención de acudir tan siquiera al juicio. Entonces me movía con el movimiento okupa madrileño, ciudad en la que viví durante siete años. Buenos recuerdos del Centro Autogestionado de Minuesa, al pie del rastro, muy buenos recuerdos. Envié una carta al responsable de mi destino, en el Ferrol gallego: no a ese ejército extraño para mi Pueblo y que se ha destacado siempre por valores como el autoritarismo, el machismo o la opresión a otras culturas.

Patxi Villares epaiketatik ateratzen.
 En todos estos casos, la opción tomada tuvo un gran coste para los jóvenes insumisos, a todos los niveles: personal, familiar, laboral… y represivo, ¡cómo no!.
Patxi Villares trabajaba en Mercairuña. “Optar por la insumisión supuso perder el trabajo, pasar a estar en búsqueda y captura, y por lo tanto tener que abandonar la casa de mis padres durante meses para poder llevar a cabo las dinámicas y acciones a favor de la insumisión y en contra de la mili”. Finalmente fue detenido junto con 3 compañeros en el plante que realizaron en el ayuntamiento de Lizarra.
Xanti Kiroga, más allá de ese coste personal, entiende que “supuso adquirir un compromiso social y político que perdura hasta hoy”. La “sensación positiva” que le dejó, es una sensación muy distinta a cuando se montaba en el tren camino de Almería junto a cientos de jóvenes a quienes llamaban reclutas. “Desde la insignificancia de una persona, cuando hubo oportunidad de hacerlo, haber colaborado en hacer frente al ejército, la OTAN, el imperialismo, a mí al menos, me hace sentirme bien”. Xanti se ratificó en el juzgado militar de Iruñea, tras lo cuál, aunque escondido, siguió haciendo campaña contra la guerra. Cuando se cumplía el 5º aniversario del referéndum de la OTAN, se presentó con otros jóvenes al registro del Gobierno de Navarra para exigir el respeto a la voluntad de vascos, catalanes y canarios. En ese momento fue detenido por la Policía Foral y llevado a la Comisaría de la Policía Nacional. “Hasta allí, horas más tarde, vino a buscarme la Policía Militar que a su vez, me llevó al cuartel de Aizoain, en cuyo calabozo estuve varios días. Desde allí fui trasladado por la Guardia Civil hasta la cárcel militar de Alcalá, donde estuve 2 meses en prisión preventiva”
Para Patxi Abasolo tampoco fue fácil aquella nueva situación. La policía se presentó en casa de la familia, encontrar algún curro normal era casi imposible, más de una vez tocó echar a correr para evitar la detención… y había que asumir que, tarde o temprano, ese momento acabaría llegando. Eso no le impidió implicarse en esa y otras muchas peleas. Por suerte, unos años más tarde, fue el propio Gobierno español el que decidió que no le convenía más insumisos en las cárceles, gracias a lo cual le tocó vivir la surrealista situación de llegar a ser liberado de la propia comisaría a la que le llevaron detenido por cuestiones bien diferentes.
Amatxo bat seme intsumituarekin hitz egiten saiatzen.
Pese a las lógicas reticencias que las familias plantearon en los primeros momentos, familias y amigas/os fueron fundamentales a la hora de hacer frente a todas aquellas dificultades.
Xanti recuerda esas presiones para que fuera y así evitar líos, pese a que también detestaban la mili.  “No vas a ser tú distinto, ¿no?, solían decir”. En la cuadrilla la nueva situación tuvo consecuencias directas pues, pese a que dos ya habían ido a la mili, después del caso de Xanti nadie más acudió a filas.
Villares tampoco olvida cuando comentó el tema en casa: “a mi madre casi le da un mal!”. Pero, “al final, mi familia fue uno de mis mayores apoyos…, haciendo nuestra lucha la suya”. ¿Cómo olvidar a Manoli y sus gritos de ánimo? No había encapuchado con porra en mano capaz de hacerla callar.
En el caso de Abasolo, se le quedaría para siempre aquel continuo reproche de su ama: “Tú sigue así, me vas a matar a disgustos”. Ciertamente, nunca llegaron a entender ni compartir todo aquello. Pero el apoyo incondicional de amigas y amigos lo compensaba con creces. Siempre estuvieron ahí para lo que fuese necesario. “Biba zuek!”.
De nuestros tres entrevistados, dos de ellos tuvieron que pasar por la dura experiencia de la cárcel.

Iruñeko espetxeko ziega batean.

Villares cumplió la condena íntegra: 2 años, 4 meses y 1 día, todos ellos en la cárcel de Iruñea. “Como colectivo que éramos estábamos divididos en dos módulos: mayores y jóvenes, pero nos la ingeniábamos para que la información llegara de uno a otro. La relación entre nosotros fue buena, incluso haciendo amigos para toda la vida. Además de nosotros estaban los presos políticos y los presos sociales. Con los primeros, la relación desde un primer momento fue inmejorable. Respecto a los presos sociales, con el transcurso del tiempo se dieron cuenta que la lucha que llevábamos dentro de la cárcel también repercutía de forma positiva en sus condiciones. Llegamos ha realizar un importante plante cuando un preso social recibió una paliza. Sin embargo, con los carceleros las discusiones eran constantes, no estaban acostumbrados a tener presos que defendieran sus derechos y que pusieran de forma constante y sistemática en cuestión sus órdenes”. Sin duda, “la noticia más dura” para Patxi fue la noticia de la muerte en 1997 de Unai Salanueva, joven de 22 años que se suicidó poco antes de incorporarse como cada día a esa prisión. Como respuesta, decidieron realizar una huelga de hambre indefinida.
“Deporte, lectura, radio y una korrika con petos artesanales que celebramos en el pasillo de nuestra galería, son los principales recuerdos” que tiene Xanti Kiroga “de una estancia cuyos días comenzaban a toque de corneta y solían terminar con los gritos de algún legionario preso mal llevando el mono en prisión”. La actitud rebelde de los insumisos presos se solventó aislándolos del resto, “no fuera que cundiera el ejemplo y la prisión se hiciera ingobernable”. Un año más tarde, en abril de 1992 le juzgó un Tribunal militar en Sevilla, donde fue condenado a 5 meses de prisión que no tuvo que cumplir por carecer de antecedentes penales.
Si algo ha quedado en el recuerdo de todo aquello, además del importante nivel de implicación del barrio y, en general, de gran parte de la sociedad de entonces, son todas aquellas acciones y movilizaciones que marcaron una constante de lucha y compromiso.
Villares recuerda “de forma muy especial aquellas manifestaciones masivas que acababan en la cárcel. Los gritos de las manifestaciones de los jueves que organizaban los familiares tampoco los olvidaré fácil, así como los agurrak de las noches de la Eguzki Irratia. Respecto a las acciones en las que participé, recuerdo de forma muy especial la marcha nacional que hicimos a Bruselas pidiendo asilo político”.
Kiroga recuerda muy bien “cuando se colgaron en la plaza de los Txistus, del Puente Nuevo en la Avenida Gipuzkoa, o cuando metimos un rebaño de ovejas en el portal del Gobierno Militar. Hay otras como las vueltas alrededor de la cárcel de Iruñea con las madres de AFOINA, los conciertos de Nafarroako intsumituak y un par de acciones en el polígono de las Bardenas”.
Lo cierto es que, finalmente, se logró que ningún joven vasco tuviese que alistarse forzosamente, sí, a ambos lados de los Pirineos (2001 al norte y 2002 al sur). Las razones fueron muchas, y muchos fueron los elementos que lo hicieron posible. Si estaba claro que esos ejércitos no cumplían el nivel de profesionalización exigible para hacer la guerra, “dentro” y “fuera”, quedó también bien claro que los jóvenes de esta tierra no quieren tomar parte de esos trágicos proyectos. Esa respuesta masiva supuso un auténtico problema para los gobiernos españoles. Sin olvidar, por supuesto, esa cuestión pendiente que plantea Villares: “la abolición del ejército español”.
En lo fundamental, estos tres "jóvenes" están de acuerdo. Xanti afirma que “digan lo que digan los gurús mediáticos del individualismo, pelear codo a codo con otras personas por transformar la sociedad siempre merece la pena”. De la misma opinión son los Patxis. Si Villares quiere dejar claro que “la lucha da sus frutos”, Abasolo afirma convencido: “al fin y al cabo, se lo debemos a nuestros antepasados irredentos, nos lo debemos a nosotras mismas, y se lo debemos a quienes vienen detrás. ¿A caso podríamos haberles hecho mejor regalo?”.
Con la próxima Ezkaba nos iremos a Bruselas, donde los dos Patxis terminaron en comisaria solicitando asilo político. ¡No te lo pierdas!

Testua: Patxi Abasolo Lopez
Irudiak: Patxi Villares.

[Ezkaba aldizkaria, 183.zka., 2011ko martxoa] 


* Nota: En los próximos días tendrás oportunidad de leer en este Rincón de Historia del barrio las entrevistas realizadas a otros dos insumisos del barrio.


Historia de la Insumisión desde Arrotxapea (1ª parte): "La insumisión en Navarra".

Eco mediático de ese primer artículo:


Prentsarako moldatutako artikulua, Nafarroa Bizirik-en izenean:


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Oso gustura irakurri dut gure historia hurbileko kapitulu hori. Ezin dugu ahazten utzi eta horretarako zure lana oso garrantzitsua da.
B.

Anónimo dijo...

Salud. Qué bien que se siga hablando y escribiendo de insumisión.