lunes, 30 de enero de 2012

Hausnartzen/Reflexionando/Réfléchissant



Pisos de arriba y pisos de abajo


   En lenta y complicada ceremonia, vaivén de discursos, entrega de emblemas, intercambio de ofrendas, los príncipes hindúes se convertían en caballeros ingleses y juraban obediencia  la reina Victoria. Príncipes vasallos: el trueque de regalos era, según un embajador de Su Majestad, un canje de sobornos por tributos.
   Los numerosos príncipes moraban en la cumbre. El poder colonial reproducía, en versión perfeccionada, la pirámide del sistema de castas.
   El imperio no necesitaban dividir para reinar. Las fronteras sociales, raciales y culturales venían regaladas por la historia y sacralizadas por la herencia.
   Desde 1872, los censos británicos clasificaron a la población de la India de acuerdos con las castas. El orden extranjero no sólo confirmó, así, la legitimidad de esta tradición nacional, sino que además la usó para organizar una sociedad aún más estratificada y más rígida. Ningún policía podía imaginar nada mejor para controlar la función y el destino de cada persona. El imperio codificó esas jerarquías y esas servidumbres, y prohibió que nadie se moviera de su sitio.


Eduardo Galeano, Espejos. Una Historia casi universal, s. XXI, 2008

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