lunes, 16 de mayo de 2011

Carlos Giménez: "Todo Paracuellos"

 En esta ocasión, siguiendo con el tema abordado el pasado jueves [ver: 1200 vascos en el Valle de los Caídos], la dictadura franquista, quiero hablaros de “Todo Paracuellos”, edición realizada en el año 2007 y que recoge, en un solo volumen, la serie de historietas que Carlos Giménez realizó entre 1977 y 2003. Por estas páginas se pasean los huérfanos que dejó la guerra civil española, con sus chascarrillos, sus juegos y sus héroes de cómic; los falangistas que les inculcaban “el espíritu nacional”, las madres separadas de sus hijos, el hambre y la soledad. Una autobiografía en viñetas que habla sobre la represión que el franquismo ejerció en unas cuantas generaciones de mujeres y hombres gallegos, españoles, vascos… a través de los hogares de la Obra Nacional de Auxilio Social.

Como nos recuerda el autor en la Introducción, “todo lo que se cuenta […], todas las historias, todas las anécdotas, están extraídas, repito, de hechos reales. No he inventado nada. Todo lo que he contado sucedió en la realidad. […] No deben conceptuarse estos colegios como instituciones perversas, corrompidas o marginales dentro de un Estado racional, humanizado y democrático, sino como instituciones completamente integradas en la normalidad de una España que era así, la España franquista.
Fuera de las tapias de estos “hogares”, la España normal, la España de posguerra, era igual de fea. Más o menos igual de fea. En los recintos cerrados el aire suele estar más enrarecido y las costumbres más viciadas, pero son el mismo aire y las mismas costumbres de afuera. Preguntemos a quienes lo vivieron cómo eran en estos mismos años los cuarteles, las cárceles, los manicomios o cualquier colegio interno y escucharemos las mismas, o muy parecidas, sino peores, historias.
Sepamos que, en los años cuarenta y cincuenta, en España era completamente normal y cotidiano que en los cuarteles los sargentos pegaran a los reclutas, en los colegios los maestros maltratasen a los alumnos, en los talleres los oficiales y dueños abofeteasen a los aprendices y en las casas los maridos zurrasen a las mujeres y los padres apalizaran a los hijos. Los niños en la calle se zurraban unos a otros, y las dreas (guerras a pedradas) entre barrios eran completamente habituales. Los juegos infantiles eran con frecuencia juegos muy violentos –el zurriago, dola, rusia, luz, la zapatilla por detrás, pies quietos, etcétera-, pensados casi siempre para hacer sufrir al más débil.
Y no voy a citar por sabido el trato que se daba a los detenidos en las comisarías, a los presos en las cárceles, a los pobres loquitos en los manicomios o a los chicos rebeldes en los reformatorios.
La España de esos años como vemos y sabemos, era una sociedad muy dura y muy violenta. […] Y estos colegios, estos “hogares”, eran el monstruo lógico que engendraba una sociedad monstruosa. […]
   Yo conocí  bien aquellos “hogares” porque, a lo largo de ocho larguísimos años, viví en cinco de ellos. Así que puedo contarlo. Quería contarlo. Debía contarlo”.

   Quiero animaros a que leais las historietas gráficas de Carlos Giménez, ya veréis cómo vais a aprender más que leyendo mil libros. Eso sí, la biblioteca más próxima la teneis en Sanduzelai, pues en el barrio no tenemos ningún ejemplar. Aunque no estaría mal que os acercarais a pedirlo, igual se animan a comprarlo, y la biblioteca tendrá un pequeño tesoro más entre tantos otros. Bueno, o sino ya sabeis, no teneis más que pedírmelo, que para eso son los libros, para que rulen.







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