miércoles, 2 de julio de 2014

La Gau Eskola de Ana Gastesi, 1979-1986 [4ª y última parte]

   La revista Ezkaba de julio (http://issuu.com/arriasko/docs/2014_7/1) ha publicado, en su sección de Historia, la cuarta y última entrega de "La Gau Eskola de Ana Gastesi", una serie de artículos que recogen la experiencia de Ana Gastesi como irakasle entre los años 1979 y 1986 en nuestro barrio. En esta ocasión hemos abordado los cuatro años de la Goxoki denda, a escasos metros de la Parroquia Virgen del Río.


La Gau Eskola de Ana Gastesi (y 4)
Goxoki denda

Texto: Patxi Abasolo López 

Lau urte eman zituzten Ana Gastesik eta Josune Arriagak Virgen del Río kaleko Goxoki dendan. 1986ko martxoan alde egin behar izan zutenean, betiko itxi zituen ateak San Pedroko Gau eskolak. Hazia, ordea, ereinda zegoen.

Mila, Isabel, Santos, Maria Jesús y Patxi ante la tienda Goxoki
Fotografía: Iñaki Vergara
1982 fue un año complicado en la vida personal de Ana Gastesi, con acontecimientos que la llevaron a la separación y ruptura de su matrimonio. Entonces, las amigas Ana y Josune se lanzaron a un nuevo proyecto, la tienda de chucherías Goxoki, abierta en la bajera situada entre los números 5 y 7 de la calle Virgen del Río. En un altillo de la misma, continuaron con las clases de euskera, como venían haciéndolo desde 1979 en la calle Urzainki y, posteriormente, en la Parroquia situada a escasos metros de la tienda. Hasta que, en marzo de 1986, en vísperas del Aberri Eguna, sucedería algo que las alejaría para siempre de Arrotxapea.

Creando espacios
Patxi Belasko
Fotografía: Iñaki Vergara
El buen ambiente de las clases tenía su continuidad fuera de la Gau Eskola. El alumnado estaba estudiando euskera con el claro propósito de hablarlo, así que la mejor forma de hacerlo posible era crear espacios de sociabilidad en el propio barrio, donde sus gentes pudiesen practicar y dar continuidad a lo aprendido en clase. Ese fue el objetivo del txikiteo diario, las cenas y excursiones organizadas por Ana y Josune, como las salidas a Belagua, Baiona, Donibane Lohitzune o Zugarramurdi. El éxito de aquellas rondas por el barrio y por lo Viejo se reflejaba perfectamente en la frase “Goazen pote bat hartzera!”, seguramente la primera expresión y la mejor aprendida por todas ellas. Es verdad que hubo quien no avanzó mucho más, pero tampoco hay porqué contarlo todo, ¿verdad?.
Como ya hemos dicho anteriormente, aprender euskera iba mucho más allá de conocer el idioma en sí, significaba identificarse con la lengua y la cultura de un pueblo. Patxi Belasko compartía esa motivación: “Además de dar las clases de euskera, Ana fue una promotora de la cultura euskaldun, nos ha enseñado cancioneros, era una enamorada de Mikel Laboa. Nosotros, que éramos un poco más modernos, nos gustaba Benito Lertxundi”, nos cuenta entre risas. Treinta años más tarde, quienes fueron alumnas y alumnos de Ana, no pueden sino recordarla cada vez que escuchan o cantan Txoriak txori, canción que llegó a convertirse en un auténtico símbolo identitario. Más allá de la calidad de la propia composición, con los años pasó a ser símbolo de las gentes euskaldunas y de la identidad de Euskal Herria, siendo capaz de atraer y hacer confluir en ella gente de mentalidad muy diferente. Todo ello de una manera muy natural, dejando un rastro que ha viajado en el tiempo hasta nuestros días.
Belasko la recuerda como “una militante integral de la cultura vasca”. Irakasles y muchos ikasles participaban en las distintas movilizaciones que se daban en aquellos años. “Recuerdo que estando en la Ikastola, pillaron a Sagrario Aleman y algunos otros. Los encarcelaron por poner letreros en euskera o algo así, en la zona de la Sakana. Hicimos una pancarta, recuerdo dónde la pusimos, en la ribera del Arga, en un poste de hormigón, exigiendo la libertad de Sagrario, que era entonces responsable de Aek”.
Milagros Espinal, Mila
Fotografía: Iñaki Vergara
Milagros Espinal, Mila, nos define así a Ana Gastesi: “Era una mujer que tenía mucho espíritu y mucha fuerza, era una mujer que se animaba con todo y estaba siempre sonriente, con ganas que la cultura vasca, que Euskal Herria, saliera adelante, de dar impulsos, es que era un terremoto en aquel tiempo. Su objetivo era hacer barrio, que la gente se encontrara”. Las gentes de San Pedro estaban en la misma sintonía. Mila nos cuenta cómo en torno a la Parroquia Virgen del Río, “en esos tiempos, estaba todo el movimiento de barrio. Ahí empezamos a hacer las fiestas, alrededor de la Iglesia, que si txistorradas, preparación de huelgas, gente que se encerraba…”.
Aunque no siempre era todo alegrías. Como se han encargado de recordarnos un día sí y otro también nuestros padres y madres, “le pasa al que anda”, aunque también a algunos más, de eso no hay duda. Ayer, al igual que hoy, aquí y en cualquier rincón del mundo, lo hermoso de luchar por una buena causa tiene también su lado amargo. Según Lino Otano, entonces párroco de Virgen del Río, la amargura venía marcada por “las veces que teníamos que pasar por comisaría; aunque en aquellos días, como todos éramos jóvenes, hacíamos una piña en torno a esos malos ratos”. ¿Cómo definir aquel ambiente, dentro y fuera de las clases? “¡Acojonante!”, se le escapa a Belasko, que recuerda lo vivido con la misma intensidad que hace treinta años: “Aunque tenía otros referentes, como mi abuelo de Alesbes que me enseñó a cantar en euskera, Ana marcó un antes y un después en mi proceso de concienciación nacional”.

Agur a la Gau eskola
Las portadas del día 26 de marzo de 1986 confirmaron algo que ya era noticia en toda la ciudad:  “Una mujer herida, varios detenidos y un zulo con armas descubierto ayer en Pamplona” (Diario de Navarra); “Una mujer gravemente herida en confuso tiroteo en Iruñea” (Egin). El periódico conservador explicaba en sus páginas interiores que “una mujer, presunta integrante de un comando de ETA militar, resultó herida a las 8,30 de la noche de ayer, y dos personas detenidas, en el curso de un tiroteo con miembros del Servicio de Información de la Guardia Civil, en la plaza de Merindades de Pamplona. La mujer, que según las primeras informaciones de Efe pudiera ser Mercedes Galdós Azuaga, recibió un impacto de bala en la zona del hígado y se encuentra en estado muy grave, según datos facilitados por el Hospital de Navarra”.
La Guardia Civil tenía orden de arresto contra el matrimonio Josune y Gotzon, y contra Ana Gastesi, quienes finalmente lograron escapar a la redada policial. La tienda de dulces y frutos secos, Gozoki denda, resultaría destrozada y saqueada. Tras el registro efectuado por la Guardia Civil, abandonaron la tienda con las puertas y cristaleras destrozadas. En un principio fueron niños y niñas quienes se aprovecharon de la circunstancia, pero posteriormente varias personas intentaron llevarse una serie de elementos de la tienda, incluidas las lámparas y la caja registradora. Frente a la despreocupación de los agentes, fueron los propios vecinos y vecinas quienes se encargaron de evitarlo, como sucedió con aquella persona que pillaron a punto de salir con la caja registradora a cuestas.
Para evitar la detención bajo la acusación de “colaboración con banda armada”, Ana y Josune pasaron a la clandestinidad, situación se alargó hasta que, pasados diez años, decidieron hacer vida normal al norte de los Pirineos, estableciéndose en Arrosa, un pequeño pueblo de la Baja Navarra. Ana enseguida retomó las clases de euskera entre las gentes de la zona Arrosa-Bidarrai. Salvo una pequeña escapada que se aventuró a realizar para celebrar la llegada de Olentzero en Arrotxapea, los encuentros entre Ana y algunas de sus alumnas y alumnos rochapeanos tendrían lugar en celebraciones señaladas al otro lado de los Pirineos. Mila recuerda muy bien aquel Nafarroa Eguna en Baigorri, cuando se le acercó una mujer “con una melenita toda blanca” que no reconocería de no haberse presentado.
Los últimos años de su vida, Ana sufrió de alzeimer o demencia senil, terminando por ser recluida en una residencia. Algunas de sus alumnas y alumnos siguieron teniendo información de ella hasta el último momento: “está tan magica, siempre sonriente”, les contaban. En junio de 2009 la Policía francesa detuvo a Josune y la extraditó al Estado español, encontrándose en la actualidad en la prisión de Topas, en la carretera entre Salamanca y Zamora. En el año 2012 Ana sufrió un ictus, que la dejó totalmente inmovilizada, hasta su muerte el 6 de noviembre del año siguiente, con 76 años de edad. El 12 de ese mes se le ofreció un primer homenaje en Biarritz, y más tarde parte de sus cenizas fueron aventadas en la cima del monte Ezkaba, frente al tristemente célebre penal penitenciario franquista, donde la pequeña Ana tuvo que visitar a su padre preso.
¿Qué fue de sus alumnas y alumnos? Hubo quien abandonó el proceso de aprendizaje por cansancio, falta de tiempo por la familia, el trabajo o militancias varias. También hubo quien continuó aprendiendo su lengua en los euskaltegis de AEK de Antsoain o del Casco Viejo. Unas no llegarían a completar el proceso, otros se quedarían en el nivel de manifestación o Goazen pote bat hartzera!, pero también hubo quienes completaron la última lección y hoy, treinta años más tarde, viven, sufren y disfrutan en nuestra lengua navarrorum. Sin olvidar a quienes hoy, dispuestas a resolver esa asignatura pendiente, como hicieron cuando eran jóvenes, han vuelto al euskaltegi, en este caso de la mano del colectivo de personas jubiladas Sasoia. Son los Belasko, Maria Jesús, Isabel y Gregorio, Mila, Matilde, Nuria, Marisa, Marijose, Txoperena, Santos, y otros muchos más. La mayoría de ellas siguieron tomando parte en el rico tejido asociativo rochapeano, invirtiendo muchas horas y no menos ilusión en la construcción de un barrio más justo, más hermoso. Ciertamente, nada habría sido igual si no hubiesen llegado a conocer a Ana Gastesi.






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