lunes, 25 de julio de 2011

Hausnartzen/Reflexionando/Réfléchissant

Endemoniados.


  Vendrán a enseñar el miedo.
  Vendrán a castrar el sol.
  Los profetas mayas habían anunciado, en Yucatán, este tiempo de la humillación.
  Y fue en Yucatán, en 1562, que fray Diego de Landa arrojó al fuego, en larga ceremonia, los libros de los indios.
  Y escribió el exorcista:
  Hallámosles gran número de libros de estas sus letras, y porque no tenían otra cosa en que no hubiese superstición y falsedades del Demonio, se los quemamos todos.
  El olor a azufre se sentía de lejos. Los mayas merecían el fuego por preguntones, por curiosos, por perseguir el paso de los días en el tiempo y el paso de los astros en los trece cielos.
  Entre muchas otras demonías, habían creado el calendario más preciso de cuantos existen o han existido, y habían sabido predecir mejor que nadie los eclipses del sol y de la luna, y habían descubierto la cifra cero antes de que los árabes tuvieran la gentileza de llevar esa novedad a Europa.


Eduardo Galeano, Espejos. Una Historia casi universal, s. XXI, 2008

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