lunes, 2 de julio de 2018

Nubes verdes en tiempos grises [y II]: Agur a Eusko Bazterra y al talde de la Ikurriña


Kalean dugu ikasturte honetako azken Ezkaba, 257. zkaEn la sección de Historia de este mes hemos publicado la segunda y última entrega sobre el rochapeano Fausto Ruíz y sus correrías allá por la década de los años 60, y esa otra pequeña aventura protagonizada por Artemio De Goñi siguiendo los pasos de la fuga de Ezkaba en su 80 aniversario. Por si fuera poco, Javier Gartzia Lezaun ha querido compartir con nosotras sus recuerdos de niñez en la escuela Unzutxiki, el frontó Aldaz o el cine Amaya, entonces situado en la avenida Marcelo Celayeta. Si quieres leer la revista, no tienes más que hacer un clic más abajo. Uda on izan!

Nubes verdes en tiempos grises [y II]

Agur a Eusko Bazterra y al talde de la Ikurriña

Fausto Ruiz arrotxapearrak, Ikurriñaren taldeko kideekin batera, zorigaiztoko bidaia egin behar izan zuen: Goardia Zibilaren polizia-etxean hasi, Iruñeko zein Carabancheleko espetxeetatik pasatu, eta Jaengoan bukatu. Aurrerantzean, dena aldatuko zen.

Beti dago itxaropenezko hodei berderik, pentsatu
zuen Mikelek, eta etsipenezko zelai beltzik.

J. Alonso, Hodei Berdeak1

1968 fue un año de gran actividad para el “talde de las ikurriñas” de EGI: colocación de insignias independentistas, reparto de propaganda, pegatinas, pasos de frontera y comunicados en la imprenta clandestina. Siendo conscientes que la policía andaba tras sus pasos, decidieron que, tras colocar una gran ikurriña en el sierra de Urbasa, dejarían de realizar más acciones durante un tiempo.

Detenciones y torturas
Miembros de Eusko Bazterra en S. Miguel de Aralar
(En primer plano, Fausto)
Fotografía: Marijose Jaso
La víspera del 25 de julio, por la noche, Elías Antón, Idoate y el rochapeano Fausto Ruiz colocaron la ikurriña en Urbasa, pero fueron detenidos cuando regresaban al coche. Ante las preguntas de la policía, no se les ocurrió otra cosa que decir que estaban cazando lechuzas. Poco convincente, evidentemente, pues acto seguido fueron trasladados al cuartelillo de Olazti, donde iniciaron su viaje al infierno. A la mañana siguiente fueron trasladados a las dependencias de la Guardia Civil en la capital navarra, donde continuaron los interrogatorios y torturas, con constantes golpes, insultos y amenazas. Posteriormente fueron detenidos Juan Mari Feliú, Miguel Ángel Erdozain y Juan Antonio Barbería, aunque este último fue puesto finalmente en libertad. El Tribunal de Orden Público ordenó el ingreso de los cinco militantes en la cárcel de Pamplona.
La aparición de ETA y la atracción que ejercía a unos jóvenes abertzales deseosos de hacer, llevó a una radicalización del propio PNV, quien llegó a manifestar en una de sus publicaciones que “no renunciaremos a la violencia”. De hecho, unos meses antes, en mayo, había tenido lugar la acción más espectacular y la de mayor repercusión, también a nivel internacional: el sabotaje contra la Vuelta Ciclista. En esta ocasión, serían Asurmendi y Artajo quienes acompañarían a Elías Antón para llevarla a cabo. A las cinco menos diez de la tarde, en el kilómetro 62 de la etapa Vitoria-Pamplona, un artefacto explosivo levantó la carretera en plena bajada del Puerto de Urbasa. La etapa sería suspendida posteriormente.

Agur a Eusko Bazterra
A finales de 1968, mientras los jóvenes de EGI permanecían en la cárcel de Pamplona, el Presidente de la Real Sociedad de Amigos del País, José Estornes Lasa, dio de baja en el registro de asociaciones del Gobierno Civil a Eusko Bazterra. El PNV no dudó en cortar las alas a su juventud más activista. La conmoción entre los socios de Eusko Bazterra y los diferentes círculos abertzales navarros fue enorme. Sumándose a las protestas, los detenidos en la cárcel de Pamplona redactaron una dura carta de condena, con graves acusaciones a los directivos de los Amigos del País. No obstante, la desaparición de Eusko Bazterra era ya un hecho, tras una existencia que no había llegado a los dos años, pero que había conseguido reunir cerca de 250 socios y socias. Pese al silencio posterior en torno a esa decisión, lo cierto es que la desaparición de Eusko Bazterra supuso un gran golpe a las distintas expresiones de la cultura vasca, así como el fin de la cantera que nutría a militantes de Eusko Gaztedi de Navarra.

De Pamplona a Carabanchel
Fausto Ruiz y el resto de militantes detenidos en Urbasa estuvieron presos en Pamplona hasta el día 4 de enero de 1969, que fueron trasladados a la cárcel de Carabanchel (Madrid) para ser juzgados en el TOP. El juicio tuvo lugar el 17 de enero, donde el fiscal acusó a los cinco procesados de dos delitos: propaganda ilegal y asociación ilícita. Las penas finales variaron entre los cuatro años y ocho meses, y cinco meses de arresto; y multas de hasta 45.000 pesetas. Fausto, al no tener agravantes, fue condenado a un año y once meses de cárcel, y multa de 30.000 pesetas.
A la espera de la notificación de las sentencias, los cinco detenidos se vieron involucrados en un motín en protesta por la connivencia de la policía con las autoridades carcelarias, llevando a cabo excarcelamientos para que los presos sean sometidos a nuevos interrogatorios. Pese al castigo de 40 días de encierro en celdas de castigo por haber participado en las protestas, Fausto, Idoate y Elías Anton lo cumplieron en sus celdas, pues no había suficiente sitio en el sótano para todos los amotinados. Finalmente Fausto y Erdozain fueron enviados a la cárcel de Jaen, y Elías e Idoate a Soria.
Fausto, preparando una comida popular
Fotografía: Marijose Jaso
La caída del grupo supuso un duro golpe para la organización EGI de Navarra, quien no realizaría acciones de importancia durante la segunda mitad de 1968. Tan sólo quedaban dos militantes con experiencia, Alberto Asurmendi y Jokin Artajo, siendo más que probable que Jokin estuviese ya militando en ETA. Con la llegada de 1969, la dirección de EGI se planteó la necesidad de realizar una serie de acciones con explosivos, pero el 17 de abril de 1969 la prensa despertó con una noticia que produjo gran conmoción: el día anterior, en una carretera del valle de Ulzama, habían fallecido dos jóvenes, Asurmendi y Artajo, al estallarles el artefacto que supuestamente manipulaban en el interior de un vehículo. Como consecuencia de la respuesta policial, el grupo de EGI quedaría totalmente desarticulado, y la organización abertzale no volvería a verse implicada en ningún acto de lucha armada. La actividad de EGI en Navarra decayó hasta prácticamente su desaparición. Los pocos militantes que quedaron bajo disciplina jeltzale se limitarían a labores de propaganda. Mientras, los jóvenes que estaban pidiendo una mayor radicalización de las acciones, terminarían por entrar en ETA o participando en el rico tejido asociativo que iría tejiéndose en torno al Movimiento de Liberación Nacional Vasco.
Finalmente, el rochapeano Fausto Ruiz saldría de la cárcel de Jaén el 24 de junio de 1970, aunque la vuelta al barrio no fuese para quedarse, pues poco después sería llamado a cumplir el servicio militar en un batallón de castigo en Burgos.
Dejando ya aquellos años, me gustaría mencionar algunas de las correrías que Fausto protagonizó durante sus últimos años, como la valentía de dejar a las nuevas generaciones soñar con lo que también él soñó desde muy joven (ederra 2013ko bizardunen ekintza, ezta?), aún sabiendo que nubes verdes de esperanza y campos negros de desesperación siempre van de la mano; las txapelas conseguidas a base de enbido, eduki y hordago; o utilizar la mantala como arma culinaria a favor del euskera, en solidaridad con quienes seguían dentro, y por una y mil apuestas de los movimientos populares de esa Arrotxapea consciente de sí misma. Mila esker, Fausto, bihotzez!.

Texto: Patxi Abasolo López
Revista Ezkaba, nº 257, julio de 2018
Fotografías: Marijose Jaso


1Jon Alonso, Hodei Berdeak, Susa, 2003, 38. or.


Nubes verdes en tiempos grises [1º parte]:


No hay comentarios: