martes, 20 de septiembre de 2011

Memoria histórica versus Amnesteia

  Aste buru honetan, irailaren 16, 17 eta 18an, Nabarraldek antolatutako Euskal Herriko historialarien II. Biltzarra izan dugu Oinatiko Unibertsitatean. Azken egunean, igandean, Komunikazioen txanda izan zen, horien artean 1512-2012 Nafarroa Bizirik-en izenean aurkeztu nuena: "1512-2012 Nafarroa Bizirik: Memoria histórica versus amnesteia". Hona hemen aurkeztutako komunikazioaren laburpena:

1512-2012 Nafarroa Bizirik:
memoria histórica versus amnesteia

1.     Memoria e Historia.

      A qué nos estamos refiriendo cuando decimos que uno de nuestros objetivos es recuperar nuestra memoria  histórica?. Más allá de la relación entre memoria e Historia, aspecto éste que desarrollamos en el texto a publicar, lo cierto es que cuando abordamos los acontecimientos históricos en torno a la Conquista de Navarra, difícilmente podemos hablar de memoria episódica o autobiográfica, pues en nuestro caso estamos yendo más allá de la recuperación de las experiencias vividas personalmente en un momento y espacio concreto. Dicho de otro modo, cuando nosotras hablamos de memoria histórica estamos retrocediendo en el tiempo mucho más que la historia reciente. Pero no es menos cierto que nuestro viaje de recuperación de aquellos acontecimientos sucedidos hace 500 años va a descubrirnos que gentes de este pueblo vivieron experiencias semejantes a las que distintas generaciones anteriores a la nuestra e incluso nosotras mismas hemos experimentado. Todo ello marcado por el factor de la derrota y el sufrimiento. Si cuando hablamos de recuperación de memoria, lo más frecuente es conmemorar unos hechos donde se resalta lo positivo y se omite todo aquello negativo, en casos como el nuestro se da la peculiaridad que lo negativo llega a constituirse uno de los momentos fundacionales de la memoria. Es el caso de los acontecimientos de 1512 o las derrotas de Noain y de Amaiur en junio de 1521 y febrero de 1522, respectivamente, donde 500 años después una parte significativa de este Pueblo sigue exigiendo el resarcimiento por aquel sufrimiento del pasado y las consecuencias que han tenido en nuestro presente.
Por tanto, cuando las mujeres y hombres navarros estamos recuperando lo acontecido hace 500 años, no estamos haciendo una mera recuperación de información semántica (la memoria semántica). Esa recuperación de información no implica tan sólo conciencia de saber. Aprovechándonos la licencia que tenemos, como movimiento social que somos, de saltarnos ciertas reglas teóricas y metodológicas, nos atrevemos a afirmar que esa recuperación de información sí que puede provocar el recordar, evocar y reexperimentar, si no aquellos acontecimientos (evidentemente los protagonistas de entonces murieron hace siglos), otros acontecimientos semejantes que sí han sido vividos por nosotras.
La memoria histórica está cumpliendo una importante función social: mantener viva la memoria de las víctimas de los distintos regímenes represivos, así como la reconstrucción de la memoria histórica de grupos sociales afectados por procesos de invisibilización como las mujeres, la clase trabajadora o los Pueblos conquistados y colonizados. En nuestro caso, la experiencia de todo un Pueblo, el navarro, que vivió como Estado de pleno derecho hasta que un largo proceso de conquista militar iniciado siglos atrás y acelerado tras la invasión de 1512, y su posterior sumisión social, política y económica, le obligaron a perder el tren de la Historia.
Todo proceso de recuperación de la memoria afectada por procesos de invisibilización no puede limitarse a un mero proceso de investigación científica, sino que debe ir acompañado de la participación activa de los movimientos sociales. He aquí la razón de ser de la iniciativa 1512-2012 Nafarroa Bizirik.

2.     La memoria no destruida: venciendo a amnesteia.

Las manipulaciones de la historia por parte del poder han sido y son habituales. En las estrategias de construcción de la memoria colectiva, además de la omisión, también funcionan directamente la invención o la exageración. Quizá no haya invento tan fructífero en el caso español como el de la tumba del apóstol Santiago o exageración tan rentable políticamente como la del motín del 2 de mayo en el Madrid de 1808, elevado a la categoría de levantamiento nacional contra Napoleón. Lo mismo podemos afirmar sobre la figura de aquel mercenario llamado Cid Campeador, o el encuentro armado entre musulmanes y cristianos convertido en la gran batalla de Covadonga.
Nosotras reivindicamos rescatar del olvido acontecimientos de hace ya 500 años, y para ello no necesitamos recurrir a la mentira ni a la exageración. Uno de nuestros objetivos es recuperar la memoria de las vencidas, de su aportación por la pervivencia de este Pueblo, de su experiencia traumática por no doblegarse al invasor. Personas con nombres y apellidos. Navarras y navarros que, oficialmente, desde el momento en que el ejército invasor entró en sus tierras, dejarían de existir para convertirse en “franceses”, “brujas”, “traidores”, “ladronas”, “herejes” y “salteadores de caminos”.
Cuando hablamos de memoria histórica, ya sea cercana o, en nuestro caso, con siglos de por medio, nos estamos refiriendo a un proceso que aún no se ha cerrado, que sigue pendiente de algún tipo de resarcimiento, de una herida que todavía sangra. Estamos hablando de recuperación de la verdad, de restituir la dignidad arrebatada a las víctimas, aunque éstas vivieran, amaran y sufrieran hace ya cinco siglos. Han querido borrar de nuestra memoria colectiva que fuimos un estado independiente, llámese reino de Pamplona o de Navarra. Fue el estado del país del euskera, de Euskal Herria, destruido deliberadamente por las monarquías española y francesa. Lamentablemente, como consecuencia de la deliberada destrucción de nuestra memoria muchas navarras (o vascas, valga la redundancia) no sienten que Navarra forme parte de su historia. La ven como algo ajeno, diferente. Y sin embargo, para comprender la evolución política, jurídica, económica y cultural de Euskal Herria es preciso tener en cuenta la experiencia histórica que se vivió durante el reino navarro.    
Al igual que en otros procesos históricos, nosotras no queremos falsas leyes de amnistía, nuestro trabajo es un acto constante contra el olvido, contra la amnesteia. Retrocediendo al mundo clásico, vemos en qué contexto se creó el concepto de amnistía. Si una mira un diccionario griego histórico y busca la palabra “amnistía”, aparecerá como primera documentación la amnistía decretada por el Gobierno al final de la guerra del Peloponeso. Entonces, el nuevo Gobierno declaró una cosa que se llamaba amnesteia, es decir, el olvido, el olvido de todo, el olvido de lo que había pasado. Ese suceso supuso la primera amnistía de la historia, y fue una decisión política sobre hechos históricos recientes. A día de hoy, 500 años después, la LORAFNA, ley de mayor rango en la Alta Navarra después de la Constitución española, sigue sin reconocer aquellos acontecimientos. Simplemente, no existieron.
2012, el quinto centenario de la conquista de 1512, constituye una verdadera ocasión para hacer un ejercicio práctico de recuperación de la memoria de nuestro pasado. En enero de 2009, el entonces presidente de la Navarra sometida, Miguel Sanz, explicaba que con aquellos acontecimientos “se conforma el presente de la Navarra foral y española. Es cuando empieza a extenderse lo que hoy es nuestro régimen foral, integrada en la España constitucional”. Para Navarra, la Navarra irredenta, han sido 500 años sin libertad, sin Estado, ocupada violentamente, sin posibilidad de decidir nuestro futuro. En definitiva, cinco siglos conquistada. Han querido someternos, han intentado borrar nuestra identidad y ocultar qué fuimos y qué somos. Nosotras no podemos celebrar una conquista. Menos aún la nuestra. Las conquistas son para denunciarlas, divulgando lo que realmente sucedió, y gritando bien alto que perder nuestra estatalidad supuso una auténtica tragedia. Porque hoy, ya en el siglo XXI, seguimos echando en falta la soberanía que nos fue arrebatada hace ya 500 años.



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