jueves, 29 de marzo de 2012

Reflexiones sobre Movimientos Populares

Arrotxapeako Grafitia, 2012-martxoa-29
Argazkia: Patxi Abasolo Lopez
   Hoy, jornada de Huelga General, vamos a intentar conjugar la teoría con la práxis. Así, he aquí un ejercicio práctico de reflexión para llevarlo a cabo una vez concluída la larga jornada de lucha y movilización. Se trata de un extracto del artículo "Tareas del movimiento popular vasco", escrito por Iñaki Gil de San Vicente, pensador marxista, y publicado en Gara este lunes, 26 de marzo. Como concluye el autor, "el movimiento popular ha de potenciar su militancia, única garantía de su radicalidad teórica y política". A ver qué os parece. Los graffitis han sido fotografiados hoy en Arrotxapea.

Tareas del movimiento popular vasco


"[...] Pero ¿qué unifica al movimiento popular? La respuesta la encontramos en nuestra historia: desde su origen allá en lo más plomizo de la dictadura franquista, por no retroceder más en el tiempo. A diferencia de los «movimientos sociales» nacidos en la década de 1960, los movimientos populares ya habían fusionado desde antes las reivindicaciones del pueblo en muchas luchas vitales para su cotidianeidad, con una clara identidad vasca cada vez más coherente y precisa, de manera que, mediante esa fusión, estos segundos fueron una poderosa fuerza de masas decisiva para superar la trampa de la llamada «transición democrática».
   Los movimientos populares se enfrentan al Estado en todas aquellas áreas cotidianas en las que la explotación burguesa y la opresión nacional superan lo estrictamente económico, patriarcal y juvenil, para abarcar el resto de la cotidianeidad del pueblo, sus vivencias. Si bien en sus formas externas la amplísima gama de injusticias cotidianas presenta una variedad deslumbrante, una mirada atenta nos descubre cuatro constantes que las recorren internamente.
   Una es la dependencia hacia los planes estratégicos del Estado ocupante y de la burguesía colaboracionista, muy en especial en las largas crisis globales como la actual, cuando el Estado descarga en los pueblos trabajadores que domina el grueso de los costos de la crisis, como sucede ahora mismo. Debido a esto, se endurece la totalidad de las injusticias cotidianas, desde la opresión lingüístico-cultural hasta la sanidad. De aquí que una de las tareas fundamentales del movimiento popular sea la de sacar a la luz cómo el ataque socioeconómico empeora las problemáticas concretas de cada movimiento popular.
   La segunda es que cada movimiento popular debe elaborar alternativas concretas en su campo de intervención, proponiendo soluciones inmediatas pero también mediatas, no limitándose al presente, sino conectándolo con avances posteriores que deben ser debatidos democráticamente. Si siempre es un error limitarse a enseñar los objetivos inmediatos sin señalar los de más largo alcance, en el contexto de la devastadora crisis actual este error es catastrófico.
   Uno de los grandes enemigos de toda práctica concienciadora, además del miedo a las represiones varias, es el de la ausencia de una perspectiva de futuro, la creencia de que no existe alternativa mejor por la que luchar a largo plazo. Este error hace que muchas luchas se desinflen y aletarguen nada más haber logrado una mejora de las condiciones presentes, creyendo que la lucha ha terminado o que es imposible continuar avanzando. Y las alternativas las han de elaborar los propios movimientos, porque ellos conocen mejor que cualquier burocracia de partido lo que ocurre y cómo solucionarlo.
   La tercera es que los movimientos populares han de relacionarse entre ellos por la sencilla razón de que su enemigo es uno, el bloque formado por el Estado y la burguesía colaboracionista, en última instancia, el enemigo es el capitalismo. Por esto, todos los movimientos han de mantener relaciones de debate y elaboración común para perfeccionar la dialéctica entre sus específicas luchas y la intervención común contra el mismo enemigo. Pero esta interrelación ha de abarcar también al movimiento obrero, al movimiento feminista y al movimiento juvenil. La sociedad burguesa se vertebra sobre la explotación de la fuerza de trabajo social, y cuando se llega a un nivel de choque serio entre el pueblo y la burguesía, entonces es de vital importancia la unidad de todas las formas de expresión de la fuerza de trabajo social, sea asalariada o no.
   Y la cuarta y última es que el movimiento popular tiene que ser el embrión del poder popular en su triple manifestación de, por un lado, una de las bases autoorganizativas del pueblo trabajador; por otro lado, una fuerza teórica radical que aporta alternativas y soluciones no asimilables por el capital, ya que surgen de lo más profundo de las aspiraciones del pueblo, de su vida misma; y por último, una fuerza antiburocrática y de crítica constructiva contra las tendencias objetivas hacia el burocratismo dirigista y sustitucionista, tendencias que se refuerzan por la innata capacidad de asimilación en el orden del capital que tiene la democracia burguesa por muy limitada que esté, y por muy extranjera que sea [...]"



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