jueves, 19 de enero de 2012

La Casa de Curtidores de Arrotxapea

He aquí mi última colaboración publicada en el Portal Popular de la Rotxa, Arriasko.com

La Casa de Curtidores

   El quinto día de este nuevo año 2012, sobre las 10:00 horas de la mañana, la Casa de Curtidores fue pasto de las llamas, y de la desidia del Ayuntamiento pamplonés, de las autoridades de
Casa Curtidores
Fotografía: Patxi Abasolo, 2012-01-11.
ahora, y de las de antes. En efecto, no es la primera vez que sucede desde que la familia Abaurrea Aristu abandonó la que venía siendo una de las viviendas más antiguas de la ciudad, allá por el año 2006. Esta vez ha sido el más grave de los cinco incendios que ha sufrido el único edificio que ha logrado sobrevivir en la cuesta de Curtidores, en la rivera del río Arga a su paso por el barrio más antiguo de la capital navarra, Arrotxapea. A falta de la confirmación oficial, todo apunta que, al igual que en los casos anteriores, la causa del siniestro ha sido el fuego encendido por las tres personas que la habitaban ilegalmente, con el objetivo de hacer frente a las bajas temperaturas invernales.[1]
Ciertamente, son pocos los rincones rotxapeanos que guardan la historia del barrio y de sus gentes. Cada vez menos. ¿Dónde están Lore Etxea, la Estación del Irati, las fraguas y los talleres de este barrio obrero por excelencia? ¿Dónde las huertas, sustento fundamental para el vecindario desde tiempos inmemorables? La recién destruida vivienda 
es la única superviviente del viejo barrio de Curtidores, junto al puente del mismo nombre, lugar de paso obligado desde nuestro barrio hacia el Casco Viejo pamplonés. Ya en la Edad Media, sus edificios albergaban las tenerías o adoberías, donde los artesanos curtían las pieles para la elaboración del cuero con el que se fabricaban, entre otros productos, calzados, odres, bolsos, correajes y armaduras. La necesidad de agua en abundancia y los fuertes olores que las pieles y los productos químicos empleados emanaban, hacían que esta actividad se desarrollase siempre a extramuros. Artesanas y artesanos de las pieles, tras raspar la grasa y el pelo adherido a las mismas, las tensaban sobre unos bastidores donde se les aplicaba sal, alumbre y otros productos, alternándolos con largos baños en agua limpia. Con el paso de los siglos, el declive de la peletería trajo el correspondiente deterioro del propio barrio de Curtidores, hasta su desaparición definitiva en la segunda mitad del siglo XX.
Este edificio del siglo XIX tiene tres plantas, 300 metros cuadrados por cada una. A mediados de los años 1920, Román Abaurrea Cía compró la casa, donde se instaló con su esposa, Brígida Aristu, y donde se criaron sus tres hijas, Francisca, Magdalena y María, y su hijo Pedro. Francisca aún vive a sus 90 años. Las nietas mantienen vivas muchas de aquellas experiencias vitales: el ganado como sustento de la familia (tenían vacas, cerdos, gallinas, conejos…); el recorrido diario por los bares del Casco Viejo en busca de restos de comida para alimentar a los cerdos; los días de riada; la barca del abuelo y el embarcadero Venecia; los barquillos y la miel de la casa vecina, ya inexistente… Pero también las experiencias, nada gratas, de los trámites y gestiones realizadas con el Ayuntamiento por salvar ese precioso edificio de un futuro cada vez más incierto. Para evitar, precisamente, un desastre como el que ha ocurrido hace unos días. Según sus palabras, se han visto “atados de pies y manos”, sin ver prosperar ninguna de las ideas planteadas para el aprovechamiento de la vivienda, ya fuese como albergue o como embarcadero para el club de remo.[2]
No he podido dejar de pensar en el Palacio Real y el triste recorrido al que se vio abocado tras la Conquista del Reino y la desidia y abandono sufrido, 500 años después, por las autoridades de un Pueblo sin autoridad alguna. El Palacio Real (se inició su construcción en el siglo XII) pasó a ser residencia del Virrey, luego Capitanía y, por último, Gobierno Militar hasta 1971. Desde entonces sufrió durante décadas toda clase de ultrajes: robos, incendios…, consecuencias directas del abandono e irresponsabilidad manifestada por quienes dicen gobernarnos. Evidentemente, el Palacio de la Casa Real Navarra, hoy Archivo General de Navarra, era un lugar de la memoria incómodo para los herederos de quienes expulsaron del mismo a sus moradores legítimos. Veremos qué pasa con la Casa de Curtidores. Hasta el momento, nada bueno.


* Hoy ha sido publicada también en Cartas al Director una versión reducida que envié al periódico Diario de Noticias: "La casa de Curtidores, pasto de las llamas".



[1] Diario de Noticias, 2012-enero-05.
[2] Diario de Navarra, 2012-enero-10.