jueves, 15 de diciembre de 2011

Zubipunta, la casa de prostitución en la Rotxa del s. XVIII.

   He aquí una de las muchas historias de sotanas calenturientas, en esta ocasión a orillas del Arga, en un edificio que a finales del siglo pasado llegó a conocer una de las experiencias  ocupas más significativas de Iruñea: Lore Etxea. El artículo ha sido escrito por el rotxapeano Bernardo Apestegia, y publicado en el número 190 de la revista Ezkaba.

Zubipunta, la casa de lenocinio

Pegante al puente del Abrevador (actual de San Pedro) existió durante siglos la llamada casa ZUBIPUNTA, y durante el siglo xx denominada como LOREA ETXEA, hasta su demolición por orden del exalcalde de Iruña Alfredo Jaime. La historia de ésta vivienda está salpicada de cantidad de anécdotas, situaciones curiosas, casos extraños y además, debido a su estratégica situación, de prostitución. Los archivos así nos lo indican


Zubipunta. Argazkia: Bernardo Apestegia.


El caso que nos ocupa, del año 1763, implica al presbítero (cura) de la ciudad Joseph Lasterra querellado por el fiscal general del obispado después de haberse relacionado, y dejado embarazada, a una lavandera rotxapeana, de la que ni siquiera conocemos el nombre. Veremos cómo se le ocultaba.
La situación de Zubipunta para éste comercio (cercana a la puerta de la muralla, fácil paso del río, solitaria...) activó la mente calenturienta del presbítero Joseph Lasterra, que fue acusado por el fiscal de esta guisa: "...que a fin de conseguir dichos torpes deseos el referido Lasterra pasó uno de los días del mes de junio último a la casa que llaman de la Zubipunta, extramuros de ésta ciudad, y en ella se mantuvo a solas con dicha del papel aparte en un cuarto por largo tiempo, hasta que la redujo a su torpe voluntad, como es cierto y dirán los testigos
Item que de la comunicación ilícita que tuvo con dicha del papel aparte el expresado Lasterra la dejó embarazada y por ello se ha mantenido y mantiene retirada para en lo posible evitar el escándalo y aminorar los perjuicios que le ha ocasionado al citado don Joseph...". Así que ya se sabe, la mujer -culpable ella, claro- ni siquiera es nombrada ("dicha del papel aparte") y todo se reduce a "aminorar los perjuicios que le ha ocasionado" al pobrecito cura.
Sin embargo, el fiscal acentuaba que "...ha cometido el dicho don Joseph Lasterra graves y enormes delitos dignos de severo castigo...".
Pero llovía sobre mojado, ya que el citado Lasterra había sido amonestado repe-tidas veces por su "trato y comunicación frecuente y mal vista con varias mujeres, o cómicas, como dirán los testigos...". Mathias Urrizelqui testifica que "...dicho don Joseph Lasterra, acusado, estaba larga temporada recluso en el convento de Religiosos descalzos de esta ciudad, de resultas del trato que tuvo con alguna o varias cómicas". Todo unangelito, vamos.
Entretanto,la lavandera rotxapeana declaraba estar "coziendo colada" para poder lavarla al día siguiente "en el paraxe que llaman de Larrotasar", al que acudió en compañía de María Miguel, frutera y dueña de la casa Zubipunta, que también tenía colada del maestro bastero de la "casa de fulano Martiarena".
En esto, se presentó el presbítero –acordado con María Miguel- para conocer a la lavandera "con mucho agrado y cortejó así al testigo como a la expresada frutera (María Miguel) y quedó hablando con el mismo agrado y estrecha familiaridad...".
Al día siguiente, mientras la lavandera se ejercitaba en el río, fue llamada a la casa por un hijo de la frutera dueña de la casa. Después de mucho insistir en ello y con la excusa de que le esperaba una persona conocida del Baztán, acudió a la dicha casa. "Fue la que depone a la dicha casa de Zubipunta y en ella se encontró con dicha María Miguel y don Joseph Lasterra vestido este con traje secular con su capote de carrodeoro de color ámbar, sombrero redondo y sin insignia alguna de Eccº. en uno de los cuartos de dicha casa... serían las nueve o nueve y media de la mañana, observó que la chocolatera estaba puesta al fuego y había también prevención de comida... Y luego al instante empezó el acusado a querer comerciar ilícitamente con la que depone al tiempo que se hallaban solos en el cuarto ofreciéndole varias dádivas y que procuraría mirarla, y aunque se resistió a condescen-der en tal pretensión, habiendo sacado el acusado un pañuelo, cerró la puerta del cuarto en que se hallaban y tomándola el testigo a fuerza y violencia la puso en la cama y privó de su entereza y virginidad y repitieron hasta cinco o seis actos carnales, desde dicha hora de las nueve hasta las cuatro de la tarde...". Es ciertamente una declaración curiosa, porque, además, "también comieron el acusado, dicha frutera y el testigo" (?).
La declaración continúa: "...Y es cierto que después acá no han repetido más actos porque el testigo ha procurado no hacerse encontradizo con el acusado, porque se ocultaba en las ocasiones que por las calles lo ha visto...".
A pesar de todas estas declaraciones, el fiscal prosiguió investigaciones con la lavandera, que se desprende de las declaraciones de ésta: "...procuraron investigar el modo de vivir de dicho testigo y que le observaron le faltó el menstruo... y en efecto le confesó era cierto y que se hallaba embarazada de los accesos que tuvo el referido día con el acusado en dicha casa Zubipunta..."
El curita Lasterra es castigado, antes de la sentencia definitiva, a pagar el mantenimiento de la lavandera (primero 6 reales y posteriormente 7), pero no estaba por la labor, según declaración de un testigo: "...que cuando le hizo dicho cargo al acusado del estado del dicho testigo, le respondió que él ya tenía pagado a la puta y alcahueta y que no tenía que hacer con ella...".
Lasterra, que se hallaba preso en la torre y cárcel episcopal, en su declaración exculpatoria niega -lógicamente- toda búsqueda de la lavandera y acusa a la frutera dueña de Zubipunta de haberle visitado en su casa, dándole "las señales del paraje" donde se halla la casa, que él dice ignorar (?) y decirle "que sacaría a dicha casa a una muchacha muy bonita para que pudiese gozarla...". Al parecer, como se ha dicho, el tal Lasterra era muy "popular" en este tipo de "contratos", como viene a bien declarar "y es cierto y declara y confiesa que ha visto de ello mucho (?) y ponderaba la hermosura de la tal muchacha y sus circunstancias vencido de esta humana fragilidad convino en ello y efectivamente el día inmediato a la mañana salía el que declara de su casa como acostumbra vestido...". Después de relatar cómo dejó sus ropas "al paso al Portal que llaman de Francia", llegó a la casa.
Continúa Lasterra: "...Fui en este traje a dicha casa y habiendo subido a los cuartos de ella, solo hallé a una muchacha en cama y en breve rato vino la dueña de la misma casa con quien estuvo hablando un buen rato". Declara no conocer a la muchacha "que se presentó voluntariamente y que para primeriza estaba adelantada con hombre...".
El día 28 de noviembre de 1763 se dicta sentencia. La condena, como no iba a ser de otra manera (relacionando iglesia, machismo, siglo XVIII, etc.), obliga a Lasterra a UN MES de reclusión con los Misioneros Recoletos de Olite, donde deberá hacer ejercicios espirituales, confesión general, etc, etc. pero también se le condena al pago de las costas judiciales y una multa de 20 ducados.
Con el paso de los meses (enero de 1764) Joseph Lasterra reivindica que se le devuelvan las licencias para poder "celebrar el Santo Sacrificio de la misa, pues se halla suspendido". Angelito él.
Existe dentro de este proceso un documento, fechado el día 9 de enero de 1764, por el que Magdalena de Goñi residente en... (ilegible),solicita al ínclito Lasterra 300 ducados por los daños que le ha causado por "el comercio ilícito que tuvo y la desfloró, y los daños que le ha ocasionado por razón del estupro, para que pueda tener con qué mantenerse...". Sería esta Magdalena de Goñi la dicha lavandera rotxapeana ?. Pero algo ya sabemos, si hubo estupro, es que era menor.

*PD.- Los textos entrecomillados del original, han sido redactados con la grafía actual para hacerlos más comprensibles.
*Archivo Diocesano. Sección Procesos. Año 1763. Secretario Ollo, cartón 1702, Nº 2 (folios 1-27)

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