viernes, 31 de julio de 2015

Francisco Veiga, "El desequilibrio como orden: Una Historia de la Posguerra Fría"

  Este verano se están complicando las cosas para cumplir la tarea marcada para estos meses: preparar material para el curso que viene, ciertas lecturas, un poco de esto, otro poco de aquello... Así y todo, contra viento y marea, ha terminando cayendo el primer libro, El desequilibrio como orden: Una Historia de la Posguerra Fría, de Francisco Veiga (Alianza, 2015). 574 páginas para comprender un poco mejor qué está pasando en el mundo desde la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la URSS, acontecimientos que abrieron las puertas "no solo a una nueva configuración geoestratégica e internacional, sino también a la expansión acelerada de un capitalismo de nuevo mercado (comúnmente denominado neoliberalismo) con pretensiones de abarcar la totalidad del planeta: a eso se le llamó globalización [...] Por tanto, el libro se centra en relatar cómo los vencedores de la Guerra Fría se aplicaron a erigir un Nuevo Orden basado en un inédito sistema de relaciones internacionales[...] Sin embargo, el mito del Nuevo Orden Mundial supuso un tremendo denuedo, por lo que tenía de encajar enormes puzles geoestratégicos o situaciones burdamente tramadas, como fue, por ejemplo, la denuncia estadounidense y británica de que Irak poseía armas de destrucción masiva, lo cual posibilitó la invasión de 2003" (págs. 40-42)
  Francisco Vega nos explica y hace más fácil comprender acontecimientos históricos tan complejos como el genocidio en Ruanda de 1994 o el posterior holocausto africano conocido como las Guerras Mundiales en el continente negro entre 1996 y 2000, la guerra de Kosovo (1999), el auge del Islamismo o la más reciente crisis de Ucrania. Vega nos muestra "cómo las más de veinticinco revoluciones blancas acaecidas en Europa del Este, Asia Central y el ámbito mediterráneo desde 1989 hasta 2014 -concluyendo con la revolución de Maidán en Kiev y la de los paraguas en Hong Kong- parecían cortadas con un mismo patrón, llegando a similares resultados a través de parecidas convulsiones. Y con los mismos maestros y figurones apareciendo en algún maestro [...] Todo ello en aplicación de las fórmulas impulsadas en aquel lejano 1983 por el presidente Ronald Reagan, cuando dio luz verde a la National Endowment for Democracy (NED), organismo que en nombre de la democracia y por ende de los derechos humanos pasó a financiar organizaciones civiles en varios países del mundo. A su sombra surgieron numerosas instituciones que luego tuvieron un papel muy destacado en la caída del Muro y la mayoría de las "revoluciones de las plazas" que siguieron, en las que se volvió a recordar, a quien lo quisiera entender, que las calles no solo eran de la izquierda; y que los iconos, por sí mismos, no necesariamente poseen un contenido ideológico concreto" (pág. 548).

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