jueves, 29 de diciembre de 2011

Juan Pedro Herranz: Arrotxapea bajo el Franquismo.

El pasado día 31 de octubre falleció Juan Pedro Herranz, a los 82 años de edad. La familia ha hecho llegar a la revista Ezkaba un manuscrito escrito por Juan Pedro sobre su vivencia en Arrotxapea. He aquí la selección del mismo realizada por Bernardo Apestegia y publicada en el número de este mes de diciembre.

Palabras de la familia Herranz:
El texto que se publica a continuación lo escribió mi padre con la perspectiva de los años y la memoria. Los que conocíais a mi padre sabéis que era un hombre de mirada firme, buena cabeza y sobre todo gran corazón. El vivía la vida con gran intensidad y fortaleza y siempre estaba preocupado por las personas que le rodeaban y las cosas importantes de verdad, como la justicia y las diferencias sociales. Esto se refleja en sus palabras y en como describe a lo largo de la historia la Rotxa, su barrio. Era también un hombre muy familiar y el mejor de los padres y marido. La familia sabemos que siempre va a estar con nosotros y queremos agradecer las numerosas muestras de cariño que nos habéis dado los vecinos del barrio en momentos tan difíciles para nosotros.
Gracias por todo. Os dejo con sus pensamientos y sus palabras.

MI BARRIO
(Visto desde mis 80 años de vida).
Me gustaría hablar de mi vida en la Rochapea, que no fue muy feliz.

“Cuando se escribe de la Rochapea, desde los años 30, hay que asociar tragedias y sucesos que asolaron a familias inocentes, por el mero hecho de mantener una fidelidad a un concepto social libre y democrático, que Franco derribó en 1936.
Se ha escrito mucho sobre la represión golpista y los cerca de 3.000 fusilados en Navarra y la Rochapea como escenario de aquel trágico exterminio. Historiadores que recopilaron datos que a veces pudieran no haber sido exactos. Si digo esto es porque a mi hermana y a mí alguna vez nos pidieron información, que luego no la vimos reflejada con fidelidad en sus libros. El motivo de este  relato es dejar constancia de dos cosas (...) Que los historiadores no llegaron con su pluma a conocer la feroz represalia que sufrieron familias de este barrio, y lo que sufrió la mía (...) Soy  consciente que para algunos el trágico pasado en el barrio, por razones de edad a otro motivo -espero no sea la aprobación de lo que sucedió-, no tiene ningún interés.
Yo llegué a la Rochapea con 5 años de edad. Mi padre era ferroviario, jefe de la estación del ferrocarril del Plazaola, se llamaba Félix y mi madre Tiburcia y seis hermanos, Ángel, Paco, Emilio, Mercedes, Teresa y yo, Juan. Otro hermano había fallecido y enterrado en Lecumberri.
Precisamente de esta población (Lecumberri) mi padre fue trasladado a la Estación del Empalme en la Rochapea, que era un barrio poco poblado (...) con viviendas de no más de tres alturas (...) Las industrias más importantes del barrio eran la Azucarera y Alcoholera de Carlos Eugui, la fábrica de curtidos de Echamendi, la fábrica de sacos del coronel militar Maset, fundiciones Sancena... que controlaban la vida socio-laboral del barrio.
Cuando mi padre se incorporó a su trabajo en la Estación del Empalme, encontró tratos de favor en las facturaciones que hacían estos empresarios, y cuando suprimió estos favores, mi padre y mi familia conocieron quien mandaba en el barrio (...)
Estos empresarios nunca aceptaron un gobierno que, aunque fuera legítimo, no les gustaba, y es normal que en un barrio obrero proletario mantenían sus plantillas con personas afines a sus ideas, a las que  les cobraban buena factura por sus colocaciones. Pasados los años, aun quedan ancianos que nunca disfrutaron de una justa pensión porque estos sinvergüenzas de caciques empresarios no les dieron el alta en ningún registro laboral. Ante estas situaciones, los sindicatos de izquierda instalaron unas sedes donde se atendía los derechos de los trabajadores y un lugar libre de encuentro y ocio, que era el atractivo de los jóvenes en días festivos.

18 de julio del 36.

En esta fecha quedó probado el odio acumulado de estos caciques del barrio, alentados por las consignas de Mola, Sanjurjo y otros : "...hay que erradicar cualquier sentimiento de izquierdas, eliminando personas y motivos ideológicos de ese signo", y contando con la colaboración de sus incondicionales, que señalaban a todas las personas que estaban fichadas por los caciques del barrio, que también contaban con sus verdugos, a los que ofrecían el puesto de trabajo que dejarían vacante los asesinados (...) Zonas del barrio como casa de Jesús Castillo, Casa Chopera y de la Carbonilla, Estación del Plazaola... afines a la izquierda y con más juventud, sufrieron secuestros de personas, violaron la intimidad de los domicilios, se destruyeron libros y símbolos democráticos, se buscaban armas donde no las hubo nunca. Animales disecados por mi padre, fueron abiertos en canal y tirados a la basura.
A los secuestrados y enviados a la cárcel, a algunos los ponían "en libertad", esto decían a los familiares cuando iban a verlos. Una libertad hasta la puerta de la prisión, donde los recogían asesinos para llevarlos a la muerte. Otros, como mis hermanos, pasaron nueve meses en la cárcel para que al final fueran asesinados, fusilados en la tapia del cementerio de Echauri en la Semana Santa de 1939, donde permanecieron tirados, porque el cura no permitió que se les enterrara...(...)
La labor de depuración y exterminio la tenían encomendada los requetés y los falangistas -principalmente éstos-. Los "comisarios" visitaban en la cárcel a los detenidos ofreciéndoles la libertad si firmaban declaraciones inculpatorias, estas 4 ofertas hechas a muchachos de 18 años no las podían rechazar, y sirvieron para que se empleara más dureza represiva en el barrio (...)

Postguerra.

Acabada la contienda se instala la dictadura en España. Franco continúa represaliando, tratando de reciclar a la población, intelectuales y medios de comunicación al nuevo régimen. Los vencidos, denominados como rojos, ya no somos ciudadanos de derecho; para serlo, lo tenemos que ganar con nuestra sumisión, para conseguir que se nos documente a través del Movimiento Nacional, nueva identificación personal, cartilla de racionamiento y del Seguro de enfermedad. Se nos niega partida de defunción de nuestros familiares, que ellos habían ordenado asesinar. Quedan viudas y huérfanos sin ser reconocidos, como posibles beneficiaras de las mismas pensiones que recibían otras viudas y huérfanos (...)
Las cartillas de racionamiento se tenían que solicitar en la delegación de Abastos y las parroquias no facilitaban censos de familias que no tuvieran la tarjeta de Comunión Pascual (...) En el barrio funcionaba el estraperlo y la carestía de alimentos de primera necesidad, en buena medida fue paliada por los ferroviarios, que los adquirían en sus viajes laborales (...) La escolarización para los huérfanos de "los rojos" no fue posible en los Colegios Públicos, pues no se aceptaba hijos de "fusilados" que compartieran estudios con otros alumnos.(...) Surgen profesores/ as que dan clases en sus propios domicilios; las viudas, nuestras madres, saben que la reconstrucción de nuestras familias pasa por educar a sus hijos aparte de un adoctrinamiento dictatorial, sin odio ni rencor (...) Mis primeras clases las recibí de una maestra que daba las clases en su domicilio, frente a los comedores de Auxilio Social. Tengo el mejor recuerdo de Nieves, una mujer valiente, que desafió con sus lecciones de ética y libertad a tan peligroso vecino, comisario de la Falange para Auxilio Social, que vivía frente a su domicilio. Como era de esperar, la maestra Nieves fue desterrada a un pueblo. Su delito fue educar en libertad a sus alumnos y premiar a sus madres con un descuento de su minuta si sus hijos sacaban buenas notas. Conservo un libro "tratado de ética y moral" que me facilitó Nieves, y que ha sido la guía constante de mi comportamiento humano a través de mi vida (...) Testigo principal de éstas situaciones fue la Parroquia de El Salvador, que no es que no intercedieran a favor de los desfavorecidos, es que algún cura de la Parroquia participó activamente en éstas y peores situaciones (...) Pero nuestro barrio no dejó de ser nunca un barrio obrero y ha sabido superar siempre sus malas situaciones (...).
Pasamos hambre, pero supimos sobrevivir a él. Nuestras madres hicieron que no nos faltaran tortillas sin huevo, bocatas de tortas de maíz y, en ocasiones, un buen plato de habas (con gusano), aunque tuviéramos que ir a los campos cosechados a recogerlas una por una. Esta práctica se llamaba "espigar" y consistía en desplazarse a los pueblos y recoger del suelo los granos que habían quedado después de ser cosechados. Esta práctica la hacíamos los miembros de la familia que estábamos libres de ocupación (...).
Durante la posguerra (según bando del gobernador) no se podía circular por la calle en mangas cortas de camisa, tampoco se permitía formar grupos de más tres personas, se suprimieron las fiestas paganas, el baile agarrado por parejas y se estableció la CENSURA (...).
Sin embargo, la guerra era uno de los juegos preferidos por los chavales en la posguerra. El monte de la "pirita" –residuos de la Fábrica de Abonos- era el escenario de guerras entre cuadrillas de amigos de barrios (...) La Biurdana y el río Arga eran también lugares de ocio y diversión, y alguna travesura. Los patos del molinero de la Biurdana eran a veces goloso objetivo... Los más pequeños se bañaban en la "balsica", en un remanso del río y los mayores lo hacían en el lavadero junto a las escuelas municipales, que declinaron su labor docente para cederlos a los militares italianos que vinieron a defender el fascismo en nuestra guerra (...). En los porches de las escuelas se formaron pelotaris, como el pequeño de los hermanos Arbizu, Carretera, Irigoyen, Miró y otros. Otro centro de operaciones eran las vías de descarga de la Renfe, junto a la serrería de Erice, donde se aparcaban los vagones de mercancías en vías muertas, que traían principalmente algarrobas y naranjas(...)
El "delito" de estos "robos" era perseguido por encargo del jefe de los guardas rurales de campo, el mismo que dirigía en la cárcel los interrogatorios a los presos del barrio (...) Mi familia se vio obligada a mandarme a un comedor de Auxilio Social, que estaba encima de la taberna de Patricio. Ángel Garcés, falangista activo, era el encargado del comedor (fue el que denunció a la maestra Nieves) y antes de la comida nos ponía firmes y nos hacía cantar el Cara al Sol. ¡Que vergüenza ¡niños y niñas huérfanos que ellos habían creado con sus crímenes, decían ser sus protectores. Tampoco olvidaré el trato que recibí en un Campamento del Frente de Juventudes, al que me mandó mi madre y que obedecí llorando. El encargado era un policía de la brigada político-social, que tenía a mi familia fichada. El acoso a que me sometió, recordando a todos los compañeros mi condición de rojo, hizo que después de 10 días caminando descalzo de un pie (me desapareció la zapatilla y no me dieron otra) me escapé desde Leazcue con otro compañero que recibía trato parecido. Cuando llegamos a Villava por la orilla del río, nos detuvo la Guardia Civil. Nos calzó y nos dio de comer y cuando el cabo nos tomó declaración mandó llamar al cuartelillo al sr. Salinas y le denunció por malos tratos a menores. El mismo cabo nos llevó a nuestras casas. Mi madre nunca olvidó a aquel guardia civil, y yo tampoco. Para mi familia, aquel cabo nos hizo creer que había en los cuerpos de seguridad del Régimen personas buenas, y que teníamos que tener confianza en las personas.

Nunca más

Confieso que este relato no es una declaración que clama ni venganza ni justicia, yo me eduqué al margen de la venganza y el rencor. Fue el legado de mi madre que yo recibí y he transmitido, y lo seguiré haciendo, a los míos, pero he querido que se fuera conociendo la tragedia de un barrio como la Rochapea, siquiera para que fuera respetada y garantizada por los que pudieran hacerlo, para que nunca se repitieran estos hechos (…)”.

Mapa del barrio Arrotxapea en 1936, según Juan Pedro.
Ezkaba, 190 zka., 2011ko abendua.

* Nota: La división en apartados y subtítulos de los mismos son obra del autor de este blog.

1 comentario:

Patxi Abasolo Lopez dijo...

Más información en el libro:
Patxi Abasolo, "Arrotxapea: Historia, Memoria, Compromiso", Iruñea: Jai Batzordea, 2012.