miércoles, 7 de marzo de 2018

Casa Sancena [3ª parte]: "Trabajadoras invisibles"

La Ezkaba de marzo incluye dos artículos dentro de la sección de Historia: la entrevista al investigador rochapeano Ricardo Urrizola sobre su último libro, "Consejo de Guerra: Injusticia militar en Navarra, 1936-1940" (Txalaparta, 2017), y una nueva entrega sobre Casa Sancena, donde aprovechamos, en este contexto del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, para hacer una pequeña reflexión sobre el papel imprescindible que han desempeñado las mujeres para sacar adelante las economías familiares. Aquí tenéis, a tan sólo un clic, la revista de este mes:


Fundiciones Casa Sancena [III]

Trabajadoras

invisibles

Aurrera egingo zuten ekonomia familiar haiek emakumezko langileek etxean zein etxetik kanpo egindako lan itzelik gabe? Lan mundu ikusezin hori ekarriko dugu orrialde hauetara, gizartean zein lan merkatuan beran ikusezin [izan] diren emakumeen lan mundua.

Modistas trabajando en un taller, 1950.
Fotografía: Campúa.
Continuamos nuestro viaje a los talleres de Casa Sancena, una Fundición con siglo y medio de historia a sus espaldas, asentada en la vieja Arrotxapea durante casi siete décadas, junto a la rivera del viejo Runa y la entrañable Plaza Arriasko. Un viaje que empezamos en su día de la mano de Isma y los recuerdos sobre su aita, Fermín Zarranz, trabajador de la fundición durante más de tres décadas.
Junto a Oneca y Antigüedades Gastón se encontraba la puerta metálica azul para entrar en la Fundición. En aquel trozo de Joaquín Beunza se encontraban unas casa viejísimas, y a la derecha tenías el caminico para ir a lo que es ahora el Paseo Anelier. En la parte de atrás de la Fundición, que daba a la calleja de los toros, la empresa tenía unos terrenos y los cedía de huertas para los trabajadores. Mi padre tuvo ahí una huerta muchos años, desde ahí veíamos en Sanfermines el encierrillo.
Sabemos que van quedado muchas preguntas sin contestar, muchos aspectos de la vida personal y laboral de aquellos trabajadores que habremos de abordar en sucesivos viajes. En esta ocasión no vamos a traspasar la puerta metálica azul del taller. Como ya avisamos en la primera entrega, este viaje lo estamos haciendo sin prisas, sin miedo a pararnos siempre que lo consideremos pertinente. Si hace dos números aprovechamos la ocasión para hacer una breve reflexión sobre nuestro patrimonio industrial, ahora vamos a dar salida a una cuestión fundamental para comprender nuestra realidad más inmediata: ¿Podrían haber sobrevivido aquellas economías familiares sin el ingente esfuerzo realizado por las mujeres trabajadoras, tanto dentro como fuera del hogar? No podemos olvidar que hacerlo fuera no les eximía, en absoluto, de seguir trabajando en casa sin remuneración ni reconocimiento social alguno. En efecto, si miramos a nuestro alrededor, comprobaremos que, en algunos aspectos, no hemos avanzado tanto como pudiera parecer.

Economía sumergida
Hoy vamos a mirar hacia ese otro mundo laboral que, aunque invisible a la sociedad, fue auténtico sostén de aquellos trabajadores y sus respectivas unidades familiares. Invisible a la sociedad y al propio mercado laboral. Ya a comienzos del siglo XX, el economista Arthur Cecil Pigou (1877-1959) se interrogaba sobre la invisibilidad de la producción doméstica y el hecho de que no sea tenida en cuenta en la contabilidad nacional, naciendo de este modo la conocida como paradoja de Pigou, según la cuál, un hombre que se case con su asistenta contribuye a disminuir el PIB de su país, ya que el trabajo que antes realizaba la mujer a cambio de una remuneración, pasará ahora a ser realizado sin remuneración, no incluyéndose por tanto en el PIB, a pesar de ser el mismo trabajo. Este autor defendía la idea de una posible evaluación de estos servicios con el fin de establecer un indicador de bienestar, incluyendo de este modo en la contabilidad nacional una estimación de la utilidad social producida en las familias. Sin embargo esta idea pareció absurda a sus contemporáneos y las herramientas y medidas necesarias demasiado complejas de elaborar. Aquí tampoco parece que hayamos avanzado mucho, ¿verdad?
Estamos hablando, por tanto, de economía sumergida, de una forma de generar riquezas no contabilizada oficialmente. Como otras muchas actividades que han tenido un carácter tradicional en la actividad productiva de estas tierras. Fue el caso también de María Greve, nacida en Arrotxapea el 5 de octubre de 1934, en un viejo edificio de piedra de Santa Engracia hoy ya inexistente. A sus 83 años, María sigue teniéndo muy presente aquellas largas jornadas de trabajo, en casa y fuera de ella.
“Había que arrimar el hombro, eran sueldos bajos, y trabajaba siempre por las tardes. Siempre he trabajado en comercio, en el mercado de Santo Domingo estuve años vendiendo triquicallería, casquería que se le llama ahora. Cuando me casé dejé el mercado y, luego, cuando hizo falta, me puse a trabajar por horas a las tardes, preparando para gente que tenía puestos en el mercado, es decir, en una bajera, preparando morcillas, rellenos, txistorras... Aquella bajera estaba en la Mañueta, después nos fuimos a San Juan. He estado toda la vida trabajando sin contrato, todo trabajo negro, sin seguridad social”.
Así funciona la economía sumergida, reduciendo costes y redistribuyendo el excedente en favor del capital, pues éste queda exento de impuestos y cotizaciones sociales; además, los salarios son bastante más bajos, no regidos por contrato laboral. Sin olvidar que la economía sumergida no funciona como campo de aprendizaje, ni de capacitación, lo que significa muchas veces que el viaje hacia la economía sumergida suele ser un viaje sin retorno.
Este 8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadora, serán muchas las rochapeanas que pararán durante cuatro horas para dejar de ser invisibles, cuatro horas de paro en el tajo reglado, pero también cuatro horas de paro de cuidados, tareas realizadas mayoritariamente por ellas, ya sea el cuidados de hijas, hijos o familiares, como las tareas domésticas y las más variadas colaboraciones sin sueldo. Una estupenda manera de hacernos ver a toda la sociedad que, sin ellas, efectivamente, se para el mundo.

Texto: Patxi Abasolo López
Ezkaba aldizkaria, 253. zka., 2018eko martxoa



Fundiciones Sancena [2ª parte]: "Fermín Zarranz, una vida de trabajo"

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