sábado, 5 de noviembre de 2016

Kinder, Kirche, Küche: mujer, madre y ama de casa

¿Por qué los procesos revolucionarios de los últimos 200 años no han hecho sino decepcionar a la mujer? ¿Cómo terminó por imponerse el lema nazi de las tres "K" entre las mujeres navarras a ambos lados de los Pirineos? ¿Es posible que aún hoy haya quien se niegue a rechazar todos esos trágicos capítulos de nuestra historia reciente? De todo esto hablamos en la sección de Historia de la Ezkaba de noviembre. Si quieres leerla enterica, no tienes más que hacer un clic:




Kinder, Kirche, Küche:
Latigazos contra la dignidad de la mujer

Nazional katolizismoak bortxaz eraman zuen emakumea 50 urte atzerago, eta bertan-behera utzi 30. hamarkada hasieran eskuratutako eskubide sozial eta politiko guztiak. Aurrerantzean emakumeak seme-alabak, eliza eta sukaldea izango ditu presondegi berri-zaharreko osagai.

Voto femenino
Retrato de Olympe de Gouge
Alexandre Kucharski (1741-1819)
El 4 de agosto de 1789an, la Asanblea Nazional francesa aprobó un decreto por el que desaparecía el régimen feudal y el sistema de privilegios en que se sustentaba la sociedad del Antiguo Régimen. Unos días más tarde, el 24 de ese mismo mes, aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, según la cuál, todos los ciudadanos eran iguales ante la ley.
Ambas disposiciones legales cerraron un largo paréntesis de siglos, para adentrarnos en una nueva etapa, en la Edad Contemporánea. Desde un principio, no obstante, quedó patente el proceso de invisibilización que seguiría sufriendo la mitad de la población; así como la voluntad que esa mitad tenía de ejercer los mismos derechos reconocidos a los hombres.
Las mujeres salieron a la calle, se organizaron en sus propios Clubs, y en 1791 Olympe de Gouges redactó la Declaración de Derechos de la Mujer y de la Mujer Ciudadana. No obstante, ese documento no llegó nunca a ser legal y, dos años más tarde, quienes se destacaron por reivindicar una República social cerraron todos esos Clubs y llevaron al cadalso a casi 400 mujeres, entre ellas la misma Olympe.
No sería ésa, ni mucho menos, la última decepción que las mujeres experimentarían con las mil y una revoluciones y procesos de cambio llamados a ser liberadores, donde la represión sería ejercida precisamente por quienes se arrogaban de ser auténticos luchadores por la libertad.
Las mujeres navarras a ambos lados de los Pirineos tuvieron que esperar hasta 1933 (II. República española) y 1945 (República francesa) respectivamente, para poder ejercer su derecho a voto. La sublevación militar de 1936 y la posterior dictadura franquista supusieron un retorno al punto de partida, tanto en los derechos conseguidos por las mujeres, como por los obtenidos por toda la sociedad en general.

Verano de 1936
Tunel del Plazaola
Fotografía: Patxi Abasolo
Aquel verano del 36, nuestro barrio sufrió literalmente latigazos que fueron arrancando a sus mujeres piel y dignidad. Los verdugos ejercieron de tales amparándose en la oscuridad del túnel Plazaola, en la intimidad del hogar y a plena luz del día, para mayor escarnio público.
Las palizas, cortes de pelos, aceite de ricino y violencia sexista tuvieron su rincón oscuro en el Puente de Plazaola. He aquí el testimonio dejado por las hermanas Muguiro:
Llegó una camioneta de requetés a las dos y media de la mañana. Uno de ellos, que era acomodador del Gayarre, lo conozco. Llevaban todos su buen santocristo y las pistolas colgando. Yo tenía 18 años. En el descansillo de la escalera todos a mi alrededor, me cortaron el pelo mientras me decían disparates. Registraron y tiraron todo y a mi hermanica Pepita de 13 años la estuvieron apuntando y amenazando y le entró tal terror que se llenó de granos y la pobre se hinchó toda. Me dejaron un mechón delante y se fueron a la casilla donde cogieron a mi hermano. Yo, en medio de la desgracia, tuve suerte, porque a otras las metían en el túnel del Plazaola, donde el río, a media noche y allí les cortaban el pelo y les hacían otras cosas”.1
El 1 de agosto de 1936, ajenas a los acontecimientos que se sucedían en la ciudad y alrededores, numerosas personas se encontraban bañándose en las orillas del río Arga bajo un sol radiante. Hacia las diez y media apareció un grupo de requetés armados y comenzaron a despachar a las mujeres argumentando la inmoralidad que suponía bañarse “desnudas”, añadiendo que, a partir de entonces, un “nuevo orden moral” se había levantado contra la “perversión” de las costumbres. En algunos lugares fueron despachadas con métodos más expeditivos que las palabras.2
La mujer rochapeana quedará, una vez más, relegada al papel de madre y ama de casa, imponiéndose la consigna nazi de la tres K: Kinder, kirche, küche (niñas/niños, iglesia, cocina). Privadas del derecho a votar, el régimen franquista restableció el Código Civil de 1889, relegando a las mujeres al mismo estátus legal que las personas menores de edad y con incapacidad mental. ¿Cómo es posible que hoy día haya quien se niegue a rechazar esa larga y oscura noche? ¿Cómo es posible que, 80 años más tarde, representantes políticas sigan avalando aquellos acontecimientos históricos? ¿Cómo es posible, además, siendo mujer?

Texto y fotografía: Patxi Abasolo López
Ezkaba, nº 239, noviembre de 2016


1 Altafaaylla, Navarra 1936: De la esperanza al terror, v. II, 1988: 136.


2Altafaaylla II, 2004: 485.

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