miércoles, 20 de marzo de 2013

Pedro de Alejandría: El Ruiseñor de Arrotxapea (2ª parte)



Artzaina 10 urtetik, izugarri zaildu zitzaion bizitza Perikori: gerra latza, botilaren morroi, noraezean ibili zen urtetan. Gero idazle, editore eta eskribaua izan arren, eskandalu izan zuen beti lagun, Iruñea kontserbadora eta elizkoi hartan.

El primer artículo sobre Pedro de Alejandría concluía con la muerte de su padre adoptivo y el traslado de toda la familia a la casa número 10 de nuestro barrio, entonces conocido como Juslarrocha. Periko tiene 10 años y, desde entonces, se dedica a la actividad del pastoreo, teniendo por escuela el río, las fuentes y abrevaderos, las campas y las gentes rochapeanas del primer tercio del siglo XIX. Este joven alegre, llena todos esos rincones con sus cantos, versos y el son de la gaita, con la satisfacción y el orgullo de quien se autodenomina el ruiseñor de la Rochapea.
“La fuente de Santa Engracia
alivia a los labradores
en el tiempo de la siega
sus fatigas y sudores”.
Pero algo trastoca la rutina de estos años, también la del joven Periko, miembro de una generación que llegará a conocer y sufrir en sus carnes dos procesos bélicos terribles: las Guerras Carlistas. La primera de ellas tiene lugar entre los años 1833 y 1839. No sabemos en qué bando lucharía nuestro joven rochapeano, ni tan siquiera si llegó a hacerlo, aunque todo apunta a ello, pues desde 1834 Periko ya no consta en los padrones municipales, ni en su familia, ni en ninguno otro de Pamplona. Tras un conflicto mucho más complejo de lo que se viene explicando en nuestros centros de enseñanza, y donde Navarra y sus gentes resultaron ser las grandes víctimas, Pedro de Alejandría aparece de nuevo en el domicilio familiar rochapeano, en el año 1841, a la edad de 24 años.
La Alta Navarra resultante de aquella contienda no será ya la misma. Legalmente, de ser un Reino (aunque lo fuese tan sólo formalmente) ha pasado a ser una provincia española con autonomía fiscal y administrativa. Además, las aduanas del Ebro desaparecen definitivamente (o, cuando menos, por ahora), se impone el cupo, un pago anual de 300.000 reales, así como el servicio militar a los jóvenes navarros, y otra serie de medidas acordes con el proyecto de nación-Estado para eso que denominan España.
Como la gran mayoría de jóvenes navarros, también Periko intenta por todos los medios evitar la recién impuesta mili. Tenemos constancia de la solicitud que realiza en 1841 y 1842 declarándose insolvente para librarse del pago de los cuatro duros o 120 reales vellón fijados por el Ayuntamiento para no ser alistado. De nuevo, perdemos su pista hasta que en 1848 reaparece en el censo de la casa familiar rochapeana, donde permanece por un tiempo de dos años hasta dejarla definitivamente.
El 23 de julio de 1848 es nombrado pregonero segundo de la ciudad, con un sueldo de 2 reales vellón diarios, cantidad insuficiente para mantenerse, por lo que debe realizar alguna otra actividad remunerada. Como dice Luis del Campo, “bastaba con saber leer letra corrida” y tener “adecuado timbre de voz, perfecta vocalización, habilitada para tocar el tambor o bien producir estridentes sones con el adecuado cornetín, capaces de congregar a grupos de vecinos y transeúntes, en ocasiones gentes ávidas de escuchar mandatos y noticias de los regidores”.

Años difíciles.
En 1850, con 33 años, Periko abandona Arrotxapea y sube a Pamplona, abriéndosele un paréntesis vital sin rumbo que autores posteriores harán, sin base real alguna, extensible al resto de su existencia. Continuando con Luis del Campo, “se intuye al bohemio, a la persona de costumbres arbitrarias y desordenadas, que no se somete a las normas ortodoxas societarias, que hace caso omiso de lazos afectivos que ligan con las personas del hogar tradicional. Deambularía por Pamplona a su aire, comería y pernoctaría según las posibilidades de su bolsa siempre flaca, cuyas monedas servirían de brújula del lugar a planear que calibraría como nadie, pues demostró posteriormente al publicar su Guía conocer al dedillo todo tipo de fondas, fondillas, posadas y recovecos pamploneses de su tiempo”.
Sus borracheras, escándalos y rifirrafes le hacen perder el puesto de pregonero segundo en junio de 1852, siendo a menudo objeto de denuncias y reclusiones en la Casa Correccional. Según informa el propio alcalde, Luis Iñarra, el 28 de abril de 1854, “Pedro Alejandría no tiene oficio conocido, si se exceptúa el destino de pregonero segundo o auxiliar que ejerció y del cual fue destituido por su mala conducta; que no tiene afición al trabajo, pues tuvo proposición de ocuparse en los graneros del Ayuntamiento en clase de peón y también malogró esta proposición; que es un beodo habitual que escandaliza frecuentemente al público; que es de genio díscolo o atrevido y por demás desatento e inobediente a las autoridades, por cuyas faltas ha sido corregido muchas veces y otras conducido a la Casa depósito Municipal a deshoras de la noche por los serenos por beodo abandonado”.
Pero ese paréntesis termina por cerrarse, si bien es cierto que nunca lo hará del todo, como siempre que se recurre a la botella como supuesto refugio de penas y frustraciones. Periko, a finales de los años 50, ya no es el mismo, y abraza con entusiasmo el mundo de las letras. Más allá de la calidad de su obra, el Ruiseñor de Arrotxapea se nos aparece como editor, impresor, escritor, escribiente de censos y, de nuevo, como pregonero segundo de la ciudad.

Escritor, editor e impresor.
En el padrón de 1862, año en que son unificados administrativamente los dos barrios extramuros de Pamplona, Madgalena y Juslarrocha (Arrotxapea), Periko aparece de nuevo habitando la vivienda de la familia Esain (que consta ahora con el número 61). Al año siguiente toda la familia abandona definitivamente el barrio para instalarse en el número 51 de la calle Mayor. En 1864, Periko deja, ahora sí definitivamente, el hogar familiar.
En 1862 publica su primer libro, Cartera de Perico…., donde se autodenomina fabricante de saliva, y en cuya portada aparece la única fotografía suya que se conoce, bajo la cuál se lee en grandes caracteres El Ruiseñor de la Rochapea. Al año siguiente publica en euskera y castellano Canciones de los quintos de las montañas de Navarra, salen a la venta los primeros ejemplares de la Guía de la Ciudad y Manual de Curiosidad, y Periko es contratado por el Ayuntamiento como escribiente para labores de confección del padrón municipal.
En 1864 logra los permisos pertinentes para publicar El Pamplonés, publicación dominical que el mismo Periko redacta, imprime y reparte, costeada por suscripción de dos reales. Además de imprimir etiquetas, papel timbrado, tarjetas, recibos, anuncios como la colección de fuegos artificiales determinado año y demás encargos, este año publica también La Cartera del rústico:Costumbres populares de Navarra y su Capital. A partir de 1869 asume, de nuevo, el puesto de pregonero segundo, y empieza a trabajar como escribiente elaborando los censos municipales.
El 6 de noviembre de 1872, a los 54 años, Periko se casa en la iglesia de San Lorenzo con María Zurguiña, de Urepele, en el valle de Aldude (Baja Navarra), de 24 años de edad y, como él, euskaldun. Una vez más, los Pirineos, lejos de ser frontera, actúan como lugar de encuentro entre las gentes navarras de ambas vertientes. El matrimonio se instala en Pellejería 39, primer piso, calle a la que Periko se había trasladado dos años antes.
Su última publicación conocida corresponde a este año. Son unos versos en homenaje al guerrillero Francisco Espoz y Mina, fallecido en Barcelona en 1836, cuyos restos fueron traídos a Pamplona desde tierras gallegas el 17 de julio de 1872.
Son años convulsos. El Reino Español vive en su seno la revolución de 1868, fruto de la cuál nace la I República española. En esta ocasión, Periko se adscribe a las milicias armadas liberales. Pero el comportamiento de nuestro protagonista va a seguir con algunas constantes que le acompañan desde aquellos oscuros años 50. En efecto, el recurso al alcohol sigue proporcionándole disgustos, denuncias públicas, y las correspondientes multas, como la privación de sueldo o la pérdida de la gratuidad de la vivienda y la bajera donde imprime, pudiendo ser ésta la causa del fin de sus trabajos de impresión.
Los últimos años de Periko no son nada fáciles. De nuevo, la guerra y sus trágicas consecuencias: sangre en el frente, pero también miseria en la ciudad, con cercos, hacinamiento en las viviendas y epidemias de tifus. En mayo de 1875, tras un nuevo escándalo, nuestro Periko pierde el puesto de pregonero. Cuatro meses más tarde, a las diez de la mañana del día 29 de septiembre, Pablo Cadena, vecino de la vivienda número 1 de la calle Pellejería, donde constan censadas nueve familias, certifica el fallecimiento de Pedro Alejandría a consecuencia de una pulmonía. Para tranquilidad del propio Periko, y de las supuestas gentes de bien de aquella Pamplona de capa, casaca militar y sotana.


Patxi Abasolo Lopez
Revista Ezkaba, n. 203, marzo de 2013.




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