lunes, 4 de junio de 2018

Nubes verdes en tiempos grises [1ª parte]: Eusko Bazterra y el talde de la Ikurriña

La revista Ezkaba (nº 156) llega puntual-puntual a su cita mensual, con sus 11.600 ejemplares, a todos los rincones de una Arrotxapea en ambiente pre-festivo. Este mes la sección de Historia ha viajado hasta los años 60 del pasado siglo, para recordar algunas de las "correrías" de juventud de Fausto Ruiz, miembro de una generación que, perdiendo el miedo a unos campos ensombrecidos a base de porra e incienso, supieron ser nubes de esperanza, también para quienes no hicieron sino esperar, en silencio, que cayeran algunas gotas de libertad.
Aquí tienes la revista, a tan sólo un clic:

Nubes verdes en tiempos grises [I]

Eusko Bazterra y el talde de la Ikurriña

Baziren hodei berdeak diktadura frankistaren urte ilun eta gris haietan. Itxaropena sortu zen, belaunaldi berri batek margotua. 1960. hamarkadan ametsak haragitzen aritu ziren Iruñeko gazte batzuk, horien artean Fausto Ruiz auzokidea, martxoan agur esan ziguna.


Miembros de Eusko Bazterra y del Club Donosti.
Fausto Ruiz, primero a la derecha, sentado.

    Yo no se lo que es el destino
    Caminando fui lo que fui
Allá dios, que será divino
      Yo me muero como viví.
               SilvioRodríguez

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En el otoño del año 2009 vio la luz “La Historia olvidada”1 de Jose Luis Díaz Monreal, una obra que nos acerca a la organización EGI (Euzko Gaztedi) en Navarra durante la década de los años sesenta. Como nos adelanta J.G. Charela en el Prólogo, este libro recuerda a los más viejos “sus correrías” frente al franquismo, mientras que a los más jóvenes va a ayudar a entender que muchos elementos que vivimos y sufrimos hoy, hunden sus raíces en aquellos oscuros años de dictadura, elementos que no supimos o no pudimos sacudirnos cuando llegó el momento. En esta ocasión vamos a recordar algunas de las “correrías” protagonizadas por Fausto Ruiz Benjumea, rochapeano que nos ha dejado recientemente, tal como vivió, sin renunciar a todos aquellos sueños de juventud.

Eusko Bazterra
En 1966, el PNV decidió dar un nuevo impulso a la organización juvenil EGI, que se encontraba muy debilitada, especialmente en Navarra, con el doble objetivo de atender las demandas de sus militantes más activos y, al mismo tiempo, frenar el constante trasvase de sus miembros a la organización independentista y socialista Euskadi ‘Ta Askatasuna.

José Antonio Urbiola fue el encargado de estructurar, organizar y relanzar EGI en Nafarroa. Para ello se consideró necesaria la creación de una asociación cultural legal. Ante la imposibilidad que las autoridades diesen el visto bueno a una asociación vasquista, optaron por crear una sección juvenil dentro de la Real Sociedad de los Amigos del País, que sería una realidad a finales de 1966 o principios de 1967.

Miembros de Eusko Bazterra
El éxito fue inmediato, confluyendo en el nuevo grupo numerosos jóvenes de colectivos y organizaciones culturales y montañeras plamplonesas, como las Juventudes de San Antonio, el Irrintzi, Mutiko-Alaiak, Oberena o el Club Deportivo Navarra. Todos ellos tenían en común el amor por su tierra y por la naturaleza.

El domingo 24 de septiembre de 1967, durante las fiestas de San Fermín Txikito, fue inaugurado el local de la Plazuela de San José, nº 3, junto a la calle Salsipuedes, muy cerca de la Catedral. En adelante, sus miembros organizarán toda clase de actos, conferencias, recitales y cursillos para difundir la cultura y el folklore vasco: danzas, canciones, historia, montañismo y, sobre todo, euskera. Todo ello en un ambiente marcado por la represión franquista, obsesionada por extirpar toda expresión de ideas vasquistas o que tuvieran que ver con cualquier clase de reivindicación en torno a los derechos del viejo pueblo vascón.

Eusko Bazterra llegó a tener en muy poco tiempo más de 200 socios, la mayoría de ellos con inquietudes políticas; algunos de ellos darían el paso hacia EGI y, con ello, a la realización de actividades clandestinas.

El talde de la ikurriña

A principios de 1967 existía ya un grupo que colaboraba pasando propaganda desde el otro lado de los Pirineos, realizando pintadas y colocando pegatinas con la ikurriña. El 26 de marzo se convocó el Aberri Eguna (Día de la Patria Vasca) en nuestra ciudad, por lo que esos jóvenes abertzales tuvieron que esforzarse a fondo en su organización, ayudando a romper el cerco policial que se cernía sobre la ciudad o lanzando unos cohetes sobre la Plaza del Castillo que, al estallar, soltaron unos paracaídas de los que pendían varias ikurriñas, para descorcierto y enfado de las fuerzas policiales presentes en el lugar. La jornada se saldó, según la prensa, con sesenta detenciones.

Poco a poco, las actividades de EGI experimentaron una reactivación significativa, fundamentalmente gracias a la llegada del liberado guipuzcoano Elías Santon, quien bajo la supervisión de Jose Antonio Urbiola y con la colaboración de Santiago Feliú, consiguió dotar a los militantes navarros de una mayor disciplina y efectividad. Lo primero que hizo fue reunir a quienes trabajaban en la clandestinidad sin apenas conexión entre ellos, como Erdozain, Idoate y el rochapeano Fausto Ruiz, grupo al que fueron incorporándose personas procedentes, por lo general, de Eusko Bazterra.

El 11 de noviembre de 1967, Elías Antón, Erdozain, Idoate, Barbería y Fausto se dirigieron al Pantano de Yesa con el objetivo de destruir la laureada que rodeaba el escudo de Navarra en los monolitos situados junto a los túneles. Al carecer de material apropiado para ello, llenaron el lugar de pintadas como “Gora Euskadi Askatuta!” y siguieron hasta el Valle del Roncal, adornando el camino con numerosas pintadas independentistas.

Elías y los miembros que Díaz Monreal denomina como “talde de las ikurriñas”, Idoate, Fausto Ruiz y Erdozain, decidieron colocar una ikurriña encima de una grúa que se encontraba en la calle Amaya, un lugar céntrico y relativamente cercano al Gobierno Civil. La dificultad residía, más que en su colocación, en pensar cómo hacer que durara el mayor tiempo posible. Para ello simularon un artefacto explosivo adherido a la ikurriña, con el consiguiente aviso: “Cuidado, no tocar, hay una bomba. EGI”. Era el 29 de noviembre, festividad de San Saturnino, patrón de la ciudad.

En la madrugada del primero de marzo de 1968 colocaron una ikurriña en una de las torres de la iglesia de San Miguel, donde a la mañana siguiente se celebraría una misa en honor del Ángel de la Guarda, patrono de la Policía Armada, con posterior desfile en la Plaza de la Cruz. Tras realizar la acción, recubrieron la cúpula de la torre con una capa de grasa para dificultar su retirada, y “regaron” la Plaza y sus alrededores con octavillas.

Durante las fiestas de la Txantrea derribaron el mástil en el que ondeaba la bandera de España en la Plaza Puente la Reina, y la víspera de la fiesta de los mendizales en Aralar colocaron una ikurriña gigante en la Peña Madelen. El 6 de julio, pocos minutos después del chupinazo, una ikurriña lanzada con mortero descendía en paracaídas sobre el gentío que abarrotaba la Plaza del Castillo; y, al día siguiente, tras dos laboriosas jornadas, otra gigantesta ikurriña apareció tendida entre las dos rocas del desfiladero de Irutzun, para rabia de una Guardia Civil incapaz de descolgarla. Finalmente, al anochecer, militares del Regimiento de Montaña lograron retirarla. Los jóvenes activistas, no obstante, eran muy conscientes que la policía andaba tras sus pasos.



Texto: Patxi Abasolo López

Revista Ezkaba, nº 156, junio de 2018

Fotografías: J.L. Monreal, La Historia Olvidada



1Jose Luis Díaz Monreal, La historia olvidada. EGI en Nafarroa durante la década de los años sesenta, Ahaztuak 1936-1977, 2009.

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