viernes, 16 de marzo de 2012

En el regazo del monte Ezkaba

    La revista del barrio cumplió el mes pasado sus 20 años de recorrido. En el número de marzo ha estrenado nuevo diseño y, en su página 4 (hacer clic al final de este artículo), se informa de las muchas actividades que realizaremos durante la semana que viene para celebrar este XX. aniversario. A continuación teneis un breve repaso por la historia del monte Ezkaba, nombre con el que la Rotxa puso en marcha este proyecto comunicativo.

En el regazo del monte Ezkaba


    La Rotxa y el monte Ezkaba, bautizado más tarde según la ermita San Cristóbal construida en su cumbre, han sido compañeros inseparables a lo largo de los siglos, con experiencias hermosas y otras no tanto, como los trágicos acontecimientos vividos en el fuerte Alfonso XII. No es casual que sea Ezkaba la revista de la Rotxa.

Hace ya 20 años que un grupo de vecinas y vecinos de nuestro barrio se lanzaron a la aventura de crear un instrumento comunicativo desde la Rotxa y para la Rotxa: 1992-2012, dos décadas entre sendos centenarios. He tenido la tentación de subtitular estas páginas con un “Mekagúen los Vº Centenarios”, pero tampoco era plan de quitarle protagonismo a quien inspiró el nombre de nuestra revista: el monte Ezkaba. Y eso que motivos había, pues nacimos con aquellos faustos, con aquel derroche de dinero y desmemoria realizado por la España del año 1992 para esconder tras un supuesto “encuentro entre culturas” lo que no fue sino una conquista militar de los Pueblos Americanos, con su posterior proceso de colonización, sometimiento y aculturación. 20 años después otra aciaga aventura se está llevando dinero público en Congresos y publicaciones mientras recortan todas esas otras expresiones culturales que a duras penas sobreviven en nuestros barrios. Con la diferencia que, en este ocasión, ¡son los propios conquistados quienes quieren celebrarlo!. No es de extrañar el pánico de los susodichos a mirarse en el espejo de su propia Historia.
Historia, memoria y lugares de la memoria han sido elementos abordados en los dos últimos números de la Ezkaba, concretamente sobre los trágicos acontecimientos de 1936. Y lo hemos hecho en euskera, una pequeña gran deuda que la propia revista sigue teniendo pendiente consigo misma.
¿Qué es, pues, Ezkaba? Ezkaba es monte, presidio, barrio, euskera, ermita, cantera, fuerte… Ezkaba es, también, un lugar de la memoria.
Ezkaba ha estado siempre presente en la vida del barrio, desde tiempos inmemorables. Ciertamente, no había más que levantar la mirada para constatar que ahí seguía, indiferente al día a día de las gentes que gozaban y sufrían en su regazo. Como no es menos cierto que hoy, para poder divisarlo, hace falta algo más que levantar la mirada, perdidas como andamos en esta jungla de asfalto, cemento y hormigón en que nos han convertido el barrio durante los últimos 20 años.
Ezkaba es euskera. Tenemos constancia desde la Edad Media, y son diversas las grafías con las que aparece en la documentación histórica: Ezquaba en el año 1291, Escava en 1294, Eçquava en 1321, Ezcuaba en 1340. Desde el siglo XIX la grafía normalizada es Ezcaba en castellano y, ya desde el XX, Ezkaba en euskera.[1] Hace ya mucho que Jimeno Jurío, persona muy querida en el barrio, advertía sobre la liquidación de nuestro patrimonio cultural autóctono, del que la lengua vasca es elemento fundamental. En efecto, ignorado por los navarros el significado o contenido semántico de las palabras euskéricas usadas por sus antepasados, se tiende a sustituirlas por su equivalente castellano, («Junto al pueblo» en vez de «Erriondoa»), se introducen cambios corruptores de vocablos por asimilación formal a la lengua prevalente («La Rubia» por Arrobia», en pueblos de la Cuenca pamplonesa), o son sustituidos por otros más conocidos, como en los casos muy frecuentes de imposición de nombres de santos, tales como «San Cristobal» al monte Ezkaba. En palabras de Jurío, “el profundo deterioro y pérdida de la toponimia forma parte, mínima pero sustancial y significativa, de la actual y más profunda e irreversible crisis de personalidad e identidad que ha experimentado Navarra en toda su historia”.[2] La denominación de San Cristóbal tiene su origen en la advocación de una ermita que estuvo situada en su cima y de la que se tiene constancia desde el siglo XIII.
Ezkaba es monte. Su ladera sur ha estado cubierta de viñas, junto a robles, encinas, pastos y malezas, que constituyeron la cubierta vegetal autóctona hasta el siglo XX. En la actualidad la vegetación predominante en sus laderas está compuesta por quejigos y pinos de repoblación. Al abandono que se ha visto sometido durante décadas, hay que añadir el daño producido por los incendios que en más de una ocasión han provocado las maniobras militares del Ejército español en sus laderas. Son muchas las personas, también las gentes de la Rotxa, que todos los otoños toman parte en la Marcha Popular a Ezkaba, organizada por la S.C.D.R. Anaitasuna, para reivindicar Ezkaba como un espacio natural con la atención que se merece.
Ezkaba como fortaleza. En su cima se encuentra el Fuerte de San Cristóbal, también conocido como Penal de San Cristóbal, Fortaleza de San Cristóbal o Fuerte Alfonso XII. Este baile de nombres sirve de consuelo para alguien como un servidor, que no acaba de entender tantas denominaciones para Arrotxapea, un barrio también conocido como Rotxapea, Rochapea, Rotxa, Errotxapea o Arrotxa, ¡en fin! La fortaleza de San Cristóbal es una impresionante obra de ingeniería militar, planificada y dirigida desde 1878 hasta 1895 por el comandante de ingenieros José De Luna, ascendido por ello a general. Las obras se prolongaron hasta 1919. Se decidió realizarlo después de la última guerra carlista, tras comprobar la vulnerabilidad de la ciudad ante las modernas piezas artilleras colocadas en lo alto del monte.
Previamente, se dinamitó la cumbre del monte para que la fortaleza quedara enterrada. Tras la construcción se cubrió de muros de tierra hasta dos metros protegiéndola así del fuego artillero y rodeándose de un amplio foso que impidiera el paso de la infantería. La extensión es de 615.000 m2 de terreno, de los que 180.000 m2 son de la fortaleza. Hasta hace pocos años había un reducido grupo de soldados haciendo guardia a la entrada. Actualmente la fortificación está cerrada, aunque sigue perteneciendo al Ejército español.
Ezkaba, desgraciadamente, también es prisión. Aunque dirigido como fortaleza artillera que protegiera a Pamplona, el Fuerte no llegó a ser utilizado con esos fines, pues al finalizar había quedado obsoleta ante posibles ataques de la aviación. Su uso real ha sido como cárcel o penal entre 1934 y 1945 (ver Ezkaba, nº 192), un lugar de la memoria, por tanto, que no puede dejar de remover conciencias… con el objetivo último de que todo aquello no vuelva, nunca más, a suceder. Porque queremos un Ezkaba que no sea presidio, fortaleza, ni fuego de militares, sino un Ezkaba barrio, euskera y espacio natural. Esa es la Ezkaba que queremos, y en nuestras manos está que así sea.

Patxi Abasolo Lopez
[Ezkaba aldizkaria, 193. zka., 2012ko martxoa]


Pabo Neruda:
“Yo recuerdo”
“Doy fe!
Yo estuve allí,
yo estuve y padecí
y mantengo el testimonio
aunque no haya nadie que recuerde,
yo soy el que recuerda,
aunque no queden ojos en la tierra
yo seguiré mirando
y aquí quedará escrita aquella sangre,
aquel amor aquí seguirá ardiendo,
no hay olvido, señores y señoras,
y por mi boca herida
aquellas bocas seguirán cantando!”[3]






[1] Toponimia Oficial de Navarra, Euskarabidea/Instituto Navarro del Vascuence
[2] “Navarra-Nafarroa lengua”, Auñamendi Entziklopedia
[3] “Yo recuerdo”, Pablo Neruda, en El ovillo de la memoria.



2 comentarios:

Patxi Abasolo Lopez dijo...

Más información sobre nuestra histoira en el libro:
Patxi Abasolo, "Arrotxapea: Historia, Memoria, Compromiso", Iruñea: Jai Batzordea, 2012.

Patxi Abasolo Lopez dijo...

Y Ezkaba fue castillo, aquel viejo castillo del siglo XII, cuya función era vigilar las rutas, y que fue destruído en tras la Guerra de los Burgos de 1276.