jueves, 7 de abril de 2011

Historia de la Insumisión desde Arrotxapea (y 3)

Ezkaba aldizkariaren eskutik argitaratu genuen Intsumisioaren inguruko lehenengo artikulua, "La insumisión en Navarra, una constante histórica". Bigarren zatian,  "La Insumisión en la Rotxa: No al Servicio Mitilar Español", Arrotxapeako hiru intsumituen bizipenak bildu genituen. Honetan, Bruselaserako bidaia kontatzen dugu, non auzoko bi intsumitu polizia-etxera atxilo eraman eta asilo politikoa eskatuko zuten.

ARROTXAPEA INTSUMITUA:
Solicitud de Asilo Político en Bruselas. 

Ezkaba, 184. zka., 2011ko apirila.
  En esta ocasión vamos a relatar el viaje que dos insumisos rotxapeanos realizaron desde el viejo corazón de Iruñea y desde tierras vizcaínas al corazón político europeo. Ambos en búsqueda y captura por la legalidad española, atravesaron los Pirineos a pie para burlar a la policía española. El objetivo, solicitar asilo político en Bruselas.

 “Que la mili no me gusta
y que a mí nadie me asusta
lo que yo quiero es vivir.
Insumisión, insumisión”

Kojon Prieto-Huajolotes

Como recordaban los dos Patxis y Xanti en el número anterior de la Ezkaba, muchas fueron las iniciativas y movilizaciones que protagonizó el movimiento de insumisión desde aquellos primeros plantes hasta que en el año 2001 y 2002 el servicio militar francés y español dejó de ser obligatorio para los jóvenes que vivían bajo esas administraciones. Manifestaciones masivas ante la cárcel, distintos plantes y movilizaciones en el interior de las cárceles, introducción de un rebaño de ovejas en el portal del Gobierno Militar, fiestas y conciertos para recabar dinero con el fin de sufragar multas y procesos judiciales, escalada a los edificios y monumentos más insospechados, publicaciones realizadas por los propios insumisos presos, detención de la Vuelta Ciclista a su paso por Navarra y un largo etcétera.
En este número vamos a salir de la Rotxa y de Ondarru con destino a Donostia, donde 37 insumisos vascos a este lado de los Pirineos (y dos mozas más) se dieron cita para hacer frente a un largo viaje de 1.125 kilómetros y más de 11 horas de autobús, a parte de las 8 horas que los 17 desobedientes en búsqueda y captura tuvieron que invertir a pie atravesando el Pirineo por un paso alternativo para evitar su detención por la policía española. Con esta tercera entrega damos por finalizado este repaso sobre la aportación realizado por los jóvenes de nuestro barrio y todas aquellas personas que se implicaron en la reivindicación abanderada por aquéllos. A todas ellas están dedicadas estas páginas, diez años después de que todas aquellas experiencias escribieran otras tantas páginas en la historia de los movimientos sociales y populares de este Pueblo.
Atsedena hartzen, Pirineoak zeharkatu ondoren.
  Era verano, los días 5, 6 y 7 de junio de 1994. La iniciativa partió de los insumisos en búsqueda y captura por motivos bien diferentes: 11 por no haber acudido a juicio (entre ellos Patxi Abasolo), 6 por no haber respondido a la citación para ingresar en prisión, y uno por romper el tercer grado (caso de Patxi Villares). La organización se hizo de la forma más discreta para evitar que la policía española pudiera dar al traste con ella. Aunque fue una iniciativa exclusiva de rebeldes vascos, se invitó a determinados colectivos de fuera de Euskal Herria, aunque finalmente no se animó nadie. Abasolo recuerda la invitación a insumisos vinculados a la Okupa de la madrileña Minuesa, en cuyo proyecto participaron él mismo e Iparra, insumiso ondarrutarra que también acudió a Bruselas. Finalmente, 39 insumisos e insumisas salieron de sus respectivos barrios y pueblos para darse cita en la casa ocupada Zapatari, en Donostia. Entre ellos, Abasolo desde las costas vizcaínas, y Villares desde la vieja Arrotxapea (Errotxapea, Rotxapea, Rotxa…). El objetivo de todos ellos no era sino buscar un altavoz que ampliara el grito rebelde de las 180 personas que se encontraban por ese motivo en distintas prisiones del Estado español. La elección de Bruselas, sede del Parlamento Europeo, fue que ese mismo año los jóvenes de esas tierras ya no tenían la obligación de acudir al ejército. El momento de realizarlo se debió al proceso electoral que se estaba dando en el Estado español.
Todo hay que decirlo, la salida de Donostia se retrasó un poco debido a algunos que, además, eran insumisos a la puntualidad, ayudados por la gaupasa que arrastraban, ¡cómo no!. Para los insumisos en búsqueda y captura el viaje fue un poco más largo y con más emociones, pues cruzaron esa frontera impuesta a vascas y vascos de ambos lados de los Pirineos por un paso que sólo conocía un mugalari de la zona. Pese a ello, llegaron a perderse en un par de ocasiones, aunque el mugalari terminó por llevar a buen término su cometido. Abasolo aún recuerda la cara de sorpresa de aquella baserritarra al encontrarse con un grupo que para nada iba equipado para aquellos menesteres.
Las anécdotas fueron sucediéndose a lo largo de un viaje tan largo como ése. Todas sus provisiones eran enormes latas de alubias, albóndigas y café. Eso sí, sin abrelatas ni infiernillo para calentar la comida, todo un modelo organizativo. Lo cierto es que se comieron las albóndigas como si fueran el plato más exquisito del mundo. En otra ocasión, la expedición se paralizó porque faltaba uno de los insumisos, y después de dar mil vueltas por el monte, al autobusero se le ocurrió mirar en el txoko donde dormía, junto al maletero, y ahí estaba el joven rebelde vasco, durmiendo más feliz que una criatura recién nacida. O el bar donde entraron tras ser liberados de comisaría, un bar español con tortilla de patatas y todo.
Villares eta Abasolo elkarren ondoan enbaxada aurrean.
Al llegar a Bruselas se vistieron con trajes de presidiarios. Llevaban ya un rato largo practicando consignas en francés e inglés para que entendiesen la razón de la protesta. “Non au servise militaire”, “Freedom for consciente prisioners”, “No sumition to the army”… La verdad es que fue más bien un medio para mantenerse despiertos y echar unas risas, porque la pronunciación no mejoró en absoluto.
A las 11:00 de la mañana del lunes 6 de junio, se dirigieron rápidamente a la entrada de la embajada española en Bruselas, pero los vigilantes se dieron cuenta rápidamente y tuvieron tiempo de cerrar las verjas. Acto seguido colgaron una pancarta en las verjas (“NATO-UEO STOP”), hicieron unas pintadas en las columnas y en el suelo (“Mili KK”, “Insumisioa”), desplegaron una pancarta que pedía en inglés asilo político para los insumisos perseguidos por España, y se encadenaron todos para dificultar la detención. La llegada de la policía belga fue espectacular: más de diez furgonas celulares con las sirenas a todo trapo, dos tanquetas de agua y casi cien policías. Durante más de una hora estuvieron gritando. Aunque no fuese por la buena pronunciación, lo cierto es que la acción tuvo bastante repercusión en Bélgica.
Sin ofrecer resistencia, la policía fue cortando las cadenas y candados uno a uno introduciendo a todos los rebeldes vascos en un mismo furgón, como si fueran sardinas. Villares se encargó de soltar las bridas con que estaban esposados, salvo una, que se le resistió en todo momento. Con ellos entró la bota de vino y, de música ambiente, “en el auto de papa… ieup!” de Gabi, Fofo y Miliki. Y, ¡cómo no!, los frenazos del policía conductor para hacerles callar… sin conseguirlo.
La estancia en comisaría fue digna de contarla. Tras ser fichados, todos ellos solicitaron la concesión de asilo político, a lo que la policía belga no hizo caso alguno. Enseguida se acercó un policía que hablaba castellano perfectamente. Se nos presentó como andaluz, y con Abasolo llegó a perder los nervios ante su insistencia en contestar en euskera a las preguntas que le dirigían. Abasolo lo tenía claro: “Patxi Abasolo naiz, euskal herritarra”.
 Los 37 insumisos y las dos jóvenes fueron encerradas en una celda de 20 metros cuadrados dividida por barrotes. Todos los insumisos en una de esas mitades, mientras que en la otra mitad se encontraban la “alemana” e Idoia de Zapatari. No hacían más que “quejarse” de ese trato de favor hacia las compañeras insumisas. Según cerraba la puerta y antes de irse, el supuesto policía andaluz se despidió diciendo que estuviesen tranquilos, que allí no se torturaba como en España.
En la celda el ambiente parecía todo menos eso: canciones, juego a la pelota… y el cigarrillo que Abasolo consiguió ocultar bajo aquel pelo largo y barba que llevaba entonces. Seguramente el cigarrillo que más bocas habían chupado en esos pocos metros cuadrados. Los policías, que veían (y oían) todo a través de las cámaras, no podían dar crédito.
A lo largo de la tarde, tres horas después, los insumisos y las dos jóvenes fueron saliendo de comisaría en grupos de tres, cada diez minutos, dando fin así a un arresto administrativo “por perturbar el orden público”, una situación que como máximo implicaba una retención de 12 horas. Villares fue el último en salir. Antes de hacerlo rechazó amablemente la invitación de los policías belgas a barrer la celda. La verdad es que la “cosa” esa no quedó como la encontramos. Finalmente, varios coches policiales “acompañaron” al autobús para garantizar que los jóvenes vascos abandonaban suelo belga.

Abasoloren atxiloketa unea.

A la vuelta, los jóvenes insumisos hicieron un llamamiento a recibirlos el 7 de junio en el puente de Santiago de Irun ante la posibilidad de detenciones masivas. En Baiona se reunieron con el grupo Patxa, quienes les proporcionaron una pequeña cocina para calentar toda aquella comida enlatada que, según decían, les supo a gloria. Para evitar la detención de los insumisos en búsqueda y captura, éstos optaron por regresar en barca o a pie. Entre éstos últimos se encontraban nuestros dos Patxis, que consiguieron llegar sin mayor dificultad a Bera.
Las consecuencias de la acción de Bruselas no se hicieron esperar. Villares fue de nuevo condenado a dos meses de arresto mayor por quebrantar el tercer grado, con lo cuál tuvo que cumplir íntegra la condena de 2 años, 4 meses y 1 día. En cuanto a Abasolo, siguió dando guerra allá donde pudo sin miedo a la orden de búsqueda y captura que pesaba a sus espaldas. ¿Y el resto de rebeldes? Otras treinta y siete historias aún por escribir. Desde aquí un saludo a todas ellas: Iparra, Idoia, Mosca, Panadero… con muchos de los cuáles hemos seguido protagonizando otras muchas peleas, tan justas, duras y hermosas como la de la INSUMISIÓN. Porque todas ellas han merecido la pena.

Testua: Patxi Abasolo Lopez
Irudiak: Euskal Intsumituak.

[Ezkaba aldizkaria, 184. zka, 2011ko apirila]


Estos son los dos artículos anteriores publicados sobre la Insumisión:

1 comentario:

Anónimo dijo...

que grandes momentos de la lucha contra el servicio militar español....esta es solo una etapa del largo viaje x europa hay que recordar que eramos varios los rotxapeanos en ese autobus , entre elos el que suscribe ,gora errotxapea!! un saludo desde el suroeste mexicano!
nekea@hotmail.com