sábado, 5 de noviembre de 2011

Cuando Felipe II me amargó el dulce.

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Cuando Felipe II me amargó el dulce.



     Me encantan los mantecados. Uno de los muchos y buenos recuerdos que tengo de la infancia es precisamente aprovechar la ausencia de la abuela Paca para rebuscar en todos los rincones de su casa aquel tesoro que era la caja de pastas y mantecados. Los constantes cambios de escondite eran en vano, pero, en vez de enfadarse, el ingenio del nieto no hacía sino divertir a aquella pequeña y encantadora viejica vestida de negro.
   Este fin de semana, en Gernika-Lumo, he recordado una vez más aquellas pequeñas-grandes hazañas. Paseando por la calle principal de la villa, junto a los jardines, Oihana y Haizea se encapricharon con los dulces del escaparate de la pastelería, y el aitatxo hizo lo mismo con el montón de polvorones que, además, presumían de estar hechos a mano.
   ¡Qué poco me duró la alegría! Cogí uno de ellos y… “FELIPE II. Exquisitos mantecados Escorial. Los mantecados del Rey” Pues si, con corona imperial y todo. ¡Joder, si es que uno no puede desconectar ni para disfrutar de esta delicia de azúcar, harina con almendra y manteca! ¡No hay derecho!
   Más tarde, haciendo un clic en la Confitería gasteiztarra, pude leer el orgullo por la calidad y el éxito del producto: “Así como en su Imperio "no se puso el sol", podríamos decir lo mismo del Mantecado FELIPE II, ya que esta delicia de la repostería española, está muy extendida por el mundo entero”. Mal andamos quienes no somos amigos de Imperios ni de emperadores. En 1569 Felipe II planteó la construcción de una fortaleza en Iruñea, la Ciudadela, que vino a ser la gran comisaría de Navarra, destinada tanto al control de los rebeldes navarros como a la vigilancia militar de los Pirineos. Felipe II ordenó su construcción en 1571. Lógicamente, sus alcaldes y soldados serían castellanos, “para sujetar la voluntad de los naturales”. Más de cien años después de la conquista, el Ejército de ocupación seguiría sin dejar entrar a los navarros en estas plazas estratégicas. Antes de morir, el monarca español dejaría constancia en su Testamento de la ilegitimidad de la Conquista de los territorios navarros.
   La Confitería de Gasteiz dice que “Podemos así concluir que después de siglos los mantecados FELIPE II siguen siendo los más distinguidos y deseados. Su tradicional elaboración artesanal, fielmente guardada generación tras generación, les han hecho merecedores de las más altas recompensa honoríficas, convirtiéndoles en un privilegio y en una leyenda”. Y, la verdad, están buenísimos. Eso sí... ¡uno y no más! Por lo menos, mientras sea FELIPE II.

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