miércoles, 17 de octubre de 2012

Verano del 2012 en los Campamentos Saharauis


El número 198 de la revista Ezkaba, correspondiente al mes de octubre, recoge también un artículo en el cuál comento dos acontecimientos que marcaron la Hammada durante el pasado verano.

Campamentos saharauis de Tinduf

Durante este verano, finalizados los Sanfermines, el Pueblo Saharaui y los campos de refugiados de Tinduf, en suelo argelino, pasaron a ocupar las primeras páginas de los medios de comunicación. Fueron dos noticias de muy distinta índole.

Ainhoa, Enric, Rossella.
Oihana en el Sáhara
Dibujo: Oihana Abasolo, 6 años.
La primera de ellas fue la liberación en Malí de los tres cooperantes secuestrados casi nueve meses atrás, en octubre de 2.011: Ainhoa Fernández de Rincón, Enric Gonyalons y Rossella Urru. La revista Ezkaba tuvo la oportunidad de conocer in situ las consecuencias que aquellos hechos tuvieron en las gentes de los campamentos. Unos hechos que marcaron un antes y un después en la vida de Tinduf. La imagen de las tres jóvenes eran testigos mudos de todo ello. Siempre  estaban ahí, en el ambiente, en las viviendas de Rabuni, en las miradas de todas aquellas personas que habían vivido y trabajado con Ainhoa, Enric y Rossella. Pero, al mismo tiempo, se hacía duro y difícil hablar de ello. Cuando sucedía, el silencio iba imponiéndose poco a poco, hasta dejar de lado la cuestión definitivamente. Al confirmarse la noticia de la liberación he recordado todas aquellas veces que las gentes de Tinduf terminaban con un “no hay que perder nunca la esperanza”. Y, ciertamente, pocos pueblos habrá que tengan tanto de eso, de esperanza. Esperemos que un día pueda disfrutar del premio a tantos años de lucha y espera, de sufrimiento e ilusión: una República Saharaui libre.
Aquellos secuestros obligaron a los propios saharauis a reforzar las medidas de seguridad en los campamentos. Los miembros de la Ezkaba somos testigos de ello: guardias militares a las entradas de los edificios, toque de queda a las 19:00 horas, imposibilidad de desplazarse solos, y para trasladarnos de wilaya contábamos con un coche patrulla del Frente Polisario.

Golpe a la cooperación.
 No obstante, unos días más tarde, el 27 de julio, los titulares subrayaban la sorprendente decisión tomada por el Gobierno español de retirar de los campamentos a las personas cooperantes originarias de los distintos territorios bajo administración española. Sin contrastar con las personas afectadas; sin valorar las repercusiones que semejante medida podría tener en el mundo de la cooperación; sin valorarlo con las autoridades saharauis ni con las argelinas; y, lo que es más importantes, sin tener en cuenta las consecuencias, inmediatas y a más corto y largo plazo, que pueden tener en la propia población refugiada, 150.000 saharauis totalmente dependientes de la ayuda exterior.
Paradójicamente, el ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel García-Margallo, justificó la decisión alegando “razones de seguridad”, afirmando que la misma “se ha tomado por un cuestión de responsabilidad”. Sin más razonamientos para explicar uno de los tantos actos de irresponsabilidad política protagonizada por una España que no ha generado más que sufrimiento en todos los rincones geográficos del mundo donde ha desembarcado con su cruz y su espada.
En nuestro viaje a los Campamentos tuvimos la oportunidad de conocer a María Tavera, coordinadora del proyecto “Ojos del Sáhara”, desarrollado por la Fundación catalana “Ojos del Mundo”, una de las doce personas que fueron repatriadas a sus lugares de origen. María lleva años coordinando la labor óptica-oftalmológica, por medio de la cual se realizan comisiones quirúrgicas o talleres formativos en un medio desértico donde las extremas temperaturas son causa directa de, entre otras patologías, problemas relacionados con la córnea. “El jueves recibimos una llamada amenazante que nos decía que debíamos prepararnos para una evacuación. Se nos tendría que haber informado antes, y así, cada uno, dentro de sus organizaciones, hubiéramos evaluado cuál era la situación. La decisión ha sido tomada de manera unilateral por el Gobierno español, sin contar con la opinión del Gobierno argelino ni del saharaui; y es éste el que tiene básicamente el control de la zona que afecta a la población refugiada”.
¿A qué se debió, pues, una decisión tomada tan drástica como apresuradamente? ¿Sería una casualidad el discurso realizado días más tarde, el 30 de julio, por el rey marroquí Mohamed VI, en el que expresaba su “solidaridad” con España en la “difícil coyuntura” de crisis que padece, y su “compromiso de facilitar las oportunidades necesarias a fin de disponer de nuevas condiciones económicas apropiadas para poder crear riquezas compartidas”?.
Las organizaciones implicadas en la Cooperación y Solidaridad con el Sahara criticaron la actitud del Gobierno español y manifestaron la necesidad de mantener los proyectos de cooperación. Y lo hicieron de la forma más visual posible; es decir, regresando a los Campamentos de Tinduf, y aprovechando el viaje para hacer llegar un cargamento con ayuda humanitaria y medicamentos. Con toda la responsabilidad que implica el regresar a un lugar donde las dificultades y riesgos son evidentes, dando lecciones a un Gobierno que sigue siendo igual de irresponsable con las gentes que supuestamente gobierna ahora, como lo fue con las que supuestamente gobernó durante siglos de conquistas y colonizaciones.



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