martes, 2 de octubre de 2012

Eric Hobsbawm in memoriam


Ayer falleció en Londres el historiador marxista británico Eric Hobsbawm, a los 95años de edad. Nacido en Alejandría (Egipto), sus años jóvenes discurrieron en Viena y Berlín. Tras quedar huérfano, en 1933, año en que Adolf Hitler llegó al poder, se trasladó definitivamente a Londres con su tío paterno y su tía materna. Crítico con los regímenes del llamado socialismo real de los países del Este, nunca dejó de abrazar los ideales de Karl Marx y la revolución social. Especialmente importantes fueron sus aportaciones entre los años 1946 y 1957 dentro del grupo de Historiadores del Partido Comunista británico.
Han pasado ya casi 25 años desde que abrí, por primera vez, uno de sus libros sobre la historia de los siglos XIX y XX, “La Era de la Revolución: Europa 1789-1848”, el primero de aquella trilogía iniciada en el año 1962, continuada en 1975 con “La Era del Capitalismo: 1848-1875” y, en 1987, con “La Era del Imperio: 1875-1914”, convertida finalmente en tetralogía en 1994 con su “Historia del siglo XX”. Aquella primera trilogía, leída por imperativo académico durante mis años universitarios, pasaron a convertirse, una vez abandonada la Facultad de Geografía e Historia, en el legado que con más aprecio y cariño guardo, no sólo en las estanterías de casa, sino dentro de la propia construcción ideológica que a día de hoy tengo sobre la historia y la propia realidad que me rodea. Porque, en efecto, cuando aquellas lecturas dejaron de ser obligatorias pasaron a ser segundas, terceras y hasta cuartas lecturas, ayudando cada una de ellas a profundizar en aquella doble revolución burguesa e industrial, en la esclavitud y en los procesos emancipadores, en la trágica experiencia que el Capitalismo ha supuesto siempre para los de abajo, un coste que continúa sin reparación alguna. Aún no compartiendo la incapacidad que Hobsbawm y esas izquierdas clásicas han tenido y siguen teniendo para comprender las reivindicaciones de las naciones sin Estado en la Europa de hoy. Al fin y al cabo, nadie es perfecto.
Desde estas líneas, pues, un sencillo pero sentido homenaje a Eric Hobsbawm, un intelectual que supo ejercer como tal, aportando con lo que mejor sabía hacer, con todo su bagaje intelectual, a favor de la causa de las gentes oprimidas, esa cosa que, aunque a menudo no se sepa muy bien lo que es, lleva por nombre Clase Trabajadora. Y un cariñoso recuerdo a todas aquellas compañeras y compañeros de Facultad que me ayudaron a llevar a la práctica toda esa teoría, cautiva en las estanterías y entre las paredes de las aulas universitarias. Porque todo es posible, si así lo creemos.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

No diste guerra ni ná en la facu... Besos Julen

Patxi Abasolo Lopez dijo...

Aupa Julen, a ver si cuando nos llegue el momento podemos cantar como Silvio aquello de "yo me muero como viví". ¡Que cambien ellos! ¿verdad? Musuak