domingo, 1 de noviembre de 2015

El invento del kalimotxo

  La revista satirikolaria La Gallina Vasca nos recuerda en su número de septiembre cómo hace ahora exactamente 43 años, en Getxo (Bizkaia), alrededor de las cinco de la tarde del 12 de agosto de 1972, una cuadrilla de Algorta creaba el kalimotxo. Los propios protagonistas, entonces adolescentes, publicaron en 2001 el libro El invento del kalimotxo y anécdotas de las fiestas, que firmaba como Antzarrak, el nombre de la cuadrilla.

"...Durante la primavera, los miembros de la anterior comisión [de fiestas] se acercaron a algunos de nosotros intentando convencernos para que participáramos en la organización de las próximas fiestas. Ellos ya estaban trabajando  y no tenían suficiente tiempo para dedicarse a todos los aspectos de la organización y, si nadie se encargaba, desaparecerían [...] Nuestra cuadrilla era de alrededor de unas 25 personas, de entre 16 y 19 años, la mayoría de 18, sin mucho conocimiento de organización de fiestas...

...Nuestro primer pensamiento estaba enfocado al funcionamiento del bar, nuestra principal fuente de ingresos. Mientras desfilaban los cabezudos y la banda de txistularis inauguramos las fiestas abriendo el bar en los bajos del EtxetxuA primera hora de la mañana habíamos recibido el vino que habíamos contratado con un vinatero local. Llegaron 2.000 litros de vino cosechero, directamente de La Rioja...

...A mediodía aparecieron los primeros txikiteros. Nos pidieron unos vinos, les servimos, y sorprendidos veíamos que casi no lo bebían, pagaban y se iban. Como nosotros no éramos muy bebedores, no descubrimos el problema, hasta que uno de ellos, más extrovertido, nos espetó que a ver si le queríamos envenenar, manifestándonos que el vino estaba picado.

...Tras la confusión inicial se extendió la comprensión del problema, ya que una parte fundamental del programa de festejos tenía que financiarse con la venta de ese vino, por lo que todos acabamos tomando conciencia del desastre financiero que se nos avecinaba.

Los txikiteros decidieron ayudarnos. Para ello, rompieron su costumbre circulatoria de ronda de poteo, quedándose arremolinados en el Etxetxu. Alguno fue al bar Arrantzale a comprar varias botellas de vino para que pudieran beber mientras se producía el debate, otros nos acompañaron al almacén volviendo desolados: del muestreo efectuado habían concluido que todo el vino estaba picado. Uno, médico, confirmó que no era malo  para la salud, sino simplemente imbebible. Otros, más positivos, sugirieron que con alguna mezcla quizá no se notara el mal sabor.

Egilea: La Gallina Vasca, 124. zka.
Rápidamente preparamos mezclas con varios refrescos y fueron realizándose catas, hasta que nuestros cómplices, los txikiteros nos confirmaron que con cocacola no se notaba. La mayoría, por razones estrictamente culturales, aborrecían la cocacola. Alguno, con gran autoridad, comentó que esta mezcla no era ninguna novedad y que se llamaba Rioja libre, aclarando que era una bebida muy minoritaria, sólo de señoritos de Bilbao y particularmente "de agentes de cambio y bolsa".

Cuando se enteraron del volumen que deberíamos producir para sacar las existencias de vino -unos 4.000 litros, ya que tras las pruebas realizadas se había comprobado que, a partir de la mitad de la mezcla entre vino y cocacola, ésta perdía el desagradable sabor del vino picado-, todos coincidieron, con mucho pesimismo, que tanta cantidad no se bebía en toda Bizkaia ni en todo un año.

Habían pasado más de dos horas desde el comienzo del desastre, nos seguían apoyando unos 30 txikiteros y, en ese momento, alguien finalmente se mostró optimista, manifestando que, si creábamos un nombre de fantasía y conseguíamos que no se conociera la composición, quizá pudiéramos vender todas las existencias de vino picado y así salvar las fiestas.

... Los que buscaban el nombre llevaban más de dos horas ajenos a los festejos acuáticos, diciendo bobadas sin encontrar ninguna palabra impactante.

En ese momento, apareció un chico de Erandio, al que algunos conocíamos, y alguien le llamó por su apodo, Kalimero. Mecánicamente, y bastante aburridos por el esfuerzo ya realizado, empezaron a conjugar su nombre. Uno indicó que la persona en cuestión era bastante fea y otro dijo que en euskara feo se decía motxo. Un tercero, más docto, empezó a pontificar que ello no era cierto en todo el País Vasco y que en algunas zonas significaba lo contrario. Mientras, la mayoría, sin hacerle caso, conjugaba febrilmente el apodo y, tras muchos intentos, surgió una palabra sin significado, Kalimotxo que, reiteradamente repetida, gustaba.

... Afortunadamente, el kalimotxo estaba siendo un éxito y la gente, impresionada por la novedad, empezó a adquirirlo por botellas... Muchos preguntaban por la composición del brebaje, y fuimos dando respuestas arbitrarias para confundir, de acuerdo con la estrategia aconsejada por los txikiteros. Increíblemente, nadie parecía percatarse del proceso de envasado, que continuó durante toda la noche detrás de la barra, a escasos centímetros de los más osados, aquellos más fuertes de entre la muchedumbre que eran capaces de alcanzar la barra para solicitar suministros, generalmente al por mayor, para justificar el esfuerzo.

... De hecho, las existencias de vino picado, para el final de la noche del domingo, estaban casi consumidas, algo por lo que nadie había apostado 36 horas antes, por lo que habría que comprar más vino y cocacolas".

Antzarrak


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