miércoles, 14 de octubre de 2015

Eugenio Arraiza nos dice agur

   Una vez más, la revista Ezkaba está en la calle, como cada año, con su primer número de octubre. Todo un curso por delante para hacer barrio, y para dejarse hacer por el barrio,  jakina!, pues Ezkaba y Arrotxapea son las dos caras de la misma moneda. Tras dos años como director de la revista, ha llegado la hora del relevo, pasando el testigo a Ines Zazu y Alberto Crespo. Desde este Txoko quiero desearles un curso fructífero y lleno de satisfacciones, seguro que será así. En lo que a mí respecta, seguiremos como hasta ahora en el equipo de redacción escribiendo sobre Historia o esas otras muchas historias que van sucediéndose en el barrio extramuros más viejo de la ciudad. Aquí tenéis la revista, y el artículo que he escrito para este número 228. On degizuela!



Eugenio Arraiza nos dice agur

Eugenio Arraiza euskaltzale eta kulturgile nafarra hil da, 79 urterekin. Lan handia egin zuen Arraizak euskararen alde, Euskalerria Irratiaren sortzaileetako bat izateaz gain, Eusko Ikaskuntzako Nafarroako arduradun eta Eusko Kultur Fundazioko buru ere izan zen kulturgile nafarra.

Argazkia: Iñigo Uriz, Argazki Press
El 14 de agosto, Arrotxapea Zaharra, la Rochapea Vieja, perdió a uno de sus hijos, Eugenio Arraiza Rodríguez-Monte. Eugenio se ha destacado por el ingente trabajo realizado a favor del euskera y de la cultura vasca, siendo promotor de proyectos como Euskalerria Irratia, la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza, Nafarroako Bertsozaleen Elkartea, Euskal Kantuzaleen Elkartea o Euskal Dantzarien Biltzarra, y presidente de la Fundación Eusko Kultur. Todo ello desde su txoko de la calle Joaquín Beunza 13 (bis), muy cerca de la rivera del Arga y la vieja plaza Arriasko.
Eugenio nació en Pamplona hace 79 años, en 1936, ajeno entonces al terrible viaje que estas tierras (y otras muchas) se vieron abocadas a realizar de la esperanza al terror. Bien habría disfrutado Eugenio con el adiós definitivo de nuestra ciudad a quienes generaron aquel terror. Nuestras calles han dado, por fin, la espalda a los hermanos Imaz, y a Tomás Rodríguez de Arévalo, conde de Rodezno, primer Ministro de Justicia en la “zona nacional” franquista durante 1938 y 1939, y responsable, por tanto, de 50.000 sentencias de muerte a lo largo de toda la geografía de eso que en la actualidad llaman Reino de España.
Eugenio tampoco ha podido celebrar otra gran noticia, esperada y ansiada durante 27 años. El pasado mes de septiembre, la única emisora de habla vasca de la cuenca, Euskalerria Irratia, consiguió su licencia, poniendo fin así a un largo proceso judicial de 18 años. Eugenio no estuvo físicamente, pero fuimos muchos quienes lo tuvimos presente.
Vendrán muchas más noticias buenas, todas ellas posibles gracias al trabajo de personas como Eugenio, y de colectivos sociales y populares que no se han dejado oscurecer el corazón por mucho que supuestas autoridades de estas tierras hayan hecho lo imposible para que así fuese.

Recuerdos y sensaciones
Eugenio empezó hace años a escribir sus memorias, publicando el pasado mes de junio el tomo VIII: Formando técnicos para el progreso. Gijón 1962-1963. En la primera entrega, Cerezas y golondrinas. Pamplona, 1936-1946, Eugenio iniciaba el relato de sus memorias destacando que, más allá de los lugares, situaciones, personas o sucesos concretos de su infancia, lo que más peso tenía en su conciencia era la sensación que les acompañaba envolviéndolos. “Los primeros recuerdos que conserva mi memoria son sensaciones”, nos decía.
Yo también tengo recuerdos, con sus sensaciones, de Eugenio. Hemos compartido más de un proyecto, y muchas horas en ese pequeño txoko de la calle Joaquín Beunza. La Udako Euskal Unibertsitatea, gérmen de una Euskal Unibertsitatea que no acaba de llegar, necesitaba un local para trabajar en la Alta Navarra, y Eugenio no dudó en ofrecerlo gratuitamente, en el corazón de la vieja Rochapea.
Recuerdo a Eugenio el despacho de al lado, en zapatillas y con ropa de andar por casa, rodeado de publicaciones de lo más diversas e infinidad de recortes de prensa, de ayer y de hoy, más o menos oscurecidos por el paso del tiempo. Han sido muchas conversaciones, intercambios de pareceres y, porqué no decirlo, muchas coincidencias.
Recuerdo a un hombre ya mayor que disfrutaba hablando, que no cesaba de estimular su masa gris, de darle vueltas a todo lo que le rodeaba, muy especialmente la situación de una Navarra con demasiadas cadenas como para poder respirar libremente. No es el único que se ha ido justo cuando los artífices de tanta asfixia han perdido la gestión de unas instituciones hechas a imagen y semejanza de quienes mueven sus hilos a más de 400 kilómetros de estas tierras. Hace poco nos ha dejado también otro vecino del barrio, Domingo Zabalza, Txominperteneciente a una generación marcada por su entrega y generosidad, una generación que se nos está yendo, y que ha hecho Arrotxapea a base de poteo, trabajo y compromiso.
Recuerdo toda aquella dinámica del año 2012 en torno al Centenario de la Conquista de Navarra. Ahí también estuvo Eugenio aportando, siempre partidario de buscar espacios de confluencia, también entre los agentes intelectuales, acostumbrados a mirarnos demasiado al ombligo, con unos personalismos que a menudo llegan a convertirse en verdaderos obstáculos para cualquier proyecto colectivo.
Recuerdo que, valorando lo realizado y compartiendo los éxitos conseguidos, no podíamos quitarnos de la cabeza que, mientras los representantes de la historiografía española habían realizado su Congreso, historiadores y demás intelectuales de estas tierras habíamos sido incapaces de hacer el nuestro, llegando a conocer hasta seis o siete foros diferentes, todos ellos convocados por otros tantos agentes, haciendo imposible la confluencia en un mismo espacio.
Más allá de todos esos recuerdos concretos, también en mí tiene mucho más peso la sensación que les acompaña envolviéndolos. Una sensación agradable por haber compartido todo ello con una persona que siempre ha estado por la labor de hacer realidad esa confluencia, ese saber hacer juntos, a su manera, por supuesto, como cada uno de nosotros. Pero con el convencimiento de que ese es el camino. Una confluencia que no se quede ahí, sino que vaya de la mano de los movimientos sociales y populares. Porque así, entre todas y todos, pondremos color a unas páginas escritas en blanco y negro durante ya demasiado tiempo.

Texto: Patxi Abasolo López
Fotografías: Iñigo Uriz y Patxi Cascante
Ezkaba aldizkaria, 2015eko urria, 228. zka.


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