martes, 25 de octubre de 2011

La migración a América, también desde la Rotxa.

Hona hemen Ezkaba aldizkariko Historia atalerako idatzi dudan artikulua. 188. zenbakia da, hil honetan argitaratua.

 LA MIGRACIÓN A AMÉRICA

XIX. mendeko nafarrei buruz hitz egitean, ezin dugu Nafarroa utzi eta lan bila joan ziren horiek ahaztu. Ia guztiok Amerikara joan ziren. Bizitoki berria izan arren, ez zuten inoiz haien Herria ahaztuko.


XIX. mendeko nekazaria nafarra.
Iturria: Protokolo-agiritegia.
En Navarra se conserva gran cantidad de esas elegantes casas palacio mandadas construir por indianos, aquellos navarros que se enriquecieron a costa de los Pueblos originarios del continente americano. Nunca mejor dicho, algunas gentes de aquí, conquistadas, tomarían ejemplo de sus conquistadores para, en nombre de éstos, subyugar tierras que ya no conocerían la paz en los siguientes 500 años.
Pero hoy no vamos a hablar de ellos, sino de quienes tuvieron que dejar estas tierras en busca de un futuro mejor. Son esos “tíos de América” que fácilmente encontraremos si indagamos un poco en las historias de la familia. Sí, hicieron lo mismo que ahora siguen haciendo millones y millones de personas de todo el mundo, y no por gusto propio, pese a nuestras miradas de reprobación. Bien estaría que les ofreciésemos el mismo trato que a nuestros antecesores les hubiese gustado recibir.

Causas y destinos.
Las causas por las que alguien decidía cruzar el Océano Atlántico eran muchas y muy variadas. A las razones de índole económica como malas cosechas, falta de tierra o el sistema hereditario particular de estas tierras, hemos de añadir otras de carácter ideológico y político, caso de las derrotas carlistas o la negación de los jóvenes a cumplir el servicio militar (ver Ezkaba nº 182). O casos más personales, como la asustada joven que huía del acoso a que la sometía un vecino que pretendía poseerla. En todo caso, sí podemos afirmar que la emigración navarra, como la vasca en general, constituyó un fenómeno muy precoz, inmerso entre las primeras oleadas de emigración masiva de europeos a una América que se estaba segregando en multitud de países independientes hacia 1825. No sabemos cuántos pudieron ser, menos aún cuando los ciudadanos vascos quedaban registrados como españoles o franceses según fuese su procedencia, aunque se ha barajado la cifra de 200.000. Los habitantes del norte (Lapurdi, Baja Navarra y Zuberoa) partirían de los puertos de Baiona y Burdeos, y los del sur (Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Alta Navarra), de Pasajes, hasta que la depresión de 1929 frenara de golpe la atracción de las tierras americanas.
En Argentina y Uruguay eran productores de leche, en Estados Unidos pastores, y la mayoría de los instalados en México, Cuba y Chile, comerciantes. En Australia fueron cortadores de leña. En las ciudades, la mayoría trabajó en el artesanado y el comercio, aunque muchos de ellos lo hicieron también en la agricultura, la ganadería y otros oficios. La población vasca inmigrante en el Buenos Aires de 1855 es un claro ejemplo de la diversificación ocupacional de aquellas comunidades, predominando los trabajos no cualificados (jornaleros) con un 15% del total, los diversos oficios artesanales (zapateros, joyeros, torneros, hojalateros…) con un 18,5% y el sector de los servicios semicualificados, especialmente domésticos, con un 23,49%. Cabe destacar la gran presencia de mano de obra femenina, tanto en el servicio doméstico como de costureras y modistas, sobre todo de las mujeres procedentes del otro lado de los Pirineos, beneficiándose éstas del prestigio que se otorgaban a las modistas francesas.

Especialización laboral.
En general, todos ellos acabaron especializándose en determinadas profesiones, como jardineros en San Francisco, lecheros o panaderos en las ciudades del sur de California, empleados de aserraderos en pequeños pueblos de Oregón, o también hoteleros a lo largo y ancho de los estados del Oeste. En ocasiones llegaron a ostentar casi su monopolio, como el caso de la mayoría de las empresas de leche. El diario The Silver Star de Winnemucca (Nevada) escribía lo siguiente en 1892, refiriéndose a la llegada de trabajadores vascos: “Empiezan cuidando alguna ovejas, y después de algunos años, son dueños de su propio rebaño con lo que habrán acumulado el suficiente dinero para volver a Europa y llevar una vida apacible en su hogar”. Lo cierto es que, en la práctica, navarro, vasco y pastor se convirtieron en conceptos sinónimos, dándose una fuerte concentración de esa inmigración en el estado de California hasta mediados de 1870. Posteriormente, los ovejeros se extenderían por Nevada, Idaho y Oregon. Ya en 1911, los datos que disponemos nos hablan de un 5% de vascos entre los pastores de la zona norte de Elko (Nevada), llegando pronto a constituir el 80%.

Guillermo Isidoro Larregui
Guillermo Isidoro Larregui Ugarte nació en Arrotxapea (Errotxapea, Rochapea, La Rocha…) el 27 de noviembre de 1885, llegó a Buenos Aires con solo quince años en el año 1900, y murió el 5 de julio de 1964 en Iguazú. En los primeros tiempos trabajó como marino, más tarde como carpintero, hasta que se trasladó a la Patagonia para trabajar como peón en una multinacional petrolera norteamericana en la que estuvo hasta 1935.
Guillermo Isidoro Larregui
Iturria: http://vascodelacarretilla.blogspot.com/
Ese año, una apuesta realizada entre amigos lo convertiría en una de las personas más conocidas de Argentina: el Vasco de la Carretilla. Tras un año y dos meses en los que recorrió 3.400 kilómetros, el 25 de mayo de 1936, entró en la capital, Buenos Aires, en medio de un recibimiento del que participaron altas autoridades políticas argentinas. Toda una hazaña con sólo dos compañeras de viaje: una carretilla que tenía la base de 70 cm x 110 cm y 30 cm de alto, y un perro pastor alemán al que llamaba Secretario. Y como infraestructuras, una carpa de 2.50 m de largo por 2 m de ancho, una cama plegadiza, colchón y colcha, herramientas completas, utensilios de cocina, calentador, juego de lavabo, cepillos, brocha, navaja y provisiones.
Quiero recordar aquí unas declaraciones suyas realizadas al periódico Crítica tras aquella primera azaña: “He llegado por que soy vasco; soy vasco y tenía que llegar. Por eso pude terminar el viaje. […] Había prometido hacer este viaje y lo hice. Me agradaría dar la vuelta al mundo empujando mi carretilla. Me sobran fuerzas y voluntad, para eso soy vasco. […] “Aunque nada tengo, nada quiero. Esta hazaña la he realizado porque la prometí cumplir. Con ser hombre de palabra cualquier vasco está bien pagado”. En otra ocasión, el periódico El Imparcial le preguntó si era vasco. He aquí su respuesta: “Sí. De Pamplona”. Este párrafo nos ayudará a entender mejor el siguiente apartado.

Diáspora organizada.
La población vasca emigrada nunca olvidó su país natal. No obstante, su carácter extremadamente tardío fue un rasgo que caracterizó su organización institucional. Transcurrió medio siglo entre la llegada de las primeras oleadas de inmigrantes y la aparición de los primeros centros vascos en Argentina, Uruguay y los Estados Unidos durante el último cuarto de siglo. De hecho, hasta el año 1876, esa población fue integrándose en las pocas asociaciones nacionales francesas y españolas ya existentes, la mayoría de ellas sociedades de socorros mutuos, dirigidas a un fin eminentemente práctico. Fue el caso del “Hospital Francés” de Buenos Aires o la “Asociación Española de Socorros Mutuos” de Montevideo en 1852 o la de Rosario en Argentina, primando en todas ellas los fines asistenciales.
A pesar de tener elementos culturales y lingüísticos comunes más que evidentes, las vascas y vascos procedentes de ambos lados de los Pirineos se veían estructuradas como dos comunidades diferenciadas. En el último tercio del siglo, la prohibición de los fueros en 1876 empujó a los emigrantes vascos de sur a reunirse y crear organizaciones a modo de protesta: Laurak Bat de buenos Aires, Laurak Bat de Montevideo, Sociedad Vasco-Navarra de La Habana… Tenían un doble objetivo: hacer centros de reunión para los vascos y desarrollar la identidad vasca en América; por otra parte, organizar acciones de ayuda mutua en caso de enfermedad, pobreza o muerte. En los años de 1880 se oyeron las primeras voces a favor de la participación de los vascos del norte, llegando a unirse en 1886 en la capital uruguaya, con la creación del centro vasco Guziak Bat. No tuvo el mismo éxito en Buenos Aires, donde los vascos del norte hubieron de crear su propio centro, el Centre Basque Français. Con la creación de la Euskal Echea en 1899 por el suletino Martin Errecaborde, todos los centros que se abrirían en adelante estarían abiertos a todos los ciudadanos vascos, independientemente de su lugar de procedencia.
Esos últimos años de siglo conocieron la presencia de nacionalistas vascos en América y en las islas Filipinas, donde había ya un pequeño número de seguidores de Sabino Arana poco antes de que se declarara la guerra hispano-norteamericana de 1898. Esa presencia aumentaría con el nacimiento del nuevo siglo, especialmente en Argentina y Uruguay. En 1903, fecha de la muerte del fundador del PNV, un pequeño grupo de miembros activos del partido nacionalista, entre ellos Andoni de Bereziartua, Policarpo de Barrena y Zoilo de Azpiazu, se instalaron en Argentina y constituyeron la primera organización nacionalista vasca. No obstante, fue a partir de 1920 cuando comenzó un verdadero proceso de implantación del nacionalismo vasco en América, porque, más allá de las frágiles direcciones de los centros vascos, dispondría ya de un sustento humano sólido.


*Bibliografia:
- Alvarez, Oscar, “Americanos y vascos mano a mano: Las emigraciones vascas hacia América”, in GOYHENETCHE, Manex, Historia General del País Vasco, T.III: A las puertas de la sociedad moderna, Donostia, Ttarttalo, 2005.
- Alvarez, Oscar, “Las nuevas Euskal Herrias americanas: Los vascos y las emigraciones ultramarinas (1825-1950)”, in AGIRREAZKUENAGA, Joseba, Historia de Euskal Herria: Historia general de los vascos, v. 4, Donostia, Lur, 2004.
- Urrutia, El vasco de la carretilla, Txalaparta, 2001.



1 comentario:

Patxi Abasolo Lopez dijo...

Mila esker, Tinto, gazapoak garbitzen laguntzeagatik.