jueves, 15 de noviembre de 2012

Calles de Arrotxapea: La Cruz y la Espada.


Hoy reproducimos el artículo que he escrito para la Ezkaba de este mes (nº 199), ya en la calle. 

Nuestras calles: La Cruz y la Espada.

Luze eta latza izan zen Maiteminduen Parkea lortzea, izana eta izena. Luzeago izaten ari da Jimeno Juriorena. Zeinen luze, ordea, hainbeste sufrimendua eragin duten militar eta eliz gizon horien itzala, gure auzoko zati handi bat goibeltzen duena!

Han pasado ya 10 años desde que nos dejara para siempre Jimeno Jurío, nacido en Artaxoa (Artajona) en 1927, bibliotecario en la vieja biblioteca de nuestro barrio, investigador en archivos y a través del trato con las gentes, autor de numerosas publicaciones sobre historia, etnografía, arte y toponimia. Demasiados años desde que la entonces alcaldesa Yolanda Barcina anunciara la adjudicación de una calle en recuerdo de una figura cuya aportación fue fundamental para un mejor conocimiento de nuestra historia y nuestra cultura. Desde entonces, la revista Ezkaba ha asumido tal reivindicación como propia, con la consiguiente tristeza por no terminar de verla hecha realidad.
Ciertamente, no parecen buenos tiempos para conceptos como democratización de las decisiones o participación popular. Nos imponen nombres de personajes que nada tienen que ver con las gentes del lugar. Es más, muchas veces, esas figuras representan valores y experiencias en absoluto modélicas para una sociedad que aspire a desarrollarse en paz y libertad.
Aunque, ciertamente, parece ser que no tiene por qué ser así. El pasado mes, nos llegaban noticias del otro lado del Bidasoa sobre un Ayuntamiento donostiarra dispuesto a poner en marcha una serie de mecanismos para que la ciudadanía, grupos, asociaciones y entidades de la ciudad participen en la elaboración de la ponencia sobre nombres de calles y puedan presentar sus propuestas de denominaciones. En fin, parece ser que de la Navarra occidental tenemos algo más que envidiar que sus playas, ¿verdad?
En el barrio, el Parque de enamoradas y enamorados es la prueba más evidente de que no tienen por qué salirse siempre con la suya. En este caso, como en los cuentos con final feliz, el amor se impuso finalmente a la guerra, al oscuro Conde de Gages, militar español (nacido en Valonia) y virrey de Navarra entre 1746 y 1753, figura ésta impuesta tras la conquista iniciada 200 años atrás.
¿Quiénes fueron realmente esos personajes cuyas calles limitan Arrotxapea en su vertiente norte? ¿Quiénes fueron el Virrey Armendariz, Pedro de Ursua, Rodrigo Ximénez de Rada, Tiburcio de Redin y Gerónimo de Uztariz? Todos ellos tenían un denominador común: hombres de armas al servicio del Reino castellano y español.
Rodrigo Ximenez de Rada nació en torno al año 1.170 en Gares (Puente la Reina). Aunque sirvió como consejero y diplomático del rey navarro Antso VII, sería finalmente en la Corte castellana donde medraría como Obispo de Osma y arzobispo de Toledo, tomando parte activa en las Cruzadas organizadas por la Iglesia contra el mundo musulmán. Autor también de obras como De rebus Hispaniae, falleció a orillas del río Ródano en 1.247.
Pedro de Ursua nació en 1526 en Arizkun (Baztan). Bajo el estandarte imperial español, se destacó en el sometimiento de pueblos como los panches, los muzos, los tayronas, así como el de los esclavos rebeldes que vivían lejos de las ciudades, más conocidos como cimarrones. Su última expedición militar fue en tierras peruanas en búsqueda del mítico Dorado, donde en 1561 terminó siendo asesinado por miembros de sus propias tropas, dirigidas por Lope de Aguirre.
El pamplonés Tiburcio de Redin y Cruzat, nacido en el año 1.597, ingresó con catorce años en los Tercios de Infantería españoles para combatir en las guerras de la península itálica. Su expediente bélico abarcaba lugares tan distantes como Portugal, Barcelona, o la costa atlántica americana. Y, tras la espada, vino la cruz bajo el nombre de Francisco de Pamplona, como se le conoció en su breve vida religiosa.  Murió en 1651, en el puerto venezolano de La Guaira, cuando se dirigía al Reino español con el fin de reclutar más religiosos para continuar el proceso de aculturación impuesta a los pueblos americanos.
José de Armendariz y Perurena, marqués de Castelfuerte, nació en Ribaforada en 1670, y murió en Madrid en 1740, muy lejos de su tierra, como todo buen navarro que se preste a medrar. Hombre de guerra prácticamente toda su vida, se encontraba ya a los veinte años en la guerra de Flandes. Luchó contra Aragón, Barcelona, Portugal y Sicilia, entre otros. Entonces todos ellos eran España. ¿Guerra entre españoles, a caso? Siendo gobernador y capitán general de Gipuzkoa, fue finalmente nombrado virrey de Perú, es decir, el representante de la Corona española en aquellas tierras conquistadas por las armas.
Contemporáneo del Virrey Armendariz fue Jerónimo de Uztariz y Hermiaga, nacido en la localidad navarra de Santesteban en 1.670, y fallecido en la capital española el año 1.732. Tras diez años como soldado en los Tercios de Flandes, sus idas y venidas entre Flandes y Madrid terminaron por elegir esta última ciudad como lugar para desarrollar su carrera en la administración del estado, primero dentro de Guerra y Marina, más tarde en la Real Junta de Comercio y Moneda del Consejo de Indias, ejerciendo una gran influencia en la política económica del rey Felipe V.
No estaría mal que recociésemos todo el sufrimiento que algunas gentes de aquí han generado contra otros Pueblos a lo largo de la Historia. Sin olvidar que con esas correrías imperialistas realizadas a sangre y fuego dejaron de escribir en el libro de nuestra Historia, para pasar a ennegrecer las páginas de la Historia de otros, llámese Castilla, España, Reino de España o Estado español. Lo cuál, ciertamente, es un alivio.




2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ennegrecer la historia de otros... Ja, ja, ja. Qué comentario más curioso (y falsario), para alguien que se permite hablar tanto de historia.

Durante el Imperio Español, cuando la cruz borgoñona era enseña oficial del mismo, muchos compatriotas, sobre todo guipuzcoanos y navarros, se dedicaron en nombre de ese imperio a "buscar fortuna" en las Américas: expoliar y masacrar los pueblos indígenas, del sur, del norte y de en medio.

Esa bandera, la borgoñona o de San Andrés, luego fue extendida a muchos municipios que todavía la mantienen (muchos vascos y navarros todavía), ya que eran de forma efectiva parte de ese imperio.

Así que nuestros navarrísimos compatriotas, vascoparlantes o no, se dedicaban a robar y masacrar a otros, ya hace quinientos años (y más), por el hecho de que estuvieran peor armados.

Creo que es manipulador y vil decir que "algunos" ennegrecieron la historia de otros cuando pasaron a hacer cosas malas. Cuando Carlomagno pasó Roncesvalles, los vascones de por aquel entonces (todavía no eran navarros, como supongo que sabrás) no le dieron matarile a Rolando tirándole margaritas. Cuando los navarros echaron a los moros junto al resto de cristianos de la península, tampoco fue tirándoles chorizo o chistorra para espantarlos. No, no. Y cuando "nuestra" y medieval guerra civil agramontesa-beamontesa los unos atacaban a los otros se hacía como se ha hecho hasta hace bien poco: degollando, clavando espada, pica o lo que fuere. Crujiendo costillas y cráneos. Cercenando y rebanando al adversario. Asesinando.

Los navarros hemos matado, aquí y fuera de aquí, en nuestro nombre o en el quien fuera. Como todo el mundo, por otra parte. A ver si os pensáis que la patria navarra era peña bailando danzas y zorcicos y pasenado ovejas, y pidiendo la paz en el mundo. Pero no es sólo cosa nuestra; es algo inherente al hombre, por desgracia.

Cuando Navarra fue conquistada por nuestros "hermanos" guipuzcoanos, entre otros, y defendida por mercenarios alemanes, entre otros, que eran muy hábiles con los cañones y artillería "moderna", ni los unos ni los otros, ni los defensores de Pamplona ni los del castillo de Maya despachaban a sus enemigos salvo a estocadas y puñaladas.

Me gusta que se recuerde el Reino de Navarra, lo que fuimos, lo que llegamos a ser. Pero no lo disfraces con excusas para proclamar la nación vasca que nunca existió (la nación navarra sí que lo hizo, y bien grande que llegó a ser). O decir que nuestros mercenarios lo fueron para otros.

Porque eso es mentir. ¿Es eso lo que pretendes, engañar o enseñar Historia?

Patxi Abasolo Lopez dijo...

Kaixo Anónimo
Acabo de leer tu comentario, no sé porqué, pero se me pasó en su día, pero bueno, no es tan grave, pues el intercambio de ideas se dio ya desde el momento en que lo enviaste y automáticamente se publicó en el Blog. Así que, en primer lugar, agradecerte el que hayas leído el artículo al que haces mención, y también el que hayas enviado tu opinión.
Sería excesivamente largo responde a todo lo que mencionas, aunque, evidentemente, sí quiero comentarte un par de cosas.
En primer lugar, aunque a ti te parezca lo contrario, nunca he tenido la mínima intención de manipular ni engañar a nadie, ni falsear historia alguna. No creo que puedas encontrar ningún dato falso en los distintos artículos que haya publicado. Eso no quiere decir que estén ausentes de carga ideológica, es más, con esa intención los escribo, desde mi propia subjetividad, como has hecho tú, eso sí, sin lanzar insultos ni ponerme nervioso, precisamente porque no tengo miedo alguno al intercambio de ideas y pareceres, mucho menos a un debate sobre acontecimientos históricos que, evidentemente, tienen que tener una base científica seria. Por eso no tengo intención de responder a esos calificativos de “manipulador” o “vil” de tu mensaje.

Mezclas muchas cosas: Orrega, Navas de Tolosa… En mi opinión, no es lo mismo defenderse de una amenaza exterior o llevar a cabo una limpieza étnica. Par la participación en la expulsión de los moros, como tú les llamas, te recomiendo un libro, reeditado hace algo más de un año en Pamiela: “Estudio sobre la campaña de Las Navas de Tolosa”, de Ambrosio Huice Miranda. Un trabajo de investigación de hace ya 100 años que, casualidades de la vida, no había visto la luz en suelo navarro.

Lo siento, pero esos hermanos vascos que mencionas nos conquistaron, no lo hicieron bajo estandarte vasco ni en pro de un proyecto vasco propio, sino como vasallos del reino castellano y bajo su estandarte, como muy bien lo sabes tú. Nada más lejos de la realidad esa fantasía que muchas personas tenéis de invasiones con ikurriñas en alto allá por 1512.

Y respecto a los navarros que participaron en la Conquista de América, en efecto, y tú lo dices, lo hicieron “para otros”, para ese reino extraño que previamente les conquistó a ellos, en el siglo XIII a los navarros al oeste del Bidasoa, y a partir del siglo XVI a los de la Alta Navarra. Porque igual se te ha olvidado el detalle siguiente: no hubo Jaso ni Azpilkueta alguno que cruzara el Océano para dominar otros pueblos. Las espadas que salieron hacia América desde la Alta Navarra lo hicieron no como navarros libres, sino como vasallos del emperador español que había hecho lo propio con su gente.

Izan ongi!