jueves, 9 de junio de 2011

Movimiento obrero en 1976: una mirada desde la Rotxa.


Duela 35 urte, orain bezala, langileek haien burua antolatzeko beharra ikusi zuten, bizi eta lan baldintza duinak bermatu ahal izateko. Azkenean, esperientzia haiek guztiek Arrotxapeako milaka emakumezkoen zein gizonezkoen izaera moldatu zuten, auzoa bera ere bai. Ezkaba aldizkarian argitaratutako honetan, bidaia Pedro Orozen eskutik egingo dugu.


MOVIMIENTO OBRERO EN 1976:
Una mirada desde la Rotxa.


Arrotxapeako Batzarrarako Kartela.

7 de marzo de 2011. El Colectivo de Personas en Paro de Iruñea y la Comarca se da cita a las 18:00 horas junto al reloj de Matesa, aquí, en Arrotxapea. La octavilla que llama a la cita grita bien fuerte: “Estamos en paro, somos 45.150 en Navarra, ¡ya está bien!”. No ha sido fruto de una pataleta. Según otro panfleto repartido en nuestras calles, este colectivo tiene claro que no son “una estadística”, son “personas con nombres y apellidos”, y no están dispuestas a “quedarse de brazos cruzados mientras los empresarios se forran y los políticos se aferran a sus poltronas”. Más allá del lógico cabreo por una crisis que siguen pagando las mismas personas de siempre, el Colectivo de Personas en Paro de Iruñerria denuncia, reivindica y convoca. Con ese objetivo se juntaron, por primera vez, el 1 de marzo, en el Kiosco de la Plaza del Castillo.
3 de agosto de 1976. La primera Asamblea de Paradas/os tiene lugar en los locales del salón de actos del Seminario de Pamplona. Ese acto tampoco fue, hace ya 35 años, una mera pataleta o fruto del azar. Detrás se encontraba todo un incipiente movimiento obrero. Jóvenes como Pedro Oroz Villanueva, que para entonces llevaba ya dos años viviendo en la Rotxa, y trabajando desde los 19. Una vez terminado FP-2 en Salesianos, el jefe de Personal de la fábrica Matesa (hoy edificio IWER) se llevó a 35 jóvenes, entre ellos Pedro, donde se iniciarían en el mundo laboral.
El joven Oroz experimentó desde esos primeros momentos el sentimiento de pertenencia a una clase, la trabajadora, que tenía mucho que ganar y muchas cadenas que perder. Trabajador con conciencia. Militante. Una militancia que se caracterizaba por ser una opción de vida. Su recorrido en el sindicalismo, entonces de la mano de la ORT (Organización Revolucionaria de Trabajadores), se inició con aquella primera experiencia laboral en Matesa, donde se plantearon poner en marcha las primeras comisiones obreras, allá por 1969, aunque finalmente una traumática reducción de plantilla (más de 200 obreros fueros despedidos) lo hizo imposible.
De Matesa, a Eatón, fábrica que conocería toda su evolución militante posterior. Entonces tenía 21 años, y se encontraba “en la reserva”, esperando. Ese momento llegó en 1971, el “primer zarpazo” contra aquellos trabajadores organizados. Y con él, persecuciones a tiros, detenidos, torturados, huídos… Fueron los Jesús Ruiz, El Potxolo, José Arriaga, Jesús Mendibil, Javier Irigoien, Sánchez… Todos ellos experimentaron en propias carnes una dictadura que, tras cuatro décadas, seguía resistiéndose a poner fin a cuarenta largos años de sufrimiento y opresión.
Junto a Pedro, Lucio González, Ascen y otros militantes de la ORT levantaron las nuevas comisiones obreras de la fábrica. Aquellas vidas estaban marcadas por la actividad militante, día y noche, con reuniones, acciones de propaganda y agitación, más reuniones y más acciones. Y, con ellas, unas responsabilidades cada vez mayores: militante, responsable de la célula obrera y, en 1976, miembro del Comité Provincial de la ORT. Para entonces, Pedro Oroz y Esther se habían casado ya en la parroquia El Salvador de la Rotxa, barrio donde se instalarían definitivamente en enero de 1974. Un año después, en febrero de 1975, fueron despedido 35 trabajadores, dando inicio así a un recorrido de 5 años por distintos talleres, reincidiendo una vez y otra vez en la defensa de sus condiciones laborales, lo que le llevaría a ser, otra vez más, despedido, en esa ocasión por defender a los compañeros más jóvenes del taller, a quienes querían reducir los días de vacaciones.
Durante esos años la conflictividad obrera conoció un aumento sin precedentes no solamente en relación con reivindicaciones económicas-laborales, sino también con las políticas: amnistía, elecciones democráticas, disolución de Fuerzas de Orden Público… Las huelgas destacaron por su duración, radicalización y coordinación. En 1973 se publicó el primero de los 13 números de  Navarra Obrera, redactado conjuntamente por MCE y ORT, siendo esta última organización quien de facto manejaba el aparato clandestino. A diferencia de las CCOO de fuera de territorio vasco, la influencia del PCE era mínima. En Navarra, la margen derecha de la ría de Bilbo, Duranguesado, Basauri y parte de Gipuzkoa y Araba, la dirección de las comisiones obreras estaba en manos de ORT, MCE y ETA-VI, que se estructuraron en torno a las siglas CECO. Las otras comisiones, las del PCE, se agruparían en CONE.
No obstante, el 1 de julio de 1976 hicieron pública su unificación: Comisiones Obreras de Euskadi (COE), en la cuál prevaleció a nivel teórico la política del PCE, quedando fuera amplios aspectos de la política de la ORT y MCE.[1] Al margen de ello, nos encontramos con el resurgir de la UGT, la gran ausente durante todas las décadas anteriores, una ELA inmersa en un proceso de redefinición con su III Congreso, y con un nuevo sindicato abertzale, LAB, fundado en 1974, que en enero de 1976 celebró su primera reunión en Iruñea.
1976 fue un año de grandes acontecimientos, en un contexto de grandes esperanzas y no menos incertidumbres para la clase trabajadora vasca. Años de una transición que, finalmente, dejaría sin cerrar, una vez más, esta gran herida que aún sangra irremediablemente. La de todo un Pueblo y, dentro de éste, la de ese otro Pueblo, el de los de abajo, el Pueblo Trabajador. Ese año fue la huelga de la construcción, la reivindicación del Convenio General de Navarra, la Huelga General y jornada de luto contra la represión sufrida por el movimiento obrero de Gasteiz el 3 de marzo, el Primero de Mayo, el ataque fascista en Montejurra y los Sanfermines de la amnistía. Es cierto que el año no terminó allí, pero en esta ocasión vamos a quedarnos en aquella Iruñea sanferminera.
Langabetuen Txosna, 1976ko Sanferminak.
Aunque marcado por la reivindicación de la amnistía y las movilizaciones antirrepresivas, hoy vamos a recordar la “Barraca de los Parados”, auténtico centro de los Sanfermines “politizados”. Ya en octubre de 1975 se había creado la Comisión de Parados, que contaría meses después con 300 personas afiliadas. El Delegado de Sindicatos obstaculizaba su labor constantemente, negándoles en todo momento el derecho de asamblea.[2] En 1976, no obstante, consiguieron permiso para montar una barraca durante Sanfermines, junto a la Taconera, con la intención de recaudar fondos para las trabajadoras/es en paro.
La noche del día 9 llegaron noticias de los acontecimientos de Santurtzi, donde en el curso de una manifestación, una ama de casa, Normi Menchaca, murió por los disparos de la Guardia Civil. 2.000 personas se manifestaron en la Plaza del Castillo, se quemaron banderas españolas y se apedreó el Ayuntamiento. Por la mañana, desde la Barraca de los Parados, después de un “desayuno democrático”, se convocó a una manifestación al mediodía en la Plaza del Castillo.
La Barraca fue una manifestación continua, un escaparate de la oposición organizada y desorganizada que gritaba hasta perder la voz, mirando de vez en cuando a su alrededor para identificar a posibles policías y escuchando atenta posibles sirenas. Durante aquellos Sanfermines, unas de las letras más cantadas fue aquel “Nos ha gustao, nos ha gustao, nos ha gustao la barraca los paraos”. Entre ellas destacaron las coplas contra el Opus y contra los fascistas: “Somos de Euzkadi, de Euzkadi seremos y los del Opus por el culo daremos”. Unas veces eran “los del Opus”, otras “los fascistas”, pero siempre “dándoles” en el mismo sentido. Los gritos, cantos y consignas reivindicativas se centraban en Euzkadi (entonces mucho más que la Autonomía de las tres provincias vascas más occidentales) y el “Eusko Gudari” con el puño en alto, una imagen constantemente repetida durante todos los días sanfermineros. Además de consignas como “Coca-Cola asesina, carajillo al poder”, otras de índole más obrero fueron habituales en los alrededores de la barraca de las personas paradas: “Readmisión despedidos”, “Contra el paro, lucha obrera”… Durante las fiestas, los enfrentamientos van a ser también con quienes, autodenominándose “no políticos”, arrancaban pancartas y se oponían a las consignas reivindicativas al grito de “San Fermin, San Fermin”. [3]
La recaudación global de la barraca alcanzó la cifra de 2.293.618 pesetas, y las ganancias se elevaron a 1.221.300 pesetas, sin contar, por tanto, lo entregado a la familia de la santurtziarra Begoña Menchaca, y los impuestos al Ayuntamiento y Hacienda. Lo recaudado, por lo menos eso fue lo acordado, se canalizó a través de las Asociaciones de vecinas y vecinos de Arrotxapea, Txantrea, Donibane y Burlata.
Como recuerda Pedro Oroz, las fiestas, para los militantes, no suponían sino “trabajo, curro y más curro, era otra forma de entender la militancia. Además de las cuotas mensuales, todas las pagas extras eran para el Partido, los propios militantes avalábamos la estructura con nuestros bienes personales”. Han sido muchas experiencias, tan duras como enriquecedoras, llenas de anécdotas, como aquel viaje a Alemania invitado por el KPD acompañado de una “secreta” o todas las escapadas “milagrosas” de manos de la policía española. Sin duda, Pedro es uno de aquellos militantes orgullosos de haber hecho en cada momento lo que debía. Eso sí, en aquellas CCOO, “las gloriosas, que nada tienen que ver con las de hoy”.
Pero también están aquellos otros, aquellos que decidieron dejar de ser lo que eran: los Urralburu, los Iturbe… Este último fue uno de los máximos responsables de la ORT en la época que aquí hemos analizado. Como recuerda otro viejo militante, “Iturbe era un gran militante, un gran tío… se vendió miserablemente… no sé si le dio miedo ponerse de nuevo el buzo”.
Ese mismo verano, el 3 de agosto, tuvo lugar la primera Asamblea de Parados en los locales del salón de actos del Seminario de Pamplona, donde se dieron cita unas dos mil personas. Tomaron la palabra Javier Urroz, Marcos Nuin, Ibarrola y Jesús San Martin. Tras compartir diferentes experiencias de lucha y subrayar la necesidad de un centro para personas paradas en el que se pudiera asistir  tanto sanitaria como jurídicamente, en donde pudiesen realizarse charlas y, sobre todo, “estar juntos, ayudarnos, conseguir que nos empleen”, los gritos de “¡Viva la lucha obrera!, ¡Viva el Socialismo!” cerraron aquella primera Asamblea.[4] Sí…, hace ya 35 años… aunque no hace tanto tiempo.

Testua: Patxi Abasolo Lopez.
Argazkiak: Ana Oroz eta Punto y Hora.

[Ezkaba aldizkaria, 186. zka., 2011ko ekaina]



[1] José Vicente Iriarte Areso, Movimiento Obrero en Navarra (1967-1977), Iruñea, Gobierno de Navarra, 1995, p. 261.
[2] Ibídem., p. 287-288.
[3] Punto y Hora de Euskal Herria, 8. zka., 1976-julio-16/31, p. 4-5.
[4] Punto y Hora de Euskal Herria, nº. 10, p. 34.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Oso artikulu interesgarria