lunes, 2 de enero de 2012

Hausnartzen/Reflexionando/Réfléchissant


Mudanza de mapa


   En 1821, la American Colonization Society compró un pedazo de África.
   En Washington bautizaron al nuevo país, lo llamaron Liberia, y llamaron Monrovia a la capital en homenaje a James Monroe, que por entonces era presidente de los Estados Unidos. Y en Washington también diseñaron la bandera, igualita a la propia pero con una sola estrella, y eligieron a las autoridades. En Harvard elaboraron la Constitución.
   Los ciudadanos de la recién nacida nación eran esclavos liberados, o más bien expulsados, de las plantaciones del sur de los Estados Unidos.
   Los que habían sido esclavos se convirtieron en amos no bien desembarcaron en tierra africana. La población nativa, negros salvajes de la selva, debía obediencia a estos recién llegados que venían de ser los últimos y pasaban a ser los primeros.
   Al amparo de las cañoneras, ellos se apoderaron de las mejores tierras y se adjudicaron, en exclusiva, el derecho de voto.
   Después, con el paso de los años, concedieron el caucho a las empresas Firestone y Goodrich y obsequiaron el petróleo, el hierro y los diamantes a otras empresas norteamericanas.
   Sus herederos, cinco por ciento de la población total, siguien administrando esta base militar extranjera en África. Cada tanto, cuando el pobrerío entra en turbulencia, llaman a los marines para poner orden.


Eduardo Galeano, Espejos. Una Historia casi universal, s. XXI, 2008

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