martes, 15 de noviembre de 2011

Lugares de la memoria: Franquismo en Arrotxapea.

Hona hemen Arriasko.com Arrotxapeako Herri Atarian idatzi dudan azken kolaborazioa.

Lugares de la memoria

La cuestión de la Memoria Histórica se ha convertido en nuestros días en tema de discusión y reflexión, tanto en la calle como en los medios de comunicación y en las Instituciones. En esta ocasión vamos a mencionar dos lugares de la memoria en Arrotxapea, el monte Ezkaba y el túnel del Plazaola, retrocediendo con ellos setenta y cinco años en el tiempo.
Plazaola Pasabidea
Argazkia: Patxi Abasolo, 2011-azaroa.
Tras la proclamación del Bando escrito por Emilio Mola Vidal aquel 19 de julio de 1936, se impuso el estado de guerra y se suprimieron todos los derechos vigentes durante el régimen republicano. La violencia y la represión se impusieron desde un primer momento, elementos éstos que caracterizarían al régimen dictatorial que se impuso finalmente durante cuarenta largos años. Sólo así podemos explicar los más de 3.000 fusilamientos habidos en una Navarra que no conoció la guerra en su territorio. Las palabras de Mola anunciaron bien claro lo que se avecinaba: 
“Esta guerra tiene que terminar con el exterminio de los enemigos de España [...] Yo veo a mi padre en las filas contrarias y lo fusilo [...] El arte de la guerra yo lo definiría así: Es el medio de juntar veinte hombres contra uno y, a ser posible, matarlo por la espalda”.
Para comprender que entendían por “oposición” es suficiente con ver que el simple hecho de rechazar un cargo era motivo de fusilamiento. Al fin y al cabo, la represión cumplía una función política: atemorizar y anular al enemigo. Sin este elemento, que constituyó la base de la dictadura franquista, difícilmente podríamos entender las largas décadas en que se ésta se mantuvo.
Sin olvidar el apoyo social que tuvo el alzamiento en la Alta Navarra, hay que recordar que muchas personas no tuvieron otra alternativa que “la cuneta o al requeté”. La mayoría de los detenidos y fusilados se produjeron en Iruñea, donde a menudo los fusilamientos se convertían en espectáculo público en la Vuelta del Castillo. Dentro de la capital, las zonas más humildes fueron las que sufrieron una mayor represión: la calle Merced, Arrotxapea, Jarauta, Tejería, Calderería y la calle El Carmen.
Palizas, multas, quema de libros, exilio, robo de bienes, cortes de pelo y aceite de ricino, trabajos forzados, agresiones sexistas, etcétera, extendieron el terror por doquier, como en la Plaza del Castillo o en el túnel del Plazaola de Arrotxapea. He aquí el testimonio de las hermanas Muguiro:
“Llegó una camioneta de requetés a las dos y media de la mañana. Uno de ellos, que era acomodador del Gayarre, lo conozco. Llevaban todos su buen santocristo y las pistolas colgando. Yo tenía 18 años. En el descansillo de la escalera todos a mi alrededor, me cortaron el pelo mientras me decían disparates. Registraron y tiraron todo y a mi hermanica Pepita de 13 años la estuvieron apuntando y amenazando y le entró tal terror que se llenó de granos y la pobre se hinchó toda. Me dejaron un mechón delante y se fueron a la casilla donde cogieron a mi hermano. Yo, en medio de la desgracia, tuve suerte, porque a otras las metían en el túnel del Plazaola, donde el río, a media noche y allí les cortaban el pelo y les hacían otras cosas...”.
La represión se extendió a todos los aspectos, también al moral y al institucional, con despidos y fusilamientos de concejales y funcionarios, así como al ámbito educativo, con la investigación y purga sistemática de todo el profesorado.
Aunque la represión más dura se dio en los primeros momentos, no podemos olvidar la sangría que supuso el fuerte Alfonso XII del monte Ezkaba. Además de los primeros fusilamientos, y los numerosos muertos por las duras condiciones de frío, humedad y hambre, la fuga llevada a cabo el 22 de mayo de 1939 tuvo fatales consecuencias: tan sólo tres prisioneros consiguieron huir, con un resultado final de 585 detenidos, 225 asesinados en el monte y otros 25 tras ser juzgados y condenados.
Los ecos de tanto terror siguen resistiéndose al olvido impuesto por las instituciones y muchos de sus agentes políticos. Las calles de la Merced y del Carmen, la Plaza del Castillo, las fosas de la Ciudadela, la Plaza de Toros, el Fuerte de Ezkaba o el Tunel del Plazaola han sido testigos de todo ello. Lugares de la memoria que, también en Arrotxapea, se niegan a olvidar. Para que nunca más vuelva a suceder.

No hay comentarios: