miércoles, 12 de junio de 2013

Arrotxapea, Semana Pro-Amnistía de 1977

Semana Pro-Amnistía de 1977:
Arrotxapea, tiros, piedras y barricadas

Arrotxapea ere protagonista izan zen 1970 hamarkadako urte zail eta erabakigarri horietan bizi izandako borroketan. Horietan guztietan, aldarrikapenak izan ziren nagusi barrikadez jositako kaleetan.

Colocando la placa-homenaje
2013-mayo.
Los cambios que estamos conociendo en las distintas manifestaciones del conflicto político que sufre este pueblo han puesto sobre la mesa el propio proceso de Transición desarrollado tras la muerte del dictador. La polémica en torno a los presos políticos, amnistías y resolución del conflicto no son, pues, elementos nada nuevos.

Gestoras pro-amnistía.
El 4 de julio de 1976 tuvieron lugar las primeras manifestaciones multitudinarias pro-amnistía en Bilbo y Donostia, tras las cuáles fueron constituyéndose comisiones locales a lo largo de toda la geografía al sur del país. Aquellos primeros pasos fueron articulados por los abogados y abogadas de los presos y sus familiares. En Donostia, en torno a los abogados Juan María Bandrés y Miguel Castells, se constituyeron desde principios de año la primera gestora pro-amnistía, que contaban entre sus filas a artistas de prestigio como Eduardo Chillida y a personalidades del mundo del deporte como el entrenador del equipo local de fútbol Andoni Elizondo. En las capitales fueron formándose asociaciones que se acogían a la legislación vigente, a principios de año en Gipuzkoa, en agosto en Araba y Nafarroa Garaia, y en noviembre en Bizkaia. De los contactos entre las gestoras de las capitales y las múltiples gestoras, no legalizadas, de los pueblos, nacieron las coordinadoras provinciales. Fueron ellas quienes articularían, en adelante, la sociedad antirrepresiva vasca.

Semana pro-amnistía.
La segunda semana pro-amnistía convocada por las Gestoras del 8 al 15 mayo de 1977 fue respondida con la ley del terror desde instancias gubernamentales: armas de fuego, bombas de gases, balas de goma, porras, megáfonos y métodos psicológicos para que el pánico desactivara la respuesta que estaban conociendo las calles vascas, Iruñea y la propia Arrotxapea. Las consecuencias fueron dramáticas, con cinco muertos y un centenar de heridos, paros generales, y el recuerdo que pasaría a constituir patrimonio de la memoria histórica de los sectores más activos y comprometidos de este pueblo.
El jueves, 12 de mayo, Rafael Gómez Jauregi, de 78 años de edad, caía abatido por los disparos de la Guardia Civil en Errenteria. Los rumores de la noticia llegaron a Pamplona esa misma noche. A la mañana siguiente, en muchas fábricas el personal se reunió en asamblea y decidieron ir a la huelga en Super Ser, Imenasa, Potasas, Norton, Girling, entre otras. En el instituto Ximenez de Rada, un grupo de estudiantes se encerró hasta ser desalojados por la policía. Al mediodía se tenía conocimiento de que en la capital navarra habían ido a la huelga unos once mil trabajadores.

José Luis Cano.
El viernes, 13 de mayo, la calle se convertiría en protagonista de la jornada. Los incidentes fueron sucediéndose por toda la ciudad, sobre todo en la cuesta de Labrit y el Casco Viejo, pues la Policía Armada tenía orden expresa de evitar a toda costa que se celebrase el acto pro-amnistía convocado en el Frontón para las ocho de la tarde. Entre carreras, golpes y disparos la desgracia caería sobre José Luis Cano, joven de 28 años, golpeado y asesinado a la puerta del bar Manuel (hoy Imanol), en el Caso Viejo iruindarra. Alfredo García, alcalde de Antsoain, relató así aquellos trágicos sucesos:
El jóven Cano, asesinado.
“De ocho y cuarto a ocho y media de la noche aproximadamente, un grupo de gente se fue concentrando en la esquina de la bajada a Javier con San Agustín. Comenzaron a lanzar gritos “Policía asesina”, “Amnistía”…, apareciendo la Policía Armada en la esquina de la calle Calderería. Con lo que arrecieron los gritos de los manifestantes. La policía se fue acercando. Los manifestantes comenzaron a tirar piedras. Entre coche y coche, la policía logró llegar a unos quince metros de los manifestantes. Seguía la lucha. Las piedras caían por un lado y las bolas de goma por otro. Entonces fue cuando apareció este muchacho en la escena. Tiró una piedra. Par mí que ese muchacho no se dio cuenta de que la policía estaba muy cerca, como a unos cinco metros. No hizo más que girar medio cuerpo e intentar meterse en el bar. En la misma puerta lo cogieron. Lo aporrearon todo lo que quisieron y más… patadas, insultos, y uno, en el momento en que el muchacho se inclinaba, a consecuencia de los golpes le dio con la pistola sobre la cabeza. Con tan mala fortuna que se le disparó o la disparó. El muchacho cayó. Continuaron pisoteándole en la cabeza, en los testículos, en todo. […] Se retiraron las fuerzas del orden. Intenté llamar a una ambulancia. A los del bar les decía que llamasen a una ambulancia, que el chico estaba mal. Nadie hacía caso. Nadie se movía. Hasta que un muchacho que tenía un 127 parado gritó: ¡aquí! Entonces salió gente del bar de enfrente y de los que estábamos allí (bar Manuel). Lo cogieron y lo metieron en el coche. Y se lo llevaron”.
Una vez en el hospital, tardaría doce horas en ser identificado. A la mañana siguiente se supo que era José Luis Cano Pérez, cajista de La Voz de España, residente en Errenteria y que se encontraba  de vacaciones en Iruñea en casa de su padre adoptivo, alcalde pedáneo de Arrotxapea, Andrés Echeverría Ezcurra. Ese mismo viernes, Luis Santamaría Miquelena, de 72 años, murió de un infarto mientras presenciaba, desde su domicilio de San Nicolás, cómo miembros de la Policía Armada golpeaban a un joven, y estallaba una bala de goma es su balcón. También el joven de 15 años, Javier Burguete, resultó herido de gravedad al recibir un pelotazo en la cabeza mientras se encontraba en el balcón de su casa, en la calle Estafeta.
El sábado, 14 de mayo, la huelga general era un hecho, a excepción de algunos establecimientos de ultramarinos y centros como el Banco de España. La prensa local, el Diario de Navarra y el Pensamiento Navarro, no habían salido a la calle y, para el mediodía, ya no circulaba villavesa alguna en la ciudad. El Ayuntamiento, que se había reunido en sesión urgente, acordó, entre otros puntos, lo siguiente:
- “Condenar con toda energía y responsabilidad la actuación de la fuerza pública que ocasionó ayer una muerte violenta y varios heridos graves y exigir a quienes ordenan estas actuaciones, una suficientes garantías en este aspecto, especialmente en una severa restricción del uso de las armas de fuego, garantías necesarias para que el pueblo de Pamplona vea en sus miembros, hombres al servicio del pueblo y no enemigos del mismo.
- Reiterar una vez más con la máxima vehemencia ante el Gobierno de la nación que sólo una excarcelación inmediata y total de todos los presos políticos produciría en este País el clima suficiente para asegurar la paz necesaria en este grave momento político electoral.
- Expresar el pésame a la familia del fallecido y colocar a media hasta la bandera de la ciudad en señal de duelo”.
Ese mismo día, los partidos políticos, las centrales y la Comisión Gestora Pro-Amnistía navarra, convocaban la huelga general para el día 16. Los grupos de más de tres personas eran disueltos sin miramiento alguno, mientras los intentos por salir en manifestación eran reprimidos a base de pelotazos y botes de humo, pasando a ser la barricada un elemento habitual en barrios como Arrotxapea y Sanduzelai (San Jorge).

Funerales.
Concentración-homenaje, mayo de 2013.
Las 2.000 personas que el domingo, 15 de mayo, se acercaron al Cementerio a dar su último adiós al joven Cano tuvieron que sufrir el acoso y la violencia de la Policía Armada, quien generó auténticas imágenes de terror y pánico durante cerca de dos horas y media. Finalmente, las autoridades municipales acordaron con el Gobierno Civil la retirada de la policía, y unos quince autobuses bajaron hasta el cementerio para transportar a los encerrados.
A última hora de la tarde, a las 7.30, se celebró el funeral en la iglesia de los Padres Capuchinos, en Arrotxapea, a donde asistieron unas 4.000 personas. Durante la misa, el sacerdote Jesús Lezaun, ex rector del seminario de Pamplona, afirmó con contundencia: “Si los que ahora están en el poder hubieran dado ya amnistía, nos hubiéramos ahorrado muchos muertos. El único responsable de todo esto es el Gobierno”. Días antes, el propio Lezaun reflexionaba en voz alto: “¿En qué principios éticos  y morales correctos pueden basarse la vigencia y la aplicación de leyes del sistema anterior, la pervivencia de estructuras provenientes de él, la permanencia y la actividad política decisiva de personas que tan entusiásticamente le sirvieron, el intento de dominar no ya la transición sino lo que salga de ella haciendo que los intereses de siempre queden bien asegurados, los núcleos de poder de siempre en su sitio, con otros modos y maneras quizá?.
Finalizado el funeral, las asistentes atravesaron en manifestación una Arrotxapea repleta de barricadas, entablándose, una vez más, desigual batalla entre piedras y material antidisturbios de la policía. Cerca de una hora y media duraron los enfrentamientos en el barrio, que se convirtió en un auténtico campo de batalla. Hacia las diez de la noche, la Policía Armada se retiraba de la zona, después de que se hubieran contabilizado más de quince heridos alcanzados por los disparos de pelota de goma y botes de humo. Entre los heridos, se encontraba el médico Isidro Esteban Morenat, de la Residencia Nuestra Señora del Camino, ingresado en la unidad de vigilancia intensiva con diversas fracturas, heridas en la cabeza y conmoción cerebral.
El lunes, 15 de mayo, tal como había sido convocada por las centrales sindicales y partidos políticos, la huelga general era absoluta en Pamplona. Sus calles, como la propia Arrotxapea, siguieron vistiéndose de gritos y reivindicaciones, cuyos ecos siguen recordándonos Transiciones con demasiadas cuestiones aún sin resolver.


Texto: Patxi Abasolo Lopez
Fotografías: Ahaztuak 1936-1977
Ezkaba aldizkaria, 206. zka., 2013ko ekainean.



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