martes, 10 de julio de 2012

1912, un mes de Sanfermines

   La presente crónica de los Sanfermines de 1912, ha sido escrita por Fernando Hualde en el Diario de Noticias de ayer, lunes.

"[...] Antaño, ciertamente, no eran tan largas las fiestas de San Fermín, a pesar de que las fechas que aparecían impresas en el cartel nos inducen hoy a engaño; vemos en los carteles antiguos que las fiestas se acababan el 18 de julio, incluso el 21 en algunos casos, pero no es así; si observamos bien aquellos carteles lo que anunciaban eran las Fiestas y las Ferias de San Fermín, y eran estas últimas, las Ferias de ganado, las que llegaban a durar hasta el 21 de julio; mientras que las Fiestas propiamente apenas duraban cuatro días, con encierros y corridas, celebrándose posteriormente, el 14, la octava de San Fermín.
   Sin embargo hace exactamente cien años hubo una excepción. Las fiestas duraron, y de esas maneras, nada menos que un mes. Estamos ante las fiestas más largas que se conocen en toda la historia de los Sanfermines, y también unas de las más especiales. El programa de festejos de este año era una fusión de actos y acontecimientos entre los que además de las propias fiestas en sí, se incluían la celebración de la VI Semana Social (que comenzó el 27 de junio), la Gran Semana de Aviación, el Congreso de Viticultura, el Gran Concurso Hípico y... nada menos, que el VII Centenario de la Batalla de las Navas de Tolosa, que sirvió también para conmemorar los setecientos años del escudo de Navarra (algo que históricamente no es del todo correcto). Es así como las fiestas de 1912 duraron, como quien dice, un mes; y no hay que olvidar que cada uno de estos acontecimientos iba adornado de numerosos festejos populares, llegando a celebrarse la quinta, y última, corrida de toros el día 21. "Un mes de fiestas es demasiado, y solo se puede tolerar cada setecientos años", decía después El Pensamiento Navarro quejándose de lo maltrechos y vacíos que se habían quedado los bolsillos. Le correspondió a don Joaquín Viñas ostentar la alcaldía de la ciudad durante las fiestas de este año.
   Curiosamente nadie se acordó entonces del IV Centenario de la Conquista de Navarra, y si se acordaron no trascendió en la prensa ni en impreso alguno de los que hoy se conservan.
   A esta anormalidad de programa festivo, la de tantos días de duración, hay que añadir la presencia del rey Alfonso XIII, que llegó a Pamplona el 16 de Julio para dar más realce a los actos que la Diputación Foral había organizado para conmemorar aquella gloriosa victoria del rey Sancho VII El Fuerte. Aquél séptimo centenario de la batalla de las Navas de Tolosa sirvió, igualmente, para popularizar el escudo de Navarra, que oficialmente había sido regulado dos años antes su diseño, muy similar al actual, que sirvió en 1985 como inspiración para el definitivo que hoy se exhibe en la bandera de Navarra.
   Otra anormalidad en aquellas fechas de 1912, y esta sí que no entraba en el programa, fue una inoportuna huelga de panaderos de la que, pese a contar con el boicot informativo de los medios, se supo que contó con la participación de al menos 50 obreros del gremio.
   Y puestos a narrar curiosidades, seguidamente trascribimos como recogía El Pensamiento Navarro el 12 de julio un curioso incidente, el de un sombrero que se incendió: "Con objeto de que no se repita el caso, conviene encargar al conductor del zezensuzko no lleve el toro de fuego por el paseo principal. La última noche se incendió el sombrero de una señorita que se hallaba en el Paseo por haberle alcanzado una chispa del zezensuzko. Que vaya éste por el centro de la Plaza del Castillo, en cuyo lugar como el público está de pie y se apercibe de la llegada del toro de fuego puede apartarse, pero en el paseo no es natural que el público que está sentado crea que al conductor del toro le va a dar la funesta ocurrencia de obligarle a abandonar el asiento y echarse a correr. A causa del hecho que apuntamos la noche a que hacemos referencia, se desmayó una señorita forastera. Que no se repita el caso".
   Frente a todo el programa de pomposos acontecimientos que se ofertaban, los pamploneses tuvieron oportunidad también de asistir a partidos de pelota, a partidos de foot-ball, a la carrera ciclista, o a cualquiera de los espectáculos que se ofrecía en el Teatro Gayarre, en el Salón Novedades y en el Circo Feijóo, o a las proyecciones cinematográficas que ofrecían los cines Actualidades, Rocamora y Montero. Y por si todo esto no fuese suficiente, las Escuelas de San Francisco alojaban una interesante Exposición Fotográfica sobre temas vasco navarros.
    En lo que ha corridas de toros se refiere, que por aquél entonces eran a las 4.30 de la tarde (y los encierros a las 6 de la mañana), olvídense ustedes de lo que anunciaba el programa oficial. El reparto definitivo fue el siguiente. 1ª corrida: Punteret, Pastor y Bienvenida, con toros de la ganadería de Gamero Cívico; 2ª corrida: Pastor, Gallito y Cocherito, con toros de la Viuda de Murube; 3ª corrida: Pastor, Gallo y Cocherito, con toros de la ganadería de Concha Sierra; 4ª corrida: Pastor, Cocherito de Bilbao y Chiquito de Begoña, con reses de Guadalets; 5ª corrida: Minuto, Machaquito y Bienvenida, con toros de la ganadería de Fernando Parladé; y la corrida de prueba: Pastor y Cocherito, con morlacos del Marqués de Villagodio.
   Al margen de todos los cambios que sufrió el cartel, lo más llamativo es el retorno de la ganadería de Concha Sierra, que no había vuelto a Pamplona desde 1898, año este en que sus toros protagonizaron una espectacular fuga.
   De los actos de este año se llegaron a editar, al menos, cuatro programas diferentes. Uno de ellos era el programa oficial del Ayuntamiento; un segundo programa, comercial, se ofrecía como guía y programa oficial de las fiestas de San Fermín y de los actos del VII Centenario (editado por la Imprenta Alemana, de Madrid); el tercero era un programa exclusivamente sobre los actos del VII Centenario de la batalla de las Navas de Tolosa (editado por el impresor Eduardo Arras, de Madrid); y el cuarto, era un programa editado por los señores Santo y Gargallo, de Pamplona.
   1912 fue también un año de estrenos. Así pues los gigantes y cabezudos estrenaron nuevos uniformes, obra del maestro Fraile, confeccionados con arreglo a los últimos lamentos que ha lanzado la moda. La Reina Europea tuvo también, como es lógico, un nuevo ramo de flores, acorde con su nueva indumentaria. Desde Barcelona llegaron también dos kilikis (Napoleón y Patata) y dos nuevos zaldikos para reforzar la comparsa. Maceros y timbaleros lucieron también nuevos uniformes.
   La ciudad estrenó la nueva plaza de San Francisco, que en ediciones anteriores lucía un letrero que decía plaza en urbanización; este año los forasteros se encontraron con una plaza a estrenar, en la que se exhibía, sobre pedestal, la estatua de Ceres, más conocida como la Mari Blanca, rodeada ésta de jardincillos y custodiada por dos esbeltas farolas.
   Otra novedad de las fiestas de este año fue el Cinema Actualidades. Esta nueva empresa se dedicó a impresionar (grabar) todos los actos festivos, para proyectarlos cada día en su salón cinematográfico. Los pamploneses pudieron ver aquél año bonitos documentales sobre la inauguración del restaurante Besta Jira, el desencajonamiento de las diferentes ganaderías, las vísperas, la procesión, el encierro, las corridas, la llegada del rey, y un largo etcétera.

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