domingo, 8 de julio de 2012

Ziztadak (IV): German Rodriguez Saiz


German Rodriguez Saiz

Represión como instrumento político. El objetivo: imponer un miedo inmovilizador y desmovilizador en las gentes de abajo, para que el mundo impuesto por los de arriba no experimente cambio alguno (a mejor, por supuesto). No es nuevo. En la historia de las gentes navarras, de las vascas (valga la redundancia), esa represión ha marcado acontecimientos que, a su vez, han marcado el devenir de las gentes de aquí.
-          Coronel castellano Cristóbal Villava, año 1516, cuarto de la ocupación militar del reino navarro: “Es preciso imponer a los pueblos un saludable temor”.
-          General Emilio Mola, 19 de julio de 1936, militar español y máxima autoridad de los rebeldes en Navarra: “Es necesario crear una atmósfera de terror, hay que dejar sensación de domino eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todo el que no piense como nosotros”.
-          Comandante Avila, año 1978, Iruñea: “No he venido sólo a sustituir a un colega de profesión, sino a dar un escarmiento a esta ciudad porque esta ciudad es muy rebelde”.
La represión fue la base de todos los sistemas políticos impuestos en esos momentos históricos, en la segunda década del siglo XVI, en la dictadura resultante de la victoria nacional de 1936, y en el régimen monárquico-parlamentario impuesto cuando esa dictadura ya no daba más de sí, a finales de los años 1970.
Fue entonces, hace ya 34 años, cuando el joven militante de izquierdas German Rodriguez Saiz cayó asesinado en la avenida Orreaga de la vieja capital vascona. El 8 de julio de 1978, en plenos Sanfermines. Fueron años de cambio, de lucha, de represión, de dolor y de ilusión. ¿Reforma política o Ruptura democrática? Nada estaba decidido.
Finalizada la corrida de toros de aquel día, mozas y mozos entraron en la plaza con una pancarta que gritaba “Amnistia!”. Detrás vinieron los uniformados, y con ellos porrazos, pelotazos… y más de 150 balas. La orden era contundente: “Tirad con todas las energías. No os importe matar”. Y así hicieron. Siete jóvenes heridos de bala, y Germán terminó por desplomarse sin vida, asesinado.
Este 8 de julio, una vez más, jóvenes y no tan jóvenes se han dado cita en el mismo lugar para exigir verdad, justicia y reparación. Con el compromiso de seguir intentando cambiar, a mejor, un mundo impuesto a sangre y fuego por conquistadores, virreyes y demás representantes de una España que, esperemos, no llegue nunca a serlo.



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