viernes, 2 de septiembre de 2011

Arrotxapeako Egunkaria/Diario de la Rotxa (12)


  Un miércoles por la tarde, 17 de agosto, hablando con un tabernari mientras disfrutaba de su buen crianza navarro, se acercaron varios jóvenes (muy jóvenes) con intención de entrar en los servicios... sin conseguirlo. El tabernari les dijo que, sin estar acompañados de algún adulto, no podían pasar, y acto seguido me contó cómo hace unos días, una niña que no llegaría a los 12 años, estuvo encerrada tres cuartos de hora en el baño y no había manera de que saliera. Mientras tanto, una amiga se acercó y, tras encerrarse de nuevo, la espera angustiosa del tabernari no hacía sino alargarse. Finalmente, la falsa amenaza de haber llamado a la policía hizo que el crisquete se abriera y salieran las crías, una de ellas totalmente colocada por esnifar aerosoles, dando tumbos, ida por completo. Al día siguiente, la propia cría se acercó por el bar en compañía de su madre y su padre, como sin nada hubiese pasado, nadie habría podido imaginarse la escena del día anterior, mucho menos la cría, entre otras cosas, porque nada recordaría. Una historia más, ni más ni menos que una de esas historia que ignoramos... hasta que la tenemos demasiado encima.
  El martes, 23 de agosto, pudimos saber que el Ayuntamiento ha adjudicado el proyecto, suministro y montaje de dos nuevas instalaciones de energía solar fotovoltaica en los colegios públicos Rochapea (paseo de los Enamorados, 32) y Azpilagaña (calle Río Alzania, 22), por un importe de 82.588,62 euros. Parece ser que estas instalaciones contarán con un aspecto pedagógico importante pues se pretende concienciar a las estudiantes sobre el buen uso de la energía. En los vestíbulos de los centros se colocarán pantallas interactivas que ofrecerán información sobre el funcionamiento de la instalación fotovoltaica y datos de temperatura, radiación o energía diaria producida. ¡Que no, que no voy a quejarme por apostar por las energías renovables, faltaría más!. Es sólo que leo esas cifras tan largas, pienso en las pésimas condiciones en que se encuentra el único colegio del barrio que garantiza una enseñanza euskaldun plurilingüe, un colegio que se supone público y tiene que pelear de continuo para aislar aulas, pintar comedores y matar cucarachas... que uno ya no sabe si lo que siente es pena, rabia, o todo ello a la vez. Y eso que Barcina, nuestra nueva Presidenta, en su primer artículo de opinión, escrito para la revista Miradas de ANFAS (agosto, 2011), afirma que "No hay personas discapacitadas sino sociedades discapacitadas, incapaces de ofrecer la inclusión de todas las personas". ¿Será que va a poner fin, de una vez, a la exclusión y dificultades que han de sufrir miles y miles de escolares que han optado por una enseñanza euskaldun y plurilingüe? No sé, no sé...
Ave Maria elizako dorrrea.
Argazkia: Patxi Abasolo, 2011-abuztua.
  En efecto, las formas de colocarse son múltiples. Una de ellas puede ser fruto del insomnio, de la falta de sueño, como bien saben las vecinas y vecinos que viven (o sobreviven) cerca y no tan cerca de las iglesias. El miércoles, 24 de agosto, la prensa recogía el recorrido que ha tenido que realizar una vecina de nuestro barrio contra el excesivo volumen de las campanas de la iglesia Ave María. Ante el pasotismo del representante de la iglesia católica en ese edificio, y los tres intentos de que el Ayuntamiento solucionase el problema, finalmente, ha sido el Defensor del Pueblo quien ha solicitado al Ayuntamiento una medición del nivel de ruido producido por las llamadas al culto y las señales horarias. No sabemos cómo quedará el asunto, aunque seguramente se resolverá según la sentencia que recientemente emitió el Tribunal Superior de Justicia de Navarra, obligando a la iglesia de San Agustín, del Casco Viejo, a reducir el ruido de sus campanadas a 50 decibelios cuando repiquen para señalar las horas. Eso sí, no se han limitado lo más mínimo las llamadas a misa, cuestión ésta que tampoco ha sido abordada por el Defensor de[cierta parte]l Pueblo. La verdad es que Ave María lleva ya mucho tiempo que da que hablar en el barrio. Primero fue la marcha forzada de aquellos sacerdotes comprometidos con el vecindario toda una vida (lo que más tarde sucedería con los de Virgen del Río); luego, la antena móvil escondida bajo la cúpula de su torre en medio del patio escolar Patxi Larrainzar, que el cura tuvo que retirar contra su voluntad por la movilización de la Apyma (no sé si alguien ha comprobado que ha sido así); y ahora el excesivo ruido de unas campanadas que ya no cumplen, ni mucho menos, la función de siglos pasados, símbolo hoy de una institución que se resiste a perder la presencia que históricamente ha tenido en sociedades como la nuestra.
  Para terminar, dos últimas imágenes veraniegas: la que presentaba el río Arga el sábado, 27 de agosto, con la participación de 37 pescadores divirtiéndose con anzuelos y peces coleteando por asfixia en el XV Concurso de pesca de agua dulce (¡¿dulce!?); y el XXº Torneo de Pelota de la Rotxa, que despidió precisamente el mes con los partidos del miércoles, 31 de agosto. Por cierto, hoy, viernes, toca partidos, en los frontones del barrio.   
  Llegó la hora de decir adiós al mes de agosto y, con él, a la época vacacional (sí, ya sé, para quien tenga la suerte de poder vender su fuerza de trabajo). Lo cierto es que, de nuevo en casa, las calles, los parques y los propios hogares, vuelven a ser lugares de jaleo y bullicio. Las escuelas infantiles abiertas, las amatxos (aunque también aitatxos, aitonas y amonas) vuelven a correr antes de que se cierren definitivamente las puertas; otros aitatxos y otras amatxos, no obstante, cuentan con ansia el fin de las vacaciones escolares para poder volver a la normalidad del curso (pues sí, parece ser que 24 horas de ejercer paternidades y maternidades hacen que las vacaciones, un día sí y otro también, no parezcan tales); se acabó la imagen de esos garajes medio vacíos (o medio llenos), y ya no hay quien aparque en la vieja Plaza Arriasko (de nuevo media hora dando vueltas con el coche para no ceder a la lógica y subir andando una distancia de veinte minutos sin spring final); los deportistas de verano dejarán de serlo y, para que el trauma no sea tan grave, muchas casas se irán llenando de bicicletas y demás aparatos estáticos, ésos cuyo destino final, por mucho que nos resistamos, será ejercer de perchero para hacer útil un trasto que ocupa, por lo general, demasiado espacio; de nuevo nuestras calles levantadas para hacer no-sé-qué-obra-de-siempre; de nuevo más reformas laborales (siempre a costa de las mismas gentes, las de abajo, las trabajadoras)… y, de nuevo, fútbol por las venas para que, estos dos meses de travesía del desierto, puedan ser más llevaderos. Serán sólo dos meses. En noviembre (cada vez antes), las tiendas, bancos, cristianos (y no cristianos), políticos y medios de comunicación nos recordarán que, de nuevo, el comprar, el gastar y buscar la felicidad fácil (sí, la de mentira), puede ayudarnos a llenar otras tantas semanas de vacío, insatisfacciones y hastío. Un saludo, pues, vecinas y vecinos, y uno muy especial para todas aquellas que no se hayan sentido identificadas con lo escrito en este último párrafo, ¡va por vosotras!

  Si os apetece hacer llegar a este Txoko de Historia de la Rotxa alguna historia del barrio, ya sabéis, las más interesantes, esas que no aparecen en medio de comunicación alguno, no tenéis más que enviarla al correo electrónico abasolopez@gmail.com. No hace falta dato personal alguno, será una más de las miles de historias anónimas de nuestra Arrotxapea.

1 comentario:

Patxi Abasolo Lopez dijo...

Acaba de confirmarme un aitatxo que sí, que han comprobado la retirada de la antena, a menos que haya escondido el contador (poco probable,pues, según él, es mucho lio. Además, el cura les mostró el documento de la rescision del contrato. Y, digo yo, ¡como tiene que ser!