martes, 29 de enero de 2013

INAUTERIAK, mucho más que Carnavales


En Arrotxapea, inauteriak es cosa de txikis. Pues sí, amatxos, aitatxos y demás personas mayores animan (e incluso obligan) a l@s txikis a disfrazarse para disfrutar en unas fiestas que ell@s, quienes ya no son txikis, se niegan a participar activamente. En fin, no sé si es muy pedagógico transmitir algo que no un@ mism@ no practica, pero, ¡bueno!, se me ocurre que, igual, resulta que no sabemos muy bien de qué va ese asunto de Ihauteriak. He aquí mi última colaboración para Arriasko.com, donde se invita a reflexionar un poquito sobre esas costumbres, mitos y ritos. Ea zer deritzozuen!   

Inauteriak, mucho más que Carnavales


Badatoz Inauteriak! Al igual que en el resto de fiestas y manifestaciones culturales, una vez más, irán de la mano elementos como identidad, sentimiento comunitario, mitos y ritos; todos ellos reflejo de una forma de ser, sentir, vivir y morir de la comunidad que los celebra. Nada nuevo. A lo largo de la historia, en cualquier sociedad, los cambios, las transformaciones, los pasos de un estado a otro, terminan por ser ritualizados, como sucede con las distintas fases lunares y sus respectivos cambios de ciclo. No en vano, J. A. Urbeltz define la luna como “primer cronómetro del hombre [y de la mujer, supongo]”.
Parranda hutsa? Hoy entendemos los Carnavales como una oportunidad más para salir de fiesta. Al igual que otras muchas celebraciones, han ido perdiendo su significado originario. Ya lo hemos visto en el Solsticio de invierno, donde las costumbres navideñas y las leyes del mercado han convertido a Olentzero en un mero Santa Claus vasco. Puede que sea inevitable pero, eso sí, sería una pena, y un paso más en el proceso de aculturación que venimos sufriendo desde hace ya demasiado tiempo: aculturación impuesta por esas Iglesias castradoras y moldeadoras de conciencias; aculturación impuesta por esos proyectos nacionales extraños abanderados con bulas papales, duques de Alba y condes de Lerín, Inquisiciones y anillos en las escuelas; aculturación impuesta por supuestas culturas gobalizadoras contra esas otras culturas que luchan desesperadamente por seguir siéndolo.
Carnaval. Una vez más, es el calendario cristiano quien ha marcado nuestras fiestas. Carnaval (carne levare, en latín) quiere decir dejar la carne, pues precede a la Cuaresma, son los tres días anteriores al miércoles de ceniza. Frente a ello, los Carnavales suponían la última oportunidad de pasarlo bien antes de entrar en ese largo y oscuro tiempo de penitencia y oración. Y, de paso, una buena ocasión para la crítica social y la irreverencia, gracias a la máscara y al disfraz. No es de extrañar que durante décadas de dictadura y terror fuesen precisamente las fiestas, y con ellas los Carnavales, víctimas de la censura y la prohibición, hasta el último tercio del siglo XX.
Ihauteriak. Pero en estas tierras no se dice Carnaval, sino Inauteriak. Y, desde tiempos inmemoriables, se ha vivido como un momento mágico. Miel Otxin, Ziripot, Zaldiko, los txatxos, los perretzailes… Como nos dice Urbeltz, “en ese momento del año en que la luz no tiene vigor para romper la noche y las fuerzas demoníacas nacidas en bosques, pantanos y marisma se aprestan a salir de sus escondrijos para sembrar el terror, las comunidades se preparan para consultar lo que les deparará el provenir, mientras llevan a cabo prácticas rituales con fuego para intimidar a los insectos, además de disponer lo necesario para los ritos de renovación del agua y el fuego”. Son los zomorros, esos mosquitos que despiertan tras los fríos invernales, los mozorros (mascara) carnavalescos. Otras explicaciones nos hablan de makilas y ioaldunak instando a las semillas a germinar. Todas ellas nos llevan a épocas lejanas donde la tierra y los cultivos eran el eje en torno al cual discurría la vida y la muerte de las gentes de aquí.
Mozorroak eta zomorroak. Hoy sigue teniendo todo el sentido hacer frente a ese múltiple proceso de aculturación. Compaginando elementos nuevos, de hoy, con esos otros que nos han caracterizado a lo largo de los tiempos. Al fin y al cabo, la conjunción de todos ellos han de reflejar una forma particular de entender la vida y la muerte, la de las gentes de nuestro barrio, Arrotxapea, barrio extramuros más viejo de Iruñea. Muchos de los Inauteriak terminan con la muerte del personaje central: Miel Otxin, Zanpanzar o Mari Trapu, la malvada jefa de los francos que saqueó Navarrería en el siglo XII. Todos ellos son figuras que representan el mal, esos malos espíritus que se quieren ahuyentar.
Mientras pensamos quién puede ser ese símbolo de lo malo que, haberlo, lo hay, no estaría mal que también las gentes de Arrotxapea desempolvemos nuestros mozorros y, de la forma más alegre e irreverente, nos sacudamos de todos esos zomorros que no hacen sino complicarnos la vida y la muerte durante 360 días al año. El sábado, 9 de febrero, serán nuestros Inauteriak: fiesta, identidad, y mucho sentimiento comunitario, sentimiento de barrio. Beraz, haur, gazte zein betigazte, mozorratu, kalera atera eta zomorroak uxatu!

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