miércoles, 26 de agosto de 2015

Diario de ARROTXAPE[a]ko Egunkaria (75)

   Este verano las agresiones sexistas están siendo el pan nuestro de cada día. Sin contar, por supuesto, las que suceden, las que están sucediendo en este preciso momento, en mil y un hogares, mil y una tragedias vividas en el ámbito de lo privado, sufridas en la más absoluta indefensión, por mil y una mujeres, independientemente de la edad que tengan. Realmente terrible. ¡Cuántas historias silenciadas aquí, en el barrio, en nuestra Arrotxapea!
  Cuando uno abre el periódico o repasa las noticias en la red, enseguida se da cuenta el poco resquicio que se le concede a la esperanza... o es precisamente eso lo que esos supuestos medios de comunicación quieren transmitirnos. Todo son guerras, calamidades y sufrimiento. Apenas se hacen eco de proyectos ilusionantes, de esas buenas noticias sobre acontecimientos que pivotan sobre valores como justicia social y solidaridad, aunque los haya, porque haberlos haylos, de eso no hay duda. Arrotxapea, como la mayoría de barrios y pueblos, hace también un parón durante los meses de verano. Parón necesario para retomar todos esos proyectos que apenas salen en los medios: los cursos de Batean, las distintas actividades dinamizadas por la Jai Batzordea, la revista Ezkaba... Sin poder apreciar esa infinidad de gestos buenos que hacen las gentes rochapeanas en su día a día, pues haberlos haylos, nuestro Diario está abocado a recoger unas cuantas noticias más bien tristes.
Presentación del libro de Berni Apestegia
Ipar Gorri, 11-septiembre, 2014
  Agosto amaneció con las persianas bajadas de Ipar Gorri taberna, parece ser que definitivamente. Pues sí, sin necesidad de Garzones ni Audiencias Nacionales. Han sido 15 años aportando al barrio, a su manera, por supuesto, como tiene que ser, todos hemos de aportar a nuestra manera, ¿cómo si no? En estos tiempos donde cada cuál no hace sino mirar a su ombligo, la prioridad es aportar, no me cabe ninguna duda. Ha sido un txoko para el barrio, con la colaboración desinteresada de la elkarte Errotaberri: ciclos de cine, música, cafes-tertulia, herri denda, espacio para los colectivos... Itxita! Si es que no hay nada peor que no quererse uno mismo, de esto tampoco me cabe la menor duda.
   Un barrio para los coches, en una ciudad hecha para los coches. Así nos va. En un mes, cuando menos, tres atropellos. El primero de ellos el 9 de agosto, un coche se llevó por delante a una joven de 16 años que cruzaba en bicicleta por los pasos de cebra de la calle Arga. El 14 de agosto, otra joven fue atropellada en la calle Artika, y el 18 de agosto, una niña de 13 años resultó también atropellada cuando iba en bicicleta entre las calles Enamorados (y Enamoradas, por supuesto) y Juslarrotxa. En fin, parece ser que el año pasado fueron 67 los atropellos que se produjeron a ciclistas en paso de peatones. ¿Habrá que empezar a decir a los más txikis que pasen por cualquier otro sitio?
  El 14 de agosto nos dejó a sus 79 años Eugenio Arraiza, vecino del barrio y euskaltzale, protagonista y promotor de un sinfín de proyectos por la recuperación del euskera y el renacer cultural y político de una Nafarroa subyugada durante más de 500 años. En el barrio tenía su centro de operaciones, en la Rocha Vieja, y desde aquí ha apoyado proyectos tan maravillosos como la Asociación de Bertsozales, Euskal Kantuak, Berria o Euskal Herria Irratia. Para quienes hemos tenido la oportunidad de conocer y trabajar de cerca con Eugenio, siempre nos quedará el recuerdo de su profunda ilusión por todos esos proyectos y su convencimiento en la necesidad de confluir el mundo del saber con el rico tejido asociativo del que hemos gozado durante estas últimas décadas.
  Al día siguiente, 15 de agosto, paseando por nuestras calles, me paré a leer un cartel que denunciaba la dispersión del joven rochapeano Ibon Esteban a la prisión de Asturias, a 450 kilómetros de casa, es decir, a cuatro horas y media de viaje para amigos y familiares. Más de lo mismo. ¿Hasta cuándo?
Campamentos de Tinduf (Argelia)
Fotografía: Patxi Abasolo
  Por lo demás, este verano no habría sido igual sin Ezza, la niña saharaui que acogimos en casa allá por el día 26 de junio. No quiero dejar de resaltar todos esos gestos de cariño que ha recibido del vecindario, ese peluche enorme que le puso entre sus brazos Roberto para hacer desaparecer unas lagrimas venidas desde el campamento de refugiados argelino de Tinduf, los cuatro pares de calzado regalados por la zapatería Rotxa, la atención desinteresada, con gafas incluidas, del optico Jesús de Mendillorri... Ayer, 25 de agosto, partieron las 108 niñas y niños camino del aeropuerto, camino de casa, aunque realmente ésta no lo sea, pues no han tenido la posibilidad de conocer su Sáhara de verdad, olvidados como están en un desierto que, como ya he dicho alguna otra vez en nuestro Diario, no deberían haber conocido nunca. Sahara Hurra!! Gora Sahara libre!!



* Azken sarrera / Última entrada:


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