martes, 15 de mayo de 2012

Así era Arrotxapea hace 20 años


He aquí el artículo que he escrito para la revista Ezkaba del mes de mayo, correspondiente al número 195. Al final del mismo podéis leer la revista íntegramente.

Arrotxapea 1992. urtean


Aurten Ezkaba aldizkariak 20 urte bete ditu. Zinez egundoko aldaketa ezagutu du gure auzoak, bereziki Hirigintza Planek eraginda. Bestelako kontuetan, ordea, oso antzekoak dira garai hartako eta egungo kezkak, buruhausteak eta aldarrikapenak: langileen egoera, gazteentzako lokalak, euskara, dependentziak…

Ezkaba, nº 1, 1992-febrero.
Ezkaba nació en diciembre de 1991, cuando su primer equipo de redacción se puso manos a la obra para elaborar el número 1 de la revista, que saldría finalmente en febrero de 1992. El barrio estaba inmerso ya en un proceso de transformación que lo haría irreconocible a propios y a extraños. Gavilán, alma del grupo de música Tijuana y Huajalotes, recordaba así su infancia:
“Yo recuerdo que los críos de antes éramos más asilvestrados, que si los árboles, las cabañas, las escapadas a San Cristobal a por ciruelas, la recogida de cartón para sacar pelas y comprar chucherías… pero ahora, entre las calles llenas de coche y videojuegos… Antes había más ambiente de barrio. Me acuerdo, por ejemplo, que como no había porteros automáticos más de una vez tenía que gritar: ¡Mamá, échame pan con chocolate!, y uno se pegaba con otro y salían las mujeres al balcón a reñir. No sé… yo lo recuerdo antes como más barrio” (Ezkaba, nº 11, diciembre 1993).[1]

Cambios urbanísticos
Esos primeros años 90 fueron los del Plan de Urbanización para el barrio. Las transformaciones fueron de gran calado: Puente de San Pedro peatonal, Puente del Vergel, Puente de las Oblatas, Rotonda de Cuatrovientos, creación de nuevos viales y destrucción de las casas viejas de Errotazar y las huertas... Siendo la zona con más espacios verdes, no contaba con un parque en condiciones como Biurdana, el Parque del Mundo o el de Irubide. En efecto, el verde era el gran ausente en los lugares de encuentro como la plaza de las casas de San Pedro, la plaza de los Corralillos o la calle Urzainki. Salvo el proyecto del Parque del Arga incluido en el Plan Parcial, el Ayuntamiento no preveía ningún espacio de esas características. Una vez más, la constancia de las reivindicaciones vecinales haría posible el actual Parque de los Enamorados, bautizado en un principio como Conde Gages. En este caso, valores más hermosos se impusieron a militares que poco han aportado a las gentes de aquí. Todo hay que decirlo, no estaría mal que también desaparecieran personajes siniestros como el virrey Armendariz o Pedro de Ursua, nada modélicos para quienes creemos en una sociedad sin conquistadores ni conquistados, por más que aquellos hayan nacido en estas tierras.
Aquellos años, el Centro de Salud, inaugurado en mayo de 1991, tomó el relevo al viejo ambulatorio de San Pedro. También en San Pedro se encontraba la Biblioteca, junto al Club de jubilados, la cuál venía funcionando desde 1970. Mientras de producía la urbanización de Bernardino Tirapu, el colegio de EGB San Antonio, regentado por los Padres Capuchinos, cerró sus puertas en el verano de 1992. Aquellos 17 alumnos, numéricamente, distaban mucho de los más de 200 alumnos que llegó a albergar aquel centro surgido con el objetivo de escolarizar a los hijos de la clase trabajadora.

Problemas sangrantes
Entre los debates más encendidos se encontraban la cuestión de realojo para personas de raza gitana, el racismo y la justificación de lo injustificable, y la siempre sangrante realidad de las drogas.  Arrotxapea llegó a ser la segunda zona de Iruñea donde se recogieron más jeringuillas aquel 1992, después del Casco Viejo: 10.757 jeringuillas. En Oblatas (sí, donde se casó Miguel Indurain en noviembre de ese año) se encontraba la sede del Proyecto Hombre, proyecto que nació en Navarra en 1991 y que se caracterizaba por sus fases de acogida, comunidad terapéutica y centro terapéutico de reinserción.
Grupo Rotxa Intsumisioa, 1994.
Fuente: Ezkaba aldizkaria.
La represión también golpeó a la juventud rotxapeana de entonces. La noche del 14 al 15 de diciembre de 1991, el joven Mikel Iribarren recibió un disparo de bote de humo en la cara a escasos metros de distancia, entre la iglesia de San Lorenzo y el Rincón de la Aduana. El 19 de abril, Ulises Denia Fernández resultó herido por un disparo de bala en la boca del estómago en las movilizaciones de Sevilla contra la Expo y el Vº Centenario de la Conquista de América. En mayo, el fiscal solicitaría 75 años de cárcel para Germán Rubenanch por su actividad en Euskadi Ta Askatasuna, e insumisos como Santi Kiroga, Jesús Valencia o Pablo Exhegaray acabarían pasando por los distintos tribunales españoles. Unos años más tarde, en 1994, nacería el colectivo Rotxa Intsumisoa, que se reunía los miércoles a las 18:30 en Juslarrotxa (antigua fábrica de Gomáriz). Distintas experiencias protagonizadas por vecinos insumisos fueron recogidas por la Ezkaba en tres números consecutivos entre febrero y abril del año pasado.

Okupa y preokupa
También en Juslarrotxa se reunía la recién nacida Gazte Asanblada, cuya preocupación más inmediata era conseguir un local autogestionado. Las palabras de aquellos jóvenes, recogidas por la Ezkaba dos años más tarde, no han perdido nada de actualidad: “La juventud actual, quizá más que nunca, necesita organizarse para crear cauces propios de expresión y reivindicación a no ser que prefiera cubrirse con el peligroso manto de la indiferencia conformista” (Ezkaba, nº 12, enero-1994).[2]
El espacio autogestionado ya había sido una realidad meses antes de crearse la Gazte, gracias a la okupación de Lore Etxea, junto al puente de San Pedro y una de las puertas de las piscinas de Aranzadi. El 19 de mayo de 1991 entraron en el edificio de dos pisos y propiedad del ayuntamiento, adornando su fachada con un “Ni Dios ni amo ni marido ni partido”. Desde sus primeros momentos, las actividades se sucederían una tras otra, desde los primeros ensayos de Tijuana y Huajalotes hasta talleres como el de xerigrafía, siempre bajo la inspiración del auzolan, un valor que ha caracterizado a las gentes de aquí desde tiempos inmemorables. Poco duró la experiencia, no obstante, pues el 25 de agosto de 1992 fue desalojada y derribada bajo la responsabilidad del alcalde Alfredo Jaime. Las distintas movilizaciones tuvieron como resultado cuatro detenidos, puestos en libertad hacia las diez y media de esa misma noche.
El enfado del río Arga no era mucho menor, desbordándose por dos veces aquel otoño, el 23 de octubre y el 8 de diciembre de 1992. El mismo que tenían euskaldunes y euskaltzales del barrio ante la imposibilidad de que las más txikis puedan estudiar en euskara, y antes las constantes trabas impuestas a los colectivos de alfabetización de adultos como AEK. Ese año fueron dos los grupos que provisionalmente estudiaron euskera en Juslarrotxa. Ese año conoció la primera edición de Euskal Astea, celebrada en el Colegio La Compasión. Pese a que el tiempo no acompañó en absoluto, los colectivos implicados en la organización de las fiestas consiguieron recuperarlas, “tras una temporada de crisis”. Del 19 al 21 de junio de aquel año, txikis y mayores pudieron disfrutar del torito de fuego, pelota, gincana y bailes, con kalejira y txosnas incluidas. Entonces, como hoy, parece ser que los menos han de pringar para que los más se lo pasen bien, aunque, todo hay que decirlo, esto no siempre funciona. Lo hemos podido comprobar en más de una ocasión.
Asociaciones juveniles, de mujeres, de tiempo libre, antirrepresivas… completaban un tejido social y popular que ha protagonizado un sinfín de proyectos estas dos últimas décadas que nos han precedido. Sin ellas, las de hoy no lo serían. Por eso son imprescindibles estas últimas, las de hoy, para que mañana también puedan serlo.
Quiero concluir este artículo con una imagen, la fotografía realizada en aquel entonces por un buen amigo de la Ezkaba que, como otros muchos a lo largo de estos veinte años, terminó por dejarnos, aunque no del todo. Así describió Jesús Lezaun el barrio en el primer número de la revista, en febrero de 1992:
“La Rotxapea es, desde siempre y al parecer para siempre, un barrio inacabado […] En él hay más suciedad que en sitio alguno […], calles más tortuosas y más estrechas, más y más cosas rotas… Y no tanto porque las rompamos los que vivimos aquí, sino porque, una vez rotas, rotas se van a quedar para siempre; casas nunca terminadas del todo, planes una y otra vez reiterados y jamás realizados. En la Rotxapea muere más gente por la droga que en barrio alguno de Pamplona. Y eso, no porque aquí se consuma más, sino porque la que se consume es peor, en peores condiciones, porque no hay dinero para pagar de la buena, de la segura. Y acaso hay aquí más gente con ganas de consumirla, simplemente porque tiene más cosas que olvidar.
Pero en este barrio también bulle la vida más abundante y más jugosa que en parte alguna. En pocos barrios existen tantas iniciativas de todas las especies, debidas al interés de las gentes, como en éste. Cierto que a veces se fragmenta todo un poco en demasía, que somos poco perseverantes y poco constantes en los que se inicia. Los pobres siempre nos dividimos en exceso, y la creencia de medios y el tremendo esfuerzo que hay que hacer para sostener lo que surge proporcionan el cansancio y la dispersión. Pero renacemos cada mañana de nuestras propias cenizas. Acaso por pura necesidad. Si los pobres no espabilamos, nadie nos sacará las castañas del fuego […] ¡Barrios proletarios del mundo, uníos!”[3] ¡Que así sea!






 [1] Andrés Fernández, “Entrevista: El nido del Gavilán”, Ezkaba, nº 11, diciembre 1993.
[2] Andrés Fernández, “Gazte Asanblada: un compromiso con la juventud”, Ezkaba, nº 12, enero-1994.
[3] Jesús Lezaun, “Los Barrios”, Ezkaba, nº 1.

1 comentario:

Patxi Abasolo Lopez dijo...

Más información sobre nuestra historia en el libro:
Patxi Abasolo, "Arrotxapea: Historia, Memoria, Compromiso", Iruñea: Jai Batzordea, 2012.