martes, 21 de junio de 2011

Esculturas de la Rotxa (3): Jose María de Vega

  De las cinco esculturas que se encuentran en Arrotxapea, tres de ellas están dedicadas a motivos religiosos y se encuentran instaladas en Capuchinos, en el número 42 de la calle Errotazar. En su día ya comentamos el Monumento Aita Esteban de Jose Ulibarrena, y el realizado en homenaje al Centenario de la Provincia Capuchina por Carlos Ciriza. En esta ocasión abordaremos la escultura dedicada al Padre Adoain realizada por el capuchino José María de Vera (Alfonso Ramón y Uribe), y que se encuentra en los jardines de la Curia Provincial de los Padres Capuchinos.
Aita Andoain eskultura, Kaputxinoen egoitzako lorategian
Argazkia: Patxi Abasolo
    José María de Vera nació en la localidad andaluza de Vera (Almería) en 1912. Perteneció a la Provincia Capuchina de Cataluña, y pasó la mayor parte de su vida en Barcelona, donde se formó artísticamente, dedicándose a la enseñanza, cultivando la pintura y, sobre todo, la escultura. La mayor parte de sus trabajos, siempre de un marcado carácter religioso, se encuentra en Cataluña y Anducía. Constituyen un total de ochenta esculturas en madera, piedra, alabastro y mármol. En Navarra disponemos, además, del busto del Padre Donostia en el Instituto de Lekarotz. La figura Aita Adoain mide 171 centímetros y está tallada en piedra. Fue instalada el 2 de octubre de 1947.
  Pedro Francisco Marcuello Zabalza, Padre Esteban Adoain, nació en la localidad navarra de Adoain (Urraul Alto) en 1808 y falleció en la localidad andaluza de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) en 1880. Teniendo el euskera por lengua materna, después de dedicarse a las tareas de labranza y pastoreo en su localidad natal, en 1828 ingresó en el convento de capuchinos extramuros de Pamplona. Cuando la legislación desamortizadora obligó a los capuchinos a abandonar el convento de Pamplona, el Padre Esteban se desplazó a Cintruénigo, Bera y Bertiz,  y atendió las parroquias de Irurozqui, Imirizaldu y Ziga.
  En 1839, junto al resto de capuchinos, tuvo que marchar a Italia, y desde allí, en 1842, a Venezuela, donde dictó diversas normas para proteger a la población indígena de los comerciantes blancos, quienes finalmente lograrían que el Gobierno instara a los capuchinos a abandonar las misiones.
  A su regreso a tierras vascas, la residencia de capuchinos de Uztaritze (Lapurdi) fue seguramente la que vio redactar la mayor parte de sus sermones en euskera. Años más tarde, volvió a Venezuela y recorrió Cuba, Guatemala y El Salvador, donde dio los primeros pasos para la reconstrucción de la orden, disuelta tras las leyes desamortizadoras españolas. En 1873 regresó a Baiona (Lapurdi), y en 1877 fue nombrado Vicecomisario General de los Capuchinos, coincidiendo con la reapertura del convento de Arrotxapea. Hoy tiene dedicada una calle en Alemanes, en el barrio vecino de la Txantrea.

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