jueves, 8 de diciembre de 2016

Castillo navarro del monte Ezkaba


Ezkabako Gaztelua gogoan
Argazkia: Patxi Abasolo, Ezkaba aldizkaria,
2016ko abendua
Se encontraba en la cima del monte homónimo, a 895 metros de altitud, en una zona de gran valor estratégico, pues permitía vigilar y defender las rutas de acceso a Pamplona desde los valles septentrionales, desde la Baja Navarra y desde Francia. Por ello ha sido un punto fortificado al menos desde la Edad Media.

En el siglo XIII existió aquí un castillo real navarro, que permitía sin duda la vigilancia de estas rutas, al tiempo que mantenía un contacto visual permanente con otros castillos de la cuenca, como los de Uharte, Irulegi o Garainu, con los que podría intercambiar señales visuales y enviarlas a la propia capital.

En 1276 se desató la llamada Guerra de los Burgos, que enfrentó a los habitantes de la Navarrería pamplonesa con los de los núcleos de San Cernin y San Nicolás. Un ejército francés, mandado por el gobernador Eustache de Beaumarchais, acudió a apoyar a los emigrantes francos de los burgos, destruyendo por completo la vieja Navarrería. Con este motivo fueron también arrasadas algunas torres de linaje y castillos como el de Ezkaba, del que probablemente no quedó sino la ermita, dedicada a San Cristóbal, de donde el monte tomaría el segundo de los nombres por los que se le conoce. Esta ermita mantuvo su culto hasta el siglo XVI, llegando a ser utilizada como lazareto cuando se desataban epidemias de peste, y desaparecería tras la derrota en Tercera Guerra Carlista, cuando el ejército español decidió construir un complejo fuerte militar en la cima del monte.

Entre 1934 y 1945 aquel fuerte fue empleado como presidio, siendo el episodio más conocido de este tiempo la célebre fuga de 1938, en la que casi 800 presos consiguieron huir, aunque posteriormente fueron salvajemente cazados, muriendo asesinados más de 200 de ellos

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